Shuravi. La invasión soviética de Afganistán

Inicalmente esta entrada tenía un objetivo claro, sintetizar, de una manera más o menos clara, qué fué y que supusó la guerra de Afganistán. Desde un punto de vista, a su modo, reivindicativo. Se trataba de hacer ver que no siempre hay un movil ecónomico detrás de cualquier guerra. Hay ocasiones que son otros los factores más importantes. Y, efectivamente, yo me siento más comodo pensando que la invasión de Afganistán fue fruto de la chapucera visión imperial que tenía el Kremlin sobre su area de influencia. Si no llega a ser por la revolución islamica de Persia, el despliegue de los misiles Persing en Europa quizá el ejercito soviético no hubiera atravesado las fronteras de Afganistán. Quizá si no he hubiese asesinado a Taraki, el hombre de Brezhnev, no se habría dado el fatal paso. Afganistán era un país poco o nada atractivo desde cualquier punto de vista. Ni factor geo-estrategico (que termino más odioso), ni factor ecónomico, simple y llanamente la URSS optó por llevar su pecualiar “modernidad” a Afgnistán mediante una invasión militar.

De cualquier manera la URSS parecía, a finales de los años 70, estar en su mejor momento, los Estados Unidos acababan de ser derrotados en Vietnam y habían perdido Persia, y hacían frente a una fuerte crisis ecónomica. Sin embargo la imponente fachada de la Unión Soviética ocultaba unos lamentables cimientos. Primero Afganistán y, después, Chernobyl, mostrarían la situación real del país de los soviets.

Así un contexto que el Kremlin consideraba más o menos favorable la URSS emprendió la aventura afgana. Aunque lo hizo de manera improvisada, amparandose en su experiencia en paises africanos, que les llevo a un enorme error de calculo. De poco sirvieron las reticencias del Secretario General Leonidas Brezhnev o del jefe del estado mayor Nikolai Orgakov. Finalmente el Politburó y la KGB sacaron adelante sus fantásticas tesis que consideraban a Afganistan como una posible cabeza de puente del imperialismo yanqui y a Amin como un nuevo Sadat, así se adoptó la resolución de invadirlo. Formalmente se presentó al mundo, no como una invasión, sino como una respuesta a la solicitud de ayuda del gobierno procomunista de Kabul, pero como es normal fue escaso el credito que se le dió.

El 24 de diciembre las fuerzas soviéticas entran en Afganistán. El 27 del mismo mes las tropas de elite asaltan el palacio presidencial y asesinan a Amin que detentaba el precario poder en Afganistán.

El hombre fuerte de moscú para Afagnistán será Karmal, pero no logrará detener la sangría de deserciones del ejército afagano, ni mucho menos, la estabilidad del país. Lo que iba a ser una experiencia africana de semanas o meses, se convertiría en una pesadilla de 10 años.

Los rebeldes afganos no tardaron mucho en organizarse contra el invasor, estableciendo su bases en Pakistan, y obteniendo el apoyo de los paises arabes, China, Gran Bretaña y la todopoderosa CIA, que iba a hacer todo lo posible para que Afganistán fuera el Vietnam de los comunistas de Moscú.

La crónica militar de los siguientes diez años de guerra no corresponde a este lugar, pero si alguén tiene interés existe una muy buena descripción de ella en esta página: La intervención soviética en Afganistán 1979-1989

Shuravi

Aquí, como advertiamos al principio, tenemos cierta tendencia a la dispersión. Y a medida de que tomaba un poco de contacto con lo que fue la realidad del conflicto me sentía cada vez más impresionado por la naturaleza de la guerra de Afganistán, y mis objetivos iniciales cada vez quedaban más lejos. Me explico, me gusta, demasiado, por aquello de la superficialidad, ilustrar las entradas con fotos originales, no demasiado vistas y que en lo posible no toquen el tema de una manera demasiado “oficial”. La cuestión es que inicialmente uno tenía la idea de comparar Afganistán con Vietnam, y consideraba que la imagén que más los aproximaba era la de los helicopteros. El Mi-8y  el Mi-24 -el que intenta destruir a super Rambo- que sobrevalaban los valles afganos eran la contrapartida a los Cobra y Chinook de la jungla vietnamita.

Pero me equivoqué de imagén. Poco a poco, vaya quizá no tan poco a poco, quizá rapidamente, a medida que veía documentales y fotos de los soldados sovieticos en Afganistán, me preguntaba por que esos pobres diablos habían ido a para allí. Sí, es cierto, se desarrollaba en mi interior , una especie de empatia por ellos, por los shuravi (soviético en afgano). Shuravi es como primero les llamaron los mujahidines, y luego se llamaron a si mismos, los soldados soviéticos. Y pese a que todos los indicios estadísticos me debían hacer pensar lo contrario. En Afganistán murieron durante la guerra entre 13.000 y 15.ooo soviéticos, pero la estadistica de afaganos, a parte de imprecisa, es enorme, en torno al millón de muertos y sobre los cinco millones de desplazados. Quizá ese dato lo diga todo sobre mi percepción occidental de la realidad de la guerra de Afganistán.

Afganistán es un país precioso, sobre todo en su mitad norte, con todas esas montañas y esos valles, de una singularidad que, al que no está acostumbrado, le hace pensar que se encuentra en otro planeta. Y ya digo viendo todas esas imagenes y fotografías de convoyes atacados, de cunetas atestadas de vehículos destruídos, pensaba en la angustia que debían sentir los soviéticos cuando atravesaban Afganistán. Y así los convoyes enviados por Moscú terminaron por ser mi imagen particular del conflicto. Supongo que a ello ayuda mi condición occidental y posmoderna. Tantos western vistos en la infancia, tantas novelas de ciencia ficción leídas en la adolescencia, hacen que las emboscadas en los parajes más pintorescos me seduzcan terriblemente, me temo. Quien sabe igual esa empatia de la que hablaba antes tenga como responsables insospechados a John Wayne y John Ford, o a Robert A. Henlein y sus “Tropas del espacio”.

En definitiva, yo me he sentido más cercano a ese soldado de reemplazo que su gobierno manda a un país extraño y hostil, que ni sabe ni quiere saber de que va esa guerra, que su única esperanza es sobrevivir hasta que llegue su licencia. Un soldado que sólo tenía a los suyos, a los shuravi, para combatir la angustía de luchar contra un enemigo invisible, bien armado y valiente. No es de extrañar que muchos de ellos se abandonaran al consumo de opiaceos, Afganistán es el principal productor del mundo. Pero aún sabiendo todo esto, no puedo sino extremecerme cada vez que veo alguno de esos documentales sobre la guerra de Afganistán.

Incluso, ahora, cuando veo que los F-16 han sustituido a los Mig, pienso lo mismo de los soldados de la OTAN ¿que demonios hacen allí? Política imperial, me temo, como hace 20 años.

Una última cuestión, el paso de Salang, me ha atraído tanto, que me he atrevido a hacer un audiovisual pequeñito a partir del material que he encontrado en la red. Espero que lo encontreís de interés. Y esta vez, no podía ser de otra manera, los coros del ejercito rojo han dejado lugar a un grupo de Shuravi, Kaskad.

Por cierto, que no se me olvide decir que hoy 15 de febrero del 2009, se cumplen 20 años de la retirada soviética de Afganistán

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2 comentarios en “Shuravi. La invasión soviética de Afganistán”

  1. bueno me gustaría saber quien escribe este informe si tienes algo que ver directamente con esta historia . El informe es muy bueno siempre me intereso todo lo que tiene que ver con los sovieticos y esto me hace tener una vision mas certera de lo que ya pensaba que esta guerra fue un gran error para la union sovietica y una demostracion de fuerza estupida en una pulseada evidente con estados unidos en fin un error muy feo para la urss saludos a quien corresponda

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