Steam. La era del vapor. ( Raíles )

Pronto estará tu brazo, vapor invencible, lejos

Arrastrando la lenta barcaza, o guiando el rápido vagón;

O en amplias alas ondulantes extendidas llevarás

El carro volante por los campos celestes.

Hermosas tripulaciones triunfantes, inclinándose desde arriba

Harán tremolar sus pañuelos al alejarse

O bandas del guerrero alertarán a la muchedumbre admirada

Y los ejércitos se estremecerán bajo la nube oscura. (Erasmo Darwin, 1791)

Una de las novedades más esperadas del mercado lúdico ha sido la aparición de la edición española de Steam (Vapor) de la mano de Devir.

Pero para España se ha preferido no hacer una traducción literal y sí cambiar el orden de los factores.

Así en lugar de lo que hubiera sido “Vapor. Raíles a la riqueza” ha quedado en “Raíles. Millonarios del vapor”. No deja de ser una decisión editorial, supongo yo que pensando que los raíles hacen más reconocible el producto, un juego de construcción y gestión de lineas férreas comerciales que el vapor. Y por si a alguién le interesa, sí a mi me gustaba más el “Vapor. Raíles a la riqueza”.

Raíles, que es al fin y al cabo como se comercializa en las tiendas españolas, es un juego del diseñador del momento, Martin Wallace, especialista en juegos de gestión de recursos y construcción de imperios ecónomicos en las fases del capitalismo industrial y financiero de finales del siglo XIX y XX (Brass, Automobile), aunque haya tratado también temas tan dispares como el Renacimiento (Princes of Renaissance), la creación de las primeras civilizaciones urbanas (After the Flood) o el imperio bizantino (Byzantium), entre muchos otros.

Raíles es un juego que viene, por una lado, precedido de la polemica con el Age of Steam, un feo asunto de derechos de autor, y por otro, y en lo que a mi respecta, avalado por la gente más sabia en esto de los juegos de mesa. Dicen que es muy bueno, gente que merece mi credito. Ya lo probaremos, lo cierto es que en el par de ocasiones que he podido probar un juego de Wallace, el Tinners Trail, ambientado en la mineria, y el Automobile, en la producción en serie y venta de los primeros coches, he pasado un rato agradable. Juegos agíles y que al vez exigen un grado muy alto de concentración y de capacidad para anticipar tus jugadas. Dicen que el Brass y el Raíles superan a estos dos, lo cual no deja de ser una buena señal.

Steam, Raíles, es un juego de 3 a 5 jugadores en el que tomamos el papel de un gran capitalista (o magnate) decididó a ampliar su fortuna con la sensación del momento, el ferrocarril a vapor. Deberemos competir por tener las mejores lineas ferreas, esto es la que más beneficio nos den. Emisión de acciones, adquisición de las locomotoras de última generación, recorridos baratos que eviten las dificultades orograficas, etc, etc serán las decisiones que a la postre decidiran el ganador de la partida.

Quién quiera conocer en mayor profundidad, pude hacerlo con la estupenda reseña de Fredovic en el Falken´s blog

Pero centremonos en lo que realmente importa, el vapor y el ferrocarril en el siglo XIX, si algo tiene de bueno Raíles es que permite a este blog volver a una de sus habituales y extemporaneas digresiones, el juego como excusa para la solarística, la ciencia difusa. Y el siglo XIX es uno de nuestros favoritos.

Una de las características de ese siglo fue la definitiva irrupción de la técnica en la formas de vida y, sobre todo, de producción. La máquina que perfeccionó Watt, la máquina de vapor, la máquina que permitio elevar la mineria a la maxima potencia, y con ella el hierro y el carbón. Más producción, fábricas más productivas exigieron una revolución también en el transporte, y también allí estuvo el vapor, con sus poderosas locomotoras.

Pero ese progreso tenía dos caras como dice Lewis Mumford en Técnica y Civilización (1934):

“Pero la máquina de vapor  tendió a la concentración y el volumen de otra forma también. Aunque el tren aumentó las distancias de los viajes y la cantidad de locomoción y de transporte, lo hizo dentro de los limites regionales relativamente estrechos. El bajo rendimiento del ferrocarril en pendientes superiores al 2 por 100 obligó a que las nuevas líneas siguieran los ríos y los fondos de los valles. Esto tendió a sacar a la gente del interior del país, que había sido atendido durante la fase eotécnica por carreteras y canales. Con la integración del sistema de ferrocarriles y el incremento de los mercados internacionales, la población tendió a amontonarse en las grandes ciudades terminales, los empalmes, las ciudades portuarias. Los servicios de trenes expresos de las lineas principales tendieron a aumentar dicha concentración, y las lineas auxiliares y los servicios a través del país disminuyeron y desaparecieron, fueron decididamente suprimidos: para viajar a través del país era a menudo necesario recorrer dos veces la distancia llegando a una ciudad central y otra vez atrás, en un viaje en U”.

Por no hablar de la polución y contaminación

“Así como se mantuvo el ruidoso golpeo de la máquina original de Watt. en contra de su deseo de suprimirlo, como una grata marca de poder y eficiencia, el humear de la chimenea, que contaminaba el aire y desperciaba energía, cuya capa de humo aumentaba el número y el espesor de las tinieblas naturales disminuyendo más aún la luz del sol, este emblema de una técnica tosca e imperfecta se convirtió en símbolo de la prosperidad”.

Y el vapor, y con el los nuevos materiales, y los tremendos excedentes de hollín y desperdicios dieron un nuevo color a la epoca, el negro. Y los gobernantes y los pensadores no pudieron evitar pensar que la máquina y lo que generaba era fea, dirigiendo los esfuerzos del arte oficial a materiales, formas y colores del pasado (el neoclasicismo), salvo excepciones como la de Eiffel. Pero no sólo los más poderosos tenían necesidades estéticas. Desde muy pronto los revólveres, las maquinas de coser y las planchas de ropa incorporaron filigranas y grabados a sus toscos acabados de hierro. La máquina se mostraba poderosa y eficaz, pero de formas casi inasimilables para la humanidad. Hoy en día la estética de la máquina si observamos a nuestros coches, a nuestros electrodomésticos es mucho menos agresiva, dominan los colores blancos y las formas redondeadas.

Aún así al observar los ferrocarriles del pasado y del presente, de vapor o eléctricos se puede constatar que el tren es una de la mayores representaciones posibles de la técnica y que. a pesar de todo, contemplar el espectáculo del ferrocarril atravesando algunas de las zonas más deshabitadas del planeta es sobrecogedor. Es el ser humano y su capacidad.

Pero basta de fotos, si alguien tiene interes puede ver estas y cientos de miles más en la excelente web RailPictures

Y para finalizar, un video infantil, de la Unión Soviética, que de algún modo puede ser tomado como metáfora de una de las causas de su hundimiento. El protagonista una lomotora lejos de aprovechar el tiempo y ser una estajanovista de los raíles, prefiere vivir y detenerse allí donde haga falta. Mucha sensibilidad y poca productividad.

Паровозик из Ромашково (Владимир Дегтярев).

Parobozhik iz Romashkovo de Vladimir Diegtyariev.


8 thoughts on “Steam. La era del vapor. ( Raíles )”

  1. Solo un apunte: Age of Renaissance no es de Martin Wallace, sino de Don Greenwood y Jared Scarborough. El juego de Wallace ambientado en el Renacimiento italiano es Princess of the Renaissance.

    1. Gracias Deinos, hablaba de memoria y me he equivocado. Ya lo he corregido. Y de paso he aprovechado para enlazar con la reseña que hizo Fredovic en su blog.
      un saludo y no vaciles en corregirme

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