La marcha de hielo

Guardias blancos: nudo gordiano

Del valor ruso.

Guardias blancos: setas blancas

Del folklore ruso.

Guardias blancos: estrellas blancas,

Que no pueden recibir la oposición del cielo.

Guardias blancos: negros clavos

En las costillas del Anticristo.

“Guardias Blancos” Marina Tsvetaieva. 27 de julio de 1918.

La Marcha del Hielo.

Después de la toma del poder por los bolcheviques el 25 de Octubre de 1917 (todas las fechas son del calendario gregoriano), y la casi completa desintegración, para aquel entonces, del ejercito ruso, estaba claro que no había ninguna fuerza real que pudiera enfrentarse a la destrucción del Imperio Ruso y su aparato estatal.

El ex Comandante en Jefe supremo del ejército ruso, el almirante Alexeev viendo la situación desesperada en que se encontraba en Petrogrado (Leningrado), el 2 de noviembre de 1917 llegó a la región del Don, a la ciudad de Novocherkassk acompañado por su edecán, y el mismo día comenzó con la organización de una nueva fuerza militar cuyo destino fue convertirse en el ejército de voluntarios y, más tarde, en la Fuerza Armadas del Sur de Rusia (БСЮР).

Se inició una búsqueda febril de lo que necesitaba cualquier ejército. El general Denikin recordaba : “Era conmovedor ver, y a muchos les parecía ridículo, como el ex Comandante en Jefe que había dirigido ejércitos millonarios, disponiendo de un presupuesto militar desorbitante, ahora corría de una lado para otro, haciendo gestiones, y preocupándose por conseguir una decena de camas, algunos quintales de azúcar y alguna suma miserable de dinero, para hospedar, dar calor y comida a los perseguidos y a los sin techo.

Ya el 4 de noviembre llegaron los primeros voluntarios, bajo el mando del capián Parfionov. El General Alexeiev llamaba a filas a todos los oficiales, a las simples personas honradas a defender la patria vejada por los bolcheviques. Todos ellos se reunían, oficiales, junkers, estudiantes, soldados de los batallones de choque. Llegó hasta la misma Maria Bochkareva, una muchacha gentil y risueña, cuyo nombre llevaba el batallón femenino de choque. ¡Todo era exactamente así! Para defender Rusia se levantaron en primer lugar los niños Cadetes y los muchachos junkers con sus oficiales.

En todas la ciudades donde había academias militares y cuerpos de cadetes, los bolcheviques sufrieron una digna resistencia. Los guardias rojos capturaban a los cadetes en ciudades, estaciones, vagones, barcos. Les apaleaban, torturaban y tiraban desde las ventanas de los trenes en marcha. No fue mejor la suerte de muchos junkers y oficiales.

Era difícil el camino hacía el Don. Muchos llegaban agotados, hambrientos, harapientos, además de haber sufrido en sus carnes las cárceles bolcheviques y sus torturas, pero sin su ánimo perdido.

Llegaban en solitario y en grupo, abriéndose paso a través de las líneas rojas. En el Don se mezclaban todos, los monárquicos, los republicanos, los estudiantes revolucionarios de ayer, que viendo el resultado de “sus azañas”, prácticamente en un día se convertían en contrarrevolucionarios fervientes. Llegaron de Kiev restos del ejército de Georgiev, el ejército de choque de Kornilov, los junkers de las academias de Mijailov y Konstantinov. Llegaron en solitario los generales Denikin, Markov, Kornilov, Lukomski, Romanovski y muchos otros.

Kornilov

¿Que les daba a todos el ejercito de voluntarios? Un rifle y cinco cartuchos era la respuesta en la oficina del voluntariado. El primer mes los voluntarios recibían sólo una frugal ración, a partir del segundo se pagaba una pequeña soldada.

El problema de dinero se resolvía a duras penas. Por lo visto los empresarios de aquellos años lejanos no se diferenciaban mucho de los actuales. La Moscú adienarada dio aproximadamente 800.000 rublos expreso su ardiente compasión, prometiendo dar todo para salvar la patria.

Si los cartucho de bala se conseguían de alguna manera, la artillería del ejercito se formaba por los medios más insospechados. Así una pieza de artillería se compró a los cosacos que volvían del frente a sus pueblos y otra sencillamente se robó tras emborrachar a los sirvientes de los mismos cosacos.

El ejercito crecía a pesar de la falta de fe en el éxito de muchos de los oficiales, que se habían quedado al margen y de las malas lenguas que murmuraban “¿Qué, habéis decidido jugar a los soldaditos?”

El 26 de diciembre de 1917 la organización del general Alexeev fue renombrada oficialmente como el Ejercitó de Voluntarios cuyo distintivo se determino con los colores blanco, azul y rojo, que se llevaba en la manga izquierda del capote y la guerrera. El Comandante en Jefe del ejército fue el general Lavr Kornilov, hijo de cosacos, su segundo Antón Denikin, hijo de siervos, y el mismo general Alexeev, hijo de soldado raso como comandante.

La insurrección en Rostov, las primeras batallas con la guardia roja bolchevique… No pasaba un día sin que en Novocherkassk no hubiese que enterrar voluntarios. El general Alexeev al lado de la tumba abierta de alguno de esos desdichados, dijo “Yo veo el monumento que Rusia dedicar a estos niños. Este monumento tiene que representar un nido de águila, y los aguiluchos asesinados en él”.

El cuartel general del ejército se mudó a Rostov, y los bolcheviques ya atacaban por todos los lados, había que salir del Don.

La noche del 9 al 10 de febrero de 1918 fue el inicio de la Primera Marcha del Suban del Ejército de Voluntarios, el comienzo de la lucha organizada contra los esclavizadotes de la patria. Los voluntarios dejaron Rostov una noche de frío y nieve. Las líneas que el general Alexeev dejo a sus familiares sirvieron de respuesta la pregunta que le atormentaba “¿Adonde vamos? ¿Que nos espera? Nos vamos a las estepas, podemos volver, podemos regresar, y sólo con la gracia de Dios, pero es necesario encender una antorcha para que la menos hay un punto de claridad en la oscuridad que ha envuelto a Rusia.”

Así, en busca del pájaro de oro, iba el ejército voluntario, compuesto por 4.000 hombres. Este era todo el sentido de esta primera marcha, donde todo estaba en contra de los voluntarios “¡Dad o mostrad esta titilante vela de la lucha sagrada de toda Rusia!”.

Jamás había habido un ejército así en la historia de la humanidad. Con los rifles al hombro, con mochilas vacías, iban en la columna por la nieve profunda dos ex Comandantes en jefe del ejército del Zar. Ex comandantes de frentes, altos rangos del cuartel general, comandantes de cuerpos, coroneles y oficiales, cadetes y junkers.

Durante una pequeña parada en la aldea de Olguinskaya, el general Kornilov reorganiza el ejército y asciende a los junkers a alfereces, los cadetes a junkers.

Había muy pocos cartuchos, un presupuesto escaso, escasa munición de artillería por todos los lados el bando contrario era muy superior en número, pero, siempre, ¡adelante!

Eran escaramuzas duras y continuas y, a la par la marcha proseguía. Todo se conseguía a través de las batallas, cartuchos, armas y víveres. El objetivo de la marcha esta determinado, Yekaterinodar, la capital del Kuban. De la aldea de Olguinskaya hasta Yegorlichskaya hay 88 verstas. Las recorrieron en seis días. Y más adelante está la región bolchevique de Stavropol

El 15 de marzo el ejercito se acercaba a la aldea de Novo Dmitrievskaya, precisamente aquí nació el segundo nombre del a marcha, “La Marcha de Hielo”, y esta nueva batalla, es la recordada con mayor intensidad por los integrantes de la marcha. Toda la noche de víspera y por la mañana del día siguiente estaba lloviendo. La gente se caló hasta los huesos en un barrizal. Para el mediodía se paró el viento y empezó a nevar. Por delante estaba el río, y detrás de él, la aldea.

El regimiento de oficiales del general Harkov emprendió un complicado vadeo con los caballos, y el tiempo volvió a cambiar. El viento se hizo más fuerte, una ventisca de hielo. Todo se cubrió de una capa de hielo muy rápidamente. La ropa se convirtió en un caparazón, impidiendo los movimientos, la caídos no podían levantarse.

Markov se vio con su regimiento en solitario ante la aldea, los demás regimientos todavía estaban vadeando el río. El dilema era peliagudo, helarse en el campo o atacar la aldea para intentar salvar el ejército. Markov se lanzó al ataque, los oficiales, congelados, apretando los rifles en las manos yertas, se caían en la mezcla de barro y nieve, y se levantaban otra vez a recibir el fuego mortal de los rojos. La aldea fue tomada. En una de las luchas una de las compañías oyó una voz femenina “Chias traed aquí la ametralladora”. La compañía se echo a reír sin querer, pero con una risa breve, pero comprendiendo la seriedad de esta orden tan singular. Sí estas eran mujeres de los batallones femeninos de choque, algunas con rengo de alferez con cruces en el pecho. Ellas seguían sirviendo a Rusia y sin vacilar se marcharon a la Primera Marcha del Suban.

El ejército recibió los primeros refuerzos de Kubán, entre ellos, junkers de Kiev, su número crece hasta 6.000 hombres. El 27 de marzo se acercaron a Yekaterinodar.

31 de marzo, 7:30 de la mañana, uno de los proyectiles cayó en el cuartel general donde en su mesa estaba el general Kornilov. La noticia de su muerte se divulgo muy rápido. El mando del ejército fue al general Denikin. La misma tarde los voluntarios se vuelven a poner en marcha. Maniobrando brillantemente Denikin lleva al ejército sacándole de las situaciones más complicadas.

El 25 de abril se le une el cuerpo de ejercito del oficial de Kiev, Mijaíl Drozdovski, que había llegado del lejano frente rumano superando 1200 verstas de batallas.

30 de baril de 1918, tras superar 1050 verstas de penurias y batallas, el ejercito de voluntarios regresa al Don y se dispone para el descanso en la aldeas Mechtinskaya y Yegorliskaya. Llevaban 80 días de marcha. Con un balance de 4000 muertos, y 1500 heridos, habiendo empezado con 4000 y regresando con 5000 hombres.

Por orden del general Denikin fue otorgado para todos los componentes de la marcha un distintivo especial. Una corona de espinas con la espada en la cinta de Gueorgiev y flores nacionales.

Los destinos de los participantes de la marcha fueron muy variados. La mayoría murió en la lucha posterior, algunos sufrieron el exilio, algunos murieron en el ejército del general Franco luchando contra los comunistas españoles. Muchos fueron jóvenes y famosos jefes militares.

Pero sobre todo la Marcha de Hielo fue el momento de definición del movimiento blanco, el momento en que los voluntarios se convirtieron realmente en un ejercito, como si su propia supervivencia, contra todo pronóstico, los uniera y les proporcionara una fuerza que trascendía con mucho sus cifras reales.

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