Vida cotidiana y guerra

Al atardecer, suena la sirena del Feierabend, del final del trabajo; y puesto quetodos estamos, al menos durante unas horas, saciados, no hay lugar a litigios, nossentirnos bondadosos, el Kapo no tiene deseos de castigarnos y somos capaces depensar en nuestras madres y en nuestras mujeres, lo que no sucede con frecuencia. Durante unas horas podemos ser infelices a la manera de los hombres libres.

Si esto es un hombre, Primo Levi 1958

Mujeres soviéticas recogen la cosecha (lugar y fecha desconocidos) fuente Rosarchiv ©. 2004-2010

En la introducción a su “Historia del siglo XX” Eric Hobsbawm ofrece una panoramica del pasado siglo con una breve reflexión sobre el mismo de 12 personalidades. La más significativas, a mi juicio, las de Isaiah Berlin y Julio Caro Baroja

He vivido durante la mayor parte del siglo XX sin haber experimentado -debo decirlo- sufrimientos personales. Lo recuerdo como el sigo más terrible de la historia occidental. Isaiah Berlin, filósofo, Gran Bretaña

Existe una marcada contradicción entre la trayectoria vital individual -la niñez, la juventud y la vejez han pasado serenamente y sin grandes sobresaltos- y los hechos acaecidos en siglo XX… los terribles acontecimientos que ha vivido la humanidad. Julio Caro Baroja, antropólogo, España.

Tanto Berlin como Caro Baroja nos cuentan su contradicción, una vida tranquila y sin embargo el marco más terrible, el siglo de la Primera y Segunda Guerras Mundiales, el Holocausto, la bomba atómica, la Guerra Fría, Vietnam, Afganistán, La Revolución Cultural, Pol Pol en Camboya, la Guerra de Corea, la Gran Depresión, El gran Hambre en Ucrania, Chernobyl, la Guerra Civil española… y se podría continuar con la amarga lista.

¿es una característica de la condición humana? ¿Adaptabilidad, insaciabilidad, instinto de supervivencia? ¿cuales son  las palabras que nos definen como especie? ¿existen estas?

Probablemente uno de los testimonios más crudos sobre el ser humano sea el libro Si esto es un hombre de Primo Levi -y en parte su continuación La Tregua- donde el escritor italiano nos cuenta su experiencia en el lagger de Auswitzch. Pero incluso este libro se me antoja como un inmenso interrogante, como el deseo de Primo Levi no solo de perpetuar en la memoria todo lo que ocurrió en los campos de exterminio, de la sistematización de la deshumanización de las victimas, si no también de comprender al ser humano, tanto a la victima como a la verdugo, de responder a ¿cómo fue posible? pero también a preguntas más difíciles de formular. Leyendo Si esto es un hombre se sufren sensaciones ambivalentes, el horror, el sobrecogimiento dominan pero también hay momentos de se esbozan sonrisas y se agradece que haya personas en el mundo como Primo Levi. No sólo por el escritor, más bien por contarnos que, pese a todo, y sin ser un héroe -como diría él mismo “formamos parte de aquellos que, gracias a la prevaricación, la habilidad o la suerte, no llegamos a tocar fondo”- hasta en el lagger el ser humano aparecía, de formas muy diferentes, aunque no todas edificantes.

Por decirlo de algún modo el testimonio de Primo Levi se halla en las antípodas de lo que nos propone otro italiano Roberto Begnini y su película La vida es bella (1997). En ella vemos como un padre judío, Guido,  consigue ocultar a su hijo, Josue, de los alemanes en el campo de concentración -Lo normal es que los niños y las mujeres al llegar lagger tras ser separados de sus padres y maridos  fueran conducidos a las cámaras de gas- . Pero no sólo consigue que los alemanes no localicen a Josue, Guido logra lo más difícil; esto es que su hijo no capte el horror en que están viviendo, que la inmensa y permanente atmósfera de horror y deshumanización no alcance a su hijo. Por lo tanto Beginini nos ofrece a un superhéroe, a una persona excepcional que consigue pese a su posición dominar a la naturaleza terrible del lagger hasta el punto de que su hijo pueda llegar a recordar su paso por el campo de concentración como el juego heroico y trágico de su padre. Muy lejos de lo que propone Primo Levi, donde precisamente y a pesar del lagger, con todas sus realidades, con toda su omnipresencia, el ser humano terminaba apareciendo, en detalles quizás insignificantes en otras circunstancias. Por eso, y aunque reconozca que pueda ser bienintencionada, la película de Begnini, me parece peligrosa, por varias cosas. Por la imagen de superhéroe, de hombre completo, con fe ciega en sus actos, por la percepción de que la ficción es una herramienta para combatir la realidad, por la superficialidad del análisis -es más que significativa la diferencia entre el final de Si esto es un hombre y La vida es bella, mientras en la película de Begnini un soldado norteamericano sonreía a Josue “hi, Boy”, en la novela de Primo Leví los sobrevivientes de Ausweitzch veían en los ojos de los soldados soviéticos vergüenza, vergüenza de ver esos despojos. El subrayado de Begnini es más o menos lo que un padre puede hacer por su hijo y el lagger no es más que una anecdota, el subrayado de Primo Levi es su testimonio, que no debe ser olvidado nunca.

Si esto es un hombre

Los que vivís seguros

En vuestras casas caldeadas

Los que os encontráis, al volver por la tarde,

La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si es un hombre

Quien trabaja en el fango

Quien no conoce la paz

Quien lucha por la mitad de un panecillo

Quien muere por un sí o por un no.

Considerad si es una mujer

Quien no tiene cabellos ni nombre

Ni fuerzas para recordarlo

Vacía la mirada y frío el regazo

Como una rana invernal

Pensad que esto ha sucedido:

Os encomiendo estas palabras.

Grabadlas en vuestros corazones

Al estar en casa, al ir por la calle,

Al acostaros, al levantaros;

Repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,

La enfermedad os imposibilite,

Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Pues sí, esto se supone que debía ser una breve introducción a una escueta galeria de imagenes de la vida cotidiana en la guerra, tenía ganas de exhibir, como, y pese a todo, la humanidad se las arregla va ir tirando pese a la guerra, la excepción más importante a una vida cotidiana, o por llamarlo de laguna manera, normal. Pese a todo, a la guerra, la muerte, la tiranía, la ocupación, los desplazamientos, los refugiados la humanidad sigue alimentándose, enamorándose, envidiando al vecino, teniendo hijos, siendo infiel, mandando a sus niños a las escuelas, soñando con el día que acabe la guerra y todo vuelva a la normalidad. Hay fotos que muestran como la población civil sigue afanandose en todas esas cosas, pero son muy pocas, normalmente de mujeres, viejos y niños, los no combatientes, pero no por ellos eximidos de los horrores de la guerra contemporánea -Sobre las mujeres soldado recuerdo que hablaba una actriz soviética que hizo un papel de mujer soldado sobre la contradicción enorme que le suponía a una mujer acabar con la vida de alguien en lugar de darla- . Lo cierto es que lo más habitual es encontrarse con fotos de soldados en una pausa en los combates que parecen sugerir un regreso a las condiciones de una vida civil. Incluso, o sobre todo, es en esos momentos de pausa guerrera se siguen comportando como seres humanos y atendiendo a nuestras principales necesidades, que ,desde luego, no son hacer la guerra, son afeitarse, dedicarse a la higiene personal, alimentarse, descansar, entretenerse; vivir en definitiva.

Niños soviéticos acuden a clase en Leningrado. En el cartel se agradece al ejército rojo la defensa de la agresión fascista. Foto B. Kudyarov (1942)

Mujeres trabajan la tierra en la región de Smolensko (1942) L. Veligzhanin

Zapateros en el frente (1943) B. Vdovenko

Restauración del alumbrado público en Leningrado tras romperse el bloqueo. (1944) Foto deTrachtenberg

Hijos de soldados del Ejército Rojo antes de ir al cine. Stalingrado 1945

Partido de futbol entre dos tripulaciones de la Flota del Norte. Autor Jaldei (1942)