La guerra (entrada fallida)

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros se mencionan los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿Quién la construyó otras tantas?
¿En que casas de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles?
¿Adónde fueron sus constructores la noche que terminaron la Muralla China?
Roma la magna está llena de arcos de triunfo.
¿Quién los construyó?
¿A quienes vencieron los Césares?
Bizancio, tan loada,
¿Acaso sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántica, la noche que fue devorada
por el mar,
los que se ahogaban clamaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota,
¿Nadie más lloraría?
Federico Segundo venció en la Guerra de Siete Años,
¿Quién más venció?
Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del triunfo?
Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas.

Bertold Brecht, Preguntas de un trabajador que lee.

La ciudad de Grozny

Me ha sido resultado elegir una foto para la ilustrar la entrada de hoy que quiero hablar de la historia y la guerra, y no por falta de ellas. El siglo XX nos ha dejado una miriada de instantáneas que podrían cumplir perfectamente el propósito, esto es ponernos en contacto directo con el horror y el sufrimiento. Hay imágenes que tenemos todos en la cabeza, como la de la niña vietnamita que huye desnuda de la aldea atacada por el napalm, las ruinas de Hiroshima, los cadáveres amontonados en los campos de concentración nazis, la hilera de soldados británicos ciegos tras un ataque de gas en la Primera Guerra Mundial que apoyan su mano sobre el compañero de delante, el soldado alemán aplastado por las cadenas de un tanque en el frente oriental en la Segunda Guerra Mundial, etcétera, etcétera

Pero lo que es en mi caso siempre vienen a mi cabeza una estremecedora secuencia, en la primera guerra de Chechenia (199-1996) un equipo de televisión presencia en directo un bombardeo del ejército federal ruso sobre las calles de  Grozny, tras la explosiones se oyen los desgarrados gritos de un niño “¡abuelito, abuelito!” El hombre está muerto, destrozado y el niño se ha vuelto a quedar huérfano.

Vaya, otra vez escribo desde la improvisación, yo quería hablar de la guerra y como se escribe sobre ella en los libros de historia, pero la introducción me ha dejado un amargo sabor de boca. Luego vuelvo a intentarlo, no quiero escribir sobre el horror, al menos no quiero que capitalice la entrada, es sobre otras cosas que quiero hablar.