El servicio postal, los sellos y los carteros.

Sellos conmemorativos del centenario del sello postal ruso

Animado por el éxito de crítica, que no de público, de la anterior entrada, voy a continuar mostrando algunas de las formas que tienen los estados de introducirse en nuestra conciencia. Pero esta vez no será con un acto tan excepcional y grandilocuente como un funeral de estado, hoy le toca a un elemento mucho más vulgar y cotidiano como es el servicio de correos.

Logo de "correos" de Suecia, a la tradicional corneta añaden la corona de su monarquia

Es difícil rastrear los origines del correo, se encuentran testimonios de su practica en la antigua Babilonia, China, Asiria, Mesoamérica, la Grecia Clásica, etcétera, etcétera. Todos los naciones e imperios tenían necesidad de comunicarse lo más rápido posible y lo habitual eran los mensajeros a caballo o a pie, como hizo el legendario Filípides que corrió hasta la muerte los 40 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para anunciar la victoria sobre de los persas.

Sobre, sello y matasellos conmemorativos del día de la Cosmonaútica en la Unión Soviética (1963)

Las cosas continuaron más o menos de esta manera durante muchos siglos, hasta que más o menos el siglo XV el servicio postal empezó a establecerse y a expandirse en Europa central y Gran Bretaña. Una familia noble alemana, Thurn and Taxis, consiguió el monopolio del servicio y llevar el servicio de correos desde Austria a España, desde los Países Bajos hasta Italia. El servicio era echo a través de postas repartidas por todo el continente y la corneta postal (o trompa de postillón) que utilizaban para anunciar la llegada  o salida del y del transporte postal (normalmente en caballo o carromato). Y aún hoy en día son multitud los servicios estatales de correos europeos que llevan esa corneta en su emblema.

Sello alemán dedicado a la familia Thurn und Taxis (1952)

Pero sería más tarde, en el siglo XIX con la revolución industrial y del transporte y con el aumento de la alfabetización cuando el correo termino por popularizarse. A partir de ese momento las cartas podían llegar más rápido, más lejos y ser leídas por cada vez más personas.  A estas alturas el servicio de correos era ya un servicio público que ejercía el estado. Y como tal se timbró y se gravó su uso. Y como ocurría desde hace tanto tiempo con las monedas, se vio que el sello era una excelente plataforma para la  propaganda estatal, los sellos ayudaban a que los sudbitos tuvieran una imagen del normalmente desconocido gobernante.

Serían los graves perfiles de los emperadores, reyes y príncipes quienes ocuparían los primeros sellos, pero no tardarían en añadirse el pretendido acerbo cultural, las hazañas deportivas, la fauna, la flora, la familia real, las personalidades más notables; todo ayudaba a dar apariencia de legitimidad al estado, en ese sentido son realmente espectaculares las series de sellos y matasellos de la Unión Soviética, impresiona la variedad y cantidad de motivos empleados. Pero no sólo los sellos serían los sellos los encargados de ayudar a la difusión del estado, también los empleados de correos ayudaban a transmitir esa imagen.

El genial Jaques Tati hace una de sus primeras incursiones como director con su divertidísima sátira “escuela de carteros” o las tribulaciones de un cartero de provincias en la cuarta républica francesa, en este corto se puede ver claramente como se parece un cartero francés a un gendarme, un tema que explotaría también en su segundo film “Día de fiesta”.

Y ya antes otro francés Julio Verne había visto todo el potencial jacobino del invento y  había parido al más famoso de todos los carteros, Miguel Strogoff, el correo del zar. Donde ni más ni menos una carta y un héroe sirven al imperio ruso para evitar caer bajo la barbarie tártara. Algo que solo tiene parangón, aunque bastante menor, con la novela de David Brin “El cartero” una novela posapocalíptica donde vemos a la humanidad recuperar lo mejor de si misma en el momento que restablecen el servicio postal. (Hubo una versión para el cine hecha por Kevin Costner, muy mal considerada, pero que, sin ser nada del otro mundo,  me pareció que se dejaba ver).

Lo que es en mi caso no tengo esa visión idealizada de las cartas o el cartero tan habitual, mi experiencia es reducida en ele genero epistolar; por un lado la experiencia frustrante de la infancia, que tan bien recoge Calvin y Hobbes, de esperar semanas lo que prometían el Cola- Cao o los yogures, preguntando día tras día ¿ha llegado ya?,

Más tarde llegarían los desastres del amor y darme cuenta que no era precisamente Pushkin o Bequer escribiendo cartas. Y luego…, luego llegó el correo electrónico y creo que no he vuelto a escribir una carta (recuerdo que en aquellos tiempos pensaba que era una estupidez para adolescentes, “hotmail”, “mail excite” eran los proveedores más populares, traducibles como correo caliente y con semejantes nombres no podía esperarse nada bueno de ello).

De todas maneras mi imagen del cartero se quedo en los dibujos animados, o en como un perro acosa al cartero (no entiendo muy bien por que si en mi casa y en mis diferentes habitats nunca ha habido jardín, pero eso lo primero que viene a mi cabeza cuando pienso en un cartero, supongo que vi demasiada televisión de niño). Hoy me comunico mucho más antés, quizá no existe el palpito de esperar una carta, y el buzón solo se llena de facturas, pero sin duda que escribo mucho más. Peor lo tiene el estado que cada vez tiene más difícil hacerse presente. y lo curioso es que no sé si eso es bueno o malo. (tengo argumentos para ambas cosas)

Lo cierto es que el tema es muy sugerente, a medida que escribo me vienen fragmentos de películas, de novelas que voy desechando, como las cartas que reciben los soldados en guerra, puro derrotismo mal visto por las autoridades castrenses. O la película (o novela) “El cartero y Pablo Neruda”  una idealización que no me es especialmente simpática, pero que entiendo que agrade a tanta gente. O la carta más popular de la literatura. O…

Y sí esta entrada también habla de juegos de mesa, son pocos los dedicados a este tema tan apasionante, tan sólo he podido saber de tres títulos y no he jugado a ninguno, pero me veo obligado a incluirlos en esta entrada.

Thurn und Taxis (2006) este juego, con tan ilustre nombre, nos lleva a la Baviera preindustrial, donde los  jugador deberan competir por tener la linea de postas más eficiente. Un juego que cuenta con expansiones que  trasladan la acción a otras regiones, como Roma. Ignoro si también cambia el sistema de juego o es pura cosmética.

Pony Express (Última reedición 2009) En esta ocasión nos trasladamos hasta el lejano oeste, en un juego que es básicamente una carrera en la que se utilizan dados y cartas, para llegar antes que los rivales y para ganar en los duelos. Un juego de azar y de faroleo.

Message to Czar (Mensaje para el Zar). Un juego inspirado lejanamente en la novela de Jules Verne Miguel Strogoff, el correo del Zar. Me da pena leer las malas críticas que ha recibido, es una de las novelas de aventuras de las que mejor recuerdo tengo. Un juego donde los jugadores representan gobernadores que deben conseguir que alguno de sus mensajeros sea el primero en llegar hasta el zar atravesando un difícil trayecto. Pero el juego parece muy abstracto para el tema que trata (una característica muy alemana, por otra parte).

Y eso es todo, termino con una canción enorme de Vladimir Vysotsky “Carta desde el manicomio”

5 thoughts on “El servicio postal, los sellos y los carteros.”

  1. He de reconocer que aunque la filatelia nunca ha capturado mi interés suficientemente como para iniciar una colección propia, resulta, a nivel estético, bastante reconfortante. La dimensión socio-cultural de sus contenidos, influencia política, etc., por otra parte, es algo que seguro que da para libros enteros por su valor artístico (en el sentido más amplio de la palabra).

    1. Yo nunca he sido coleccionista de sellos, o eso creo. Guardo alguno que me gusto mucho, y en su momento compre en Moscú un pequeño album hecho a mi gusto. Lo que sí es muy aburrido es el borbón de los franqueos españoles. Yo no sé si los coleccionistas acaparan con todas las colecciones o realmente no hay alternativa a su busto.

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