Ven a jugar conmigo

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La suciedad no conmueve al asfalto

la luna se empeña en reflejarse en los charcos

Nos convirtieron en clandestinos

nos dijeron que ya no valíamos

lo hicieron con buenas palabras

nos convencieron.

Eramos hijos de otra época

ninguno de nuestros valores

los quería nadie ya.

Entender el mundo como lo hacíamos

no solo era equivocado era peligroso.

“Eso no vende”, “eso no gusta” nos decían

Y cambiamos nuestras palabras

y casi nos olvidamos de quienes eramos

y por un momento no fuimos quienes somos

Pero hoy es nuestro día

todavía somos capaces de encontrarnos

vemos las señales en el agua y en el fuego

y sabemos leer nuestra posición en las estrellas.

Son debiles, somos mejores

“no podéis jugar a eso”

“no os creeremos”

pero ellos beben de la moda

Todavía hay sangre joven en nuestras venas,

y a pesar del frio que quiebra nuestros dedos

todavía podemos mover

las fichas sobre los hexagonos.

Ven a jugar conmigo.

De la Agudeza Visual

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Hay una serie de juegos que gozan del beneplácito general, son esos juegos pequeños, que se explican en un par de minutos y se tarda diez en jugarlos. Son los que se suele recomendar para jugar con aquellos que tienen alergias o prejuicios o desconocimiento del mundo de los juegos de mesa. Habituales protagonistas de ferias, sirven para deslumbrar a los desprevenidos sin más artificio que dedicar unos momentos al juego. No están mal pero no son pequeños grandes juegos.

Son los juegos de agudeza visual, hay un gran número de ellos, del Dobble al Fantasma Blitz, pasando por el Pick a Perro o el Jungle Speed. Con ligeras variantes pero todos coinciden en que los reflejos visuales y la competitividad son clave del éxito.

Foto Mikko Saari (BGG)

Efectivamente, son juegos donde todo el mundo puede competir con cualquiera con opciones de victoria.  El error y el acierto no dependen de la edad de la profundidad de análisis sino de algo tan común en los humanos como la agudeza visual y la rapidez de reflejos. Agarrar el totem, coger el objeto  o la carta del centro de la mesa es una actividad placentera. Y equivocarse puede provocar la sonrisa.

De en toda esa pléyade de pequeños y vistosos juegos yo con los que más disfruto son el Fantasma Blitz y el Pick a Perro (o cerdo). Me gusta del fantasma ese componente de discriminar que se añade a nuestro pensamiento visual y del coger perros (o cerdos) la simultaneidad entre los jugadores a la hora de coger cartas que va más allá de ser el más rápido en coger una sola carta.

Son juegos con los que disfruto una par de partidas, y ya está. En todos estos juegos les acaba pasando factura lo prodigioso que es nuestro cerebro humano. Tres, cuatro, cinco  partidas, dependerá de cada uno, pero acabaremos jugando en modo automático, y cuando ocurra eso la diversión, y con ella eljuego, estará agotada. Nuestro cerebro aprenderá a ver sin necesidad de que hagamos esfuerzo alguno en discriminar, o en interpretar lo que tenemos delante. Puede decir que la actividad es placentera si lo que buscamos es el mínimo esfuerzo, pero frustrante si lo que buscamos es una mínima decisión, por supuesto de la narrativa en estos juegos ni hablamos.

No voy a discutir que estos juegos son un excelente regalo, yo he surtido a unos cuantos conocidos con estos juegos, conocidos que no tenían ningún interés en profundizar en los juegos de mesa. Y como regalo para sorprender funcionan. También yo los he usado como reclamo para atraer público a unas mesas que de otra manera habrían sido rechazadas.

Foto Jon Bell (BGG)

Lo que me fastidia, es encontrar comentarios de que estos juegos hacen más inteligentes, que hacen funcionar las neuronas; “que listo” “hay que ver que cabeza tiene” son comentarios que suele escuchar de satisfechos padres cuando su hijo gana. No, su hijo gana porque tiene la cabeza más fresca que nosotros, y no serán esos juegos los que le ayuden a mantenerla fresca. Insisto que es muy fácil llegar al piloto automático, no hay ningún reto intelectual, ningún acto de creación mental. Casi me parecen un arco reflejo.  Ok no me parece mal tener a punto los reflejos, pero no me parece que case con lo que se pretende vender con los juegos, aquellos de la toma de decisiones, la creatividad, el calculo, y todas esas cosas que nuestra cabeza puede llegar a hacer.

Foto Miguel (BGG)

Y por supuesto, y en ningún caso, creo que estos juegos sean la pretendida llave para acercarse al mundo de los juegos de mesa. Ninguno de estos juegos se distingue por la pausa, más bien entroncan con la inmediatez. Tiempos cortos y simultaneidad e acciones caracterizan a estos juegos, que no se diga que se desperdicia ni un solo segundo. Pero, y a pesar de que cada vez este más desprestigiada en el propio mundo de los juegos de mesa, la pausa es necesaria. La pausa para que cada jugador se tome su tiempo en realizar su jugada. Y la cortesía en esperar a que el rival lo haga. Pero esperar ya no se lleva. Y estos juegos, los de agudeza visual, no la trabajan. Así que no me extrañaría que quien abuse de estos juegos acabe pensando que jugar es un coñazo si supone pensar y esperar a que piense el otro.

En definitiva, juegos para disfrutar lo poco que tarde nuestra cabeza en alcanzar la maestría. Luego llegara otro que nos rompa los esquemas, tampoco son tan caros. Y es divertido.

Las reseñas perfectas

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Se debate en la red sobre las reseñas, probablemente a partir de algún episodio que poco tenga que ver con una reseña. Y en general percibo la sensación de que no es posible reseñar un juego hasta que se han jugado varias partidas. Tiene su lógica no lo niego, pero me parece que se escapa de la naturaleza de lo que es una reseña.

Me da la impresión que se le pide a una reseña que sea perfecta, que sea la reseña definitiva, que sepa ver todos y cada uno de los aspectos que cubre el juego, se le pide en definitiva que sea un estudio pormenorizado, y probablemente esto sea sin subjetividad y función crítica alguna.

Habrá que volver a insistir, una reseña no estudio, es una aproximación crítica y breve. Un ejercicio de síntesis y comprensión. Está claro que todos no sabemos sintetizar ni mucho menos comprender de la misma manera.

Pero no está lejos de imaginación que haya quien sea capaz de reseñar un juego, cualquier juego tras una sola partida. También sé muy bien que la mayoría no somos capaces de hacerlo. Muchos de los juegos a los que juego me exigen partidas de aprendizaje, no sé puede decir hasta la tercera o cuarta partida que realmente he jugado “una” partida.

Con todo que el común de los mortales seamos unos incapaces no debe cuestionar que un reseñador sea capaz de hacerlo. La reseña no es sólo un bonito nombre, también tiene unas pautas que cumplir. Y esas pautas exigen el conocimiento de lo que se reseña. Se puede ser todo lo gratuito que se quiera, con una o con veinte partidas, pero no será una reseña.

Hay quien pide que una reseña debiera contener el numero de partidas, supongo que para satisfacer los prejuicios del lector. Pero el lector debiera saber que dice mucho más lo que contiene la propia reseña que el número de partidas que se hayan jugado, de verdad que no cuesta nada suponer que se pueden leer malas reseñas con cientos de partidas y buenas reseñas con tan solo una en el bagaje.

Vuelvo a insistir que comprender un juego es la clave, y un ojo acostumbrado puede no tardar tanto como se espera.

Comprender un juego y hablar de él, aproximarse a él. Despertar un dialogo con lector a través de el juego. Y un dialogo crítico, que no es poca la cosa. Insistir en que una reseña debe ser exhaustiva, que debe contener todos los matices menores que tiene un juego no es su función. Más bien lo contrario, se me antoja que cuanto más exhaustiva más se desactiva su finalidad. A veces me parece que se llega a pedir ponerse en el lugar de mi tío abuelo Remigio, ese al que le gusta todo.

No, una reseña no es el dialogo entre el juego y todos su publico potencial, esa cosa que la haga el autor y el editor. Una reseña es exclusivamente el dialogo entre el reseñador y el juego. Es al reseñador al que le compete destacar tal o cual aspecto del juego.

Por último el lector debe comprender que cuando va a leer una reseña, va a leer una opinión fundamentada, no va a leer la palabra revelada sobre tal o juego. Ninguna reseña sustituye el criterio propio, pero si que lo enriquece. Hay muchos reseñadores que aciertan a ver cosas que nos pasan desapercibidas, pero no se le debe exigir esa perfectibilidad. Un ejemplo; el año 2006 o 2005 salió la primera edición del Twilight Struggle. Un buen reseñador con tan solo una partida habría dado cuenta de los principales puntos del juego. Seguro que hablaba para bien o para mal de la angustia de la gestión del mazo, del azar que en determinadas circunstancias podía tener consecuencias fulminantes, no hacen falta miles de partidas. Probablemente no caería en cuenta con tan solo una partida de la ventaja del jugador soviético que se ha ido corrigiendo en sucesivas ediciones. Pero aún omitiendo eso, no me cabe duda que se podría haber reseñado el juego con una sola partida. Reseñar no es fácil, por eso hay quienes necesitamos varias partidas, pero el objetivo no es otro que dialogar con un juego, y como con un libro no hacen falta más partidas que las que crea necesarias el que este dispuesto a hablar con el juego. No le pidas otra cosa que un dialogo.

10 años no son nada.

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En el año 2006 la humanidad seguía dandose cabezazos

Corría el año 2006, allá por el 8 de febrero me registré en la Board Game Geek, un poco más tarde, el 8 de julio lo hacía en la bsk. Entre medias una curiosa y afortunada coincidencia me convirtió en el primer cliente online de la hoy ya desaparecida La Pcra, un paths of glory debió ser lo primero que vendió Pol Cors. Poco después me hacía con Triumph of Chaos, este a través de Masqueoca. Eran los tiempos en que todo comenzaba o esa impresión me daba. Y yo me aficionaba a la red y daba la lata como solo los más pesados pueden hacerlo.

Desde entonces han pasado muchas cosas en esto de los juegos de mesa, sin ir más lejos hoy mismo comienza la décima edición de la feria de granollers. La primera, en mayo del 2007, sirvió para lo que se conoce como “poner caras” a todos esos que me aguantaban en aquel entonces en la bsk. Wkr, Netello, Forofo, Xina y Eduvidal, Melo, Pensator y Nikita,etc, etc. Fue un momento feliz aquella feria, todavía se puede ver alguna foto en el blog de Paco Gurney Baladas para un meeple. Un blog que lleva ya mucho tiempo olvidado, ahora gurney es un podcaster de exito. En todo este tiempo han aparecido y desaparecido muchos blogs. Y han llegado los podcasts y los canales de youtube. Y en todo este tiempo han aparecido cientos, quizá miles de juegos. Juegos muy buenos, buenos y regulares y siempre cada año mejor producidos. Cordoba es una referencia, ha surgido DAU Barcelona y otros como Jesta, Zona Lúdica.

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Así se veía la bsk hace 10 años

Ahora Devir edita de vez en cuando algun GMT en castellano, Asmodee es una multinacional y EDGE tiene un catalogo que quita el hipo. Pero también surgió Homoludicus, ya absorvida por Devir. Y másqueoca ya no es sólo una tienda, tiene un catalogo selecto. Como Zacatrus, otra tienda que apareció online, y que ya es también tienda física y editorial. Pero hay más, bastantes más Asylum, GDM, Primigenio, Darbel, Ludonova, Mont Taber, Abba Games y alguna más que seguro que me dejo. También estos diez años vieron nacer esa fantástica tienda de BCN y homónima con la feria JugarxJugar.

Editoriales, tiendas, medios pero sobre todo lo que ha crecido es el número de juegos y jugadores, o esa impresión creo que tenemos casi todos. 10 años de crecimiento que en su mayoría ha sido aprovechado para más que entrar en una edad de oro en un periodo de madurez.

Una madurez que no todos han conseguido, yo, cascarrabias e histérico donde los haya, he tenido en estos 10 años oportunidad de borrarme y registrarme en la bsk, ni sé ya las veces ¿4? ¿5? de tener temporadas de jugar mucho o muchísimo o de tener largas travesías en el desierto donde no veía más que en fotos los preciosos tableros. Ahora mis lugares habituales de jugar y de dar la matraca son otros, Queimada te echo de menos, y mis interlocutores son ahora una mezcla de nuevos y viejos conocidos. Todavía hay quien me aguanta, se merecen el cielo.

Pues sí han cambiado mucho los juegos, y la sociedad en la que vivimos, y supongo que nosotros también hemos cambiado en 10 años. Y sin embargo yo me siento tan idiota como hace diez o hace veinte años. No sé que demontres hago con mi vida que no consigo hacerme más sabio con el tiempo. ¿No decían que el diablo sabe más por viejo que por diablo? ¿o será que ni mucho menos soy gran reserva si no más bien como la sidra, producto de temporada que tiene su gracia en su momento y nada más?

O producto de temporada como el Pandemic Legacy, el actual número 1 de la BGG. En el 2006 lo era el Puerto Rico, después llegó el Agricola, al que le siguió el Twilight Struggle, el último antes del usurpador de ahora.

Ay, ahora, los juegos publicados son cada vez más, cada vez cuesta más abarcarlos o saber de todos, de tener un genuino interés por un determinado título. Y no lo digo porque no se merezcan ese genuino interés.

Y yo sigo sin saber hablar de ellos, de los juegos. Se sigue escapando de mi la manera de llegar a ellos. La cara norte del Eiger, ese abismo infinito que cantaba un grupo de pop rock bilbaíno.

Pero lo que yo quería es hablar de primera novia, perdón, de ese juego que te enamora y le quieres más que a ningún otro y para siempre a pesar de sus evidentes defectos. Triumph of Chaos apareció a finales de 2005, pero yo no lo tuve hasta más o menos estas fechas del año 2006. Osea 10 años, y otra vez siento los escalofríos del paso del tiempo.

Parece ayer cuando lo llevaba a la fábrica donde en aquel entonces trabajaba. Como quería, como deseaba que mis compañeros se emocionaran con las historias de eseristas, de bolcheviques, de blancos, de anarquistas, o de los checoslovacos atrapados a miles de kilómetros en una guerra que no era la suya. Desplegaba el tablero en el comedor, enseñaba la carta de algun personaje e intentaba amenazar con ilustrar la comida con su historia . Nunca tuve sentido de la oportunidad.

La cuestión es que el Triumph of Chaos va a ser reeditado, en versión deluxe, más grande, más caro y espero que mejor. Son muchas las cosas que son mejorables. Lo miro desde la distancia, con interés, pero es tan caro… y yo tengo diez años más, y la primera edición, pero ya he dicho que en mi caso eso no vale nada y acabe comprando un juego de más de cien euros para jugarlo via vassal y similares.

 

Cuando un juego no me gusta…

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… ¿a quién demonios le importa?

Contaba Pero Grullo que cada persona con el gusto, como con el culo, todo el mundo tiene uno. Esta verdad revelada por el gran sabio a la humanidad hace ya tanto tiempo no deja de volver a descubrirse todos los días, “para gustos los colores” “a mi me gusta” y tantas frases que no hacen si no demostrar la intuición genial del gran filósofo.

Entonces, teniendo cada uno un gusto propio, y por supuesto el mejor de los gustos. ¿para que hablar de lo que gusta o que deja de gustar? ¿para qué perder el tiempo en semejante pasatiempo?

Bueno somos humanos, y tendemos a estar satisfechos de nosotros mismos, y el gusto no deja de ser una proyección construida hacía los demás. Procuramos definirnos por lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Hablar de esos objetos que forman parte de nuestro gusto es hablar de nosotros mismos, tiene bastante de narcisismo y probablemente en el contexto adecuado hasta resulte divertido.

Y luego está la red. Ese lugar de nos conectamos y somos multitud. Allí la cuestión del gusto se multiplica por mil. Se buscan adhesiones o rechazos al propio gusto o al gusto ajeno en un vano afán de descubrirse a si mismo. Se habla más de los preceptores del gusto que de los propios objetos del gusto.

Me explico, basta con solventar con cuatro lineas plagadas de invectivas crueles, o un lúgubre martillazo. Y así se fija la linea. De una parte los escandalizados, de otra los partidarios afines. No hay nada peor que ver como arremeten contra nuestra juego favorito, no hay nada mejor que ver como cargan contra ese juego tan detestado e incomprensiblemente valorado. Da igual que la crítica sea pueril, sea insignificante o cualquier otra cosa mala. Lo que se trata al final es de ver en que lado nos encontramos, si a favor o en contra.

Nos gusta la manera grosera y tremendista de entender todo en la red, en una trinchera, a un lado u a otro. Da igual que sea la patria, la política, el cine, el fútbol, se trata de ser un hooligan, de un bando o de otro, pero un un tipo al que solo le importa saber que siempre está en lado correcto.

Pero ¿realmente tiene algún interés esa manera de hacer las cosas? ¿de verdad resulta convincente un discurso apresurado que no sale del a mi me gusta/no me gusta? Claro que entiendo el relativismo que suele acompañar esas critica, que si depende del grupo de juego, que si depende de si me he levantado con la pierna izquierda, que si depende de la presión barométrica. Entender un juego no depende de nada de eso y por lo tanto gustarte no depende de nada de eso. Un ejercicio más inteligente sería decir donde reside el juego, su supuesta diversión y solamente una vez entendido eso atrevernos con los juicios rotundos. Y quizá ni siquiera entonces.

De todos modos, hablar de lo que nos gusta y lo que no nos gusta debiera estar mejor valorado, ya que hablamos de nosotros mismos es mejor demostrar verdadero ingenio, ya no solo mostrando respeto por los posibles interlocutores, si no deslumbrándolos, mostrando que, efectivamente, el propio gusto, para lo bueno o para lo malo, saca lo mejor de mi.

Por qué también se puede hacer bien o mal las cosas hablando de juegos de mesa. Incluso de la manera más exagerada; todavía recuerdo el vídeo de Chema Pamundi donde utilizaba la caja de La Brújula Dorada para llevar su tortilla para Ayudar Jugando. Ahí sí resultaba convincente la critica, sin palabras y sin más aspaviento que la apremiante necesidad de transporte tortillero. Lo otro, enumerar sin gracia y repetidamente que un juego a mi no me gusta, o a mi me gusta por que yo lo valgo, carece de interés.

El gusto lúdico y el azucar

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Cuando era jovenzuelo solía frecuentar la casa familiar de una buena amiga, era un lugar de reunión de propios y extraños. Siempre que pasan por allí había gente. Y no era raro coincidir con extranjeros, sobre todo ingleses y alemanes. Enclavada en un pequeño valle de Muxika, el hogar respiraba hospitalidad y también cosmopolitismo.

Como me chocaba ver las costumbres de aquellos barbaros ¿ketchup a las lentejas? Y peor aún ¿azúcar al vino? ¿pero estos son los que nos civilizan?

Con el tiempo he aprendido a perdonarles, a entender que no era culpa suya, que el gusto no es solo propio, que si bien nacemos con el, la costumbre termina moldeandolo. Ya no pienso que más arriba de los Pirineos las papilas gustativas se han atrofiado, aunque quizá piense que se han atrofiado en todas partes; leo por aquí y por allá que la diabetes está aumentando vertiginosamente, y que una de las causas es el exceso de azucar en nuestras dietas. Y sin embargo quien renuncia al azucar, ya no echamos azucar al yogur si no yogur al azucar, ya no sabemos identificar como placentero lo que no sea dulce. El vino, el marisco, el pescado, todos con sus sabores tan particulares y tan ricos en matices cada vez más relegados. Lo veo en las calles, en las tabernas. Todavía se bebe vino, es cierto, pero si lo comparo al consumo de cerveza… Los txikiteros son una especie en extinción, los pocos que quedan se encuentran con que el medico les ha recetado mosto ¡dulce!.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los juegos de mesa? Ocurre que a veces me da por pensar que si no está ocurriendo lo mismo que ocurre con el azucar. Que si no estamos siendo victimas de un azucaramiento en el mercado. Me da por pensar que domina el juego fácil, el que se decora como un postre y se devora en un santiamén porque apela a nuestros apetitos primarios. Me da por pensar que me está diciendo “juega a esto, que no tienes tiempo, que no es exigente, que es muy bonito, y se te aburres a la segunda partida, no te cortes, te compras otro”

Probablemente abusar de la reposteria sea un factor de esos para la aparición de diabetes. ¿nos volveremos todos diabeticos ludicos? Jugando a tanto juego azucarado ¿nos alejaremos definitivamente de los juegos que exigen dedicación, esfuerzo? ¿serán nuestros cerebros incapaces de procesar correctamente la información lúdica? ¿necesitaremos en nuestras vidas ludolina?

Sigo pensando que el gusto ludico se educa; nacemos con él pero lo educamos nosotros, también las personas en quien confiamos en su criterio pero también la sociedad y la industria. Y acabaremos jugando a lo que nos gusta, por supuesto, de eso se trata. De que nos quede claro que es lo que nos gusta, de que rechazemos cualquier otra propuesta que no sea nuestro propio gusto, de que no pensemos ni por un momento que eso de echar azucar al vino es como poco raro.

Hoy el vino es casi territorio de sibaritas y snobs, y temo que otra manera de entender el juego, aquella que aprecies en el algo más que un parco “divertirse” “echarse unas risas” se acabe catalogando como sibarita y snob. Ya veremos, quizá es que aunque lo deteste soy un sibarita y un snob.

No es el juego, eres tú.

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De un tiempo a esta parte llevo leyendo mantras en el mundo de los juegos de mesa del tipo “No existe juego malo” “todo juego tiene su grupo, lugar y momento” La idea que se traslada es que, efectivamente, no hay juego malo que tal apreciación es un acto subjetivo en cierta manera irresponsable.

También leo a cierto agudo comentarista de las redes apuntar a una cierta tendencia en los reseñadores más habituales a mostrarse insatisfechos con sus ultimas experiencias. Se preguntaba si tal cosa no sería debido a un bagaje lúdico que suponía no sé muy bien si una perdida de la inocencia o el establecimiento de odiosas comparaciones.

Este mismo comentarista, @vilvoh, apuntaba al hecho de que no existe juego objetivamente malo. No le falta razón; Si nos preguntan por un juego objetivamente malo, creo que buscaríamos imediatamente un juego que causara el rechazo en la mayoría de la comunidad. No me extrañaría que nos decantáramos por juegos franquicia del tipo de los que hacen Justin Bieber o de los que de cuando en cuando obsequia la prensa deportiva. No haber jugado nunca al Barça Trivia o al Justin Bieber Alway Be Mine no creo que suponga ningún debe en lo certero y apropiado de la eleccion de juegos malos. Pero claro, no dejan de ser excreciones del marketing, que tienen mucho más que ver con el mundo que los propicia que con los juegos de mesa.

Lo pienso fríamente y estoy dispuesto a aceptar que objetivamente no existe el juego malo, ni siquiera lo es el Talisman. Lo que ocurre es que no existe el jugador objetivo. Esto es, el jugador neutro de sonrisa transparente que juega todo lo que se ponga delante sin ser capaz de contextualizarlo ni de disfrutarlo ni sufrirlo.

Y sin embargo, y a pesar de todo, sigo pensando que cada cual debe dar su opinión sobre cualquier juego, que es una perdida de tiempo inutil pararse a pensar en cosas como que “mi grupo de juego no es el correcto” o “todos los juegos son güenos”. Imposible, estamos en el terreno de los artefactos culturales, me he comparado entradas para el cine, libros y exposiciones que han resultado experiencias desalentadoras, soporíferas e incluso enervantes. No veo ningún motivo para que la industria de los juegos de mesa este tocada por una varita y cualquier cosa que aparezca en el mercado se merezca una consideración que no va en mi experiencia con el propio juego. Ya sé que es industria del entretenimiento pero exactamente igual ocurre con el cine o la literatura. Y no sé porque precisamente en la sociedad del ocio y del entretenimiento hemos de pasar por conformistas.

“La culpa no es del juego es tuya” es el mensaje en ultima instancia, el hecho de no estar a la altura del juego, de no haberlo sabido descifrar, cada vez es más habitual. Y, oh paradoja, cada vez lo escucho más en los juegos más idiotas. En principio podía parecer que tal cosa debería ser escuchada en la parte más snob de la afición, aquella que presume de jugar de los llamados juegos duros. Sin embargo está ocurriendo lo contrario, que precisamente se apela a esa condición de inaccesible con los juegos chorras. Ya no sólo es que cada cual disfrute con lo que quiera y pueda, que estoy muy de acuerdo, es que los juegos que menos ofrecen son los que se hacen pasar como los más exclusivos.

Lo siento pero si para jugar a un juego y ver lo bueno que es necesito tener un chistoso que hace gracias sentado enfrente vaya mierda de juego. Si la diversión consiste exclusivamente en su factor más estentóreo, la carcajada, yo me bajo. Me voy al circo a ver a los payasos, o al teatro, o que se yo. El chiste, que no el humor, abunda en esta sociedad, no lo busco en los juegos porque no lo echo de menos.

Hay juego malos, juegos peores, juegos reguleros, buenos juegos y juegos excepcionales. Hay generos y subgeneros. Hay calidad y no tanta calidad. Y sobre todo cada uno de nosotros tiene su propio gusto. Un gusto que no es mejor ni peor en términos éticos o morales. Que hay es donde entraría con cierto sentido lo de bueno y malo. Un gusto que se trabaja o que se conforma con lo que vino de nacimiento, allá cada cual. Algún día aprenderemos a aceptar que ese juego que tanto nos gusta es malo, y ese que odiamos es bueno. Ese día sabremos que no somos perfectos y nuestro gusto tampoco y por lo tanto renunciemos a el a la hora de medir un juego.