Noticias desde mi infancia. Bretodeau y la jugueteria Nomar.

Bretodeau.

Hoy me he sentido un poco como Bretodeau, el personaje de la película “Le fabuleux destin d´ Amelie Poulain”, en el momento que recupera la perdida y olvidada cajaque contenía los tesoros de su infancia. Por supuesto no ha ocurrido como en la película, no había ninguna encantadora jovencita dispuesta a emplear su tiempo y talento en un juego de maravillosas proporciones, no había ninguna banda sonora y Amelie no observaba a escondidas mis reacciones.  Ha sido todo mucho más prosaico; unas lineas en un blog que anuncia unos saldos de miniaturas y puzzles por el cierre de una juguetería de Portugalete. Pero donde la lógica dice que esto debiera haber sido leído de una manera tan pragmática como la oportunidad de conseguir unas gangas por un cierre, ha ocurrido todo lo contrario y se ha convertido en el mismo vendaval de emociones que azotó a Bretodeau en la cabina de teléfonos. Por un momento han pasado por mi cabeza escenas y fotografías de aquella niñez cada vez más lejana y olvidada.

La juguetería que se cierra es Nomar, una juguetería de Portugalete situada en la calle General Castaños, muy cerquita de la Casa del Pueblo y de la parada de autobus del 15 y el 42 (destinos Bilbao y San Vicente), en frente del bar “La Terraza” y la plaza de la Rancheria (La ranche), también muy cerca de dos cines fundamentales de mi infancia, el cine Mar y el cine Ideal, que hace ya mucho que dejaron de existir.
Nomar era mi juguetería, fue allí donde mi padre me compraba cochecitos matchbox, o los cliks de playmobil(entonces se llamaban famobil), los tentes y, sobre todo, donde compre mi primer wargame: “El último puente” de la legendaria editorial NAC, corría el año 1984. Después y en años sucesivos llegarían muchos más NAC, El zorro del desierto, Camino de la Gloria, La Batalla de las Ardenas, ¿Resiste Stalingrado?, el fantástico Excalibur, Firefight, Battle over Britain y algunos más que me dejo en el tintero.

El cine ideal en enero de 1985

Desconozco, aunque intuyo, cuales fueron las razones que nos llevaron a los amigos de la infancia a dedicarnos con tanto empeño en esos juegos. Yo tenía 11 años, mi hermano mayor, Andoni, 12, mis vecinos José 13 (él fue quien inicio la fiebre cuando apareció aquel día con “El duelo de las Aguilas”) y su hermano Javi 11 años. Más tarde aparecerían aquí y allí otros entusiastas de los juegos NAC y el circulo se amplio. No eran mayoritarios pero tampoco eran desconocidos. Y aunque nosotros eramos pequeños, aunque entonces no nos lo parecía, y no hubo ningún problema en jugarlos. Es raro encontrar un foro de juegos de mesa que recomiende wargames a chavales de esa edad, pero allí estábamos nosotros enfrentándonos a juegos de los que desconocíamos todo, sin ninguna referencia, sin nadie que nos pudiera echar una mano al lado y por supuesto sin internet. Hoy con la perspectiva de la edad puedo decir que eran juegos sencillos que solo requerían un poco de ganas. Pero nosotros teníamos más que ganas, teníamos entusiasmo. Y yo me imagino de donde sale ese entusiasmo, en aquella epoca de pura transición, los juguetes eran todavía de otra epoca, los sobres de soldaditos, los geyperman, los madelman, o la enciclopedia de la segunda guerra mundial de SARPE que se encontraba en tantos hogares ayudaban a que la segunda guerra mundial formara parte del imaginario de muchos de nosotros. Probablemente esto hoy este mal visto y sea políticamente incorrecto; y es más que probable que en otro contexto el fenomeno NAC no hubiera existido, pero yo me alegro de haber tenido ese momento.

Jugueteria Nomar (foto cortesia del blog de Darth Txelos)

En cualquier caso la jugueteria Nomar servía como centro de peregrinación y esperanza. Ni sé las veces que ibamos a ver su maravilloso catalogo de juegos NAC. Por lo menos una vez a la semana, y el dueño, amable y sin tener una palabra mala, nos lo dejaba. Allí pasabamos horas mientras sobábamos una vez más las hojas de brillantes colores, e intentabamos adivinar la calidad de los juegos en numero de las fichas que tenía; pronto 240 fichas nos parecieron pocas, 360 no era suficiente y las 480 fichas era el requisito indispensable para tener garantías de ser un juego excepcional. La portada, el tema elegido para simular la batalla me parece que no nos impresionaba tanto como la cantidad de fichas que contenía. Después había que decidirse por uno, y empezar a ahorrar. En aquellos tiempos un juego valía 1900 pesetas, y mi paga y la de mi hermano era de 25 pesetas cada uno. Llegamos a un acuerdo con mi madre para que nos financiara “El último puente” a cambio de 20 semanas sin paga. Y la buena mujer cumplió su palabra para calmar nuestra ansiedad. Después sería más fácil, el regalo de navidades, el dinero del cumpleaños, el extra de los abuelos, todo era para wargames (los libros siempre corrían de cuenta de mi madre y no contaban como gastos superfluos),  también se acordaba con los amigos quien compraba que juego, y el acumulacionismo nos embargo, el objetivo, tener la colección completa. Jugábamos en mi casa casí todos los días, pero no era raro que al volver del colegio paráramos en Nomar para ver el catalogo y comprobar que todavía tenían el viejo. Y luego estaba soñar con el tema de los próximos juegos, cada año NAC añadía nuevos títulos a su catalogo y apostábamos por saber cuales serían los temas de los nuevos juegos.

El duelo de las aguilas, el primer wargame que jugue (foto BGG)

Todo esto duró, más o menos, cinco años. Desde 1984 hasta 1988, cuando, y prácticamente a la vez, llegó la bancarrota de NAC, la reconversión de Nomar de juguetería a centro especializado en maquetismo y mi  llegada al instituto, donde me revele como un crio tan enamoradizo como imberbe (cosas de la edad) y se me pasó la fiebre de los wargames por otra nueva, de la que mejor no hablo.
Pero esos 5 años fueron años donde vivíamos felices en un mundo de fichas y mapas de cartón, completamente ajenos a lo que pasaba alrededor. Muy cerca de Nomar ETA mató a Agapito Fernández un peluquero de Portugalete el 20 de enero de 1985. También en la casa del pueblo de Portugalete, justo al lado de Nomar, murieron dos personas al ser atacadas con cocteles molotov el 25 de abril de 1987, o el jaleo que se montaba en el cruce entre General Castaños, Avenida Abaro, Carlos VII y la calle Casilda Iturrizar,con barricadas, autobuses quemados y antidisturbios aporreando a todo el que se movía cuando ocurrían asesinatos como el de Santi Brouard a manos de los sicarios del Gal el 20 de noviembre de 1984. También una tarde cualquiera de aquellos años fuí asaltado al salir de la juguetería Nomar de contemplar por enesima vez el catologo de NAC por un yonqui desesperado, y ni cinco pesetas llevaba yo encima. Eran los tiempos en que el caballo hacía estragos en la margen izquierda del Nervión, tiempos en que la reconversión industrial dejaba en la calle a tanta gente y el pesimismo invadía a los más mayores. También eran los años dorados de Eskorbuto, cuando cantaba “Zona Especial Norte” o “Anti Todo”.  Sí eran tiempos difíciles, aunque para nosotros,  a pesar de todo, y tal y como cantaba Zarama podíamos decir “Dena ongi dabil” (Todo marcha bien). Bendita infancia y benditos padres por hacerla posible en semejantes circunstancias.

p.s. pongo el video de Bidea Eratzen al no encontrar ninguno decente de “Dena Ongi Dabil”, a mi me transmiten sensaciones parecidas, y me gusta más Bidea Eratzen, pero lo propio era Dena Ongi Dabil.