Himnos y las lagrimas de Misha

Ayer vi el partido de fútbol entre España y Chile.  Hacía tiempo que no veía un partido entero, incluido los prolegómenos; con las alineaciones iniciales, las expectativas, la clasificación, las declaraciones que mezclaban el optimismo y el dramatismo de manera exagerada y todas esas cosas tan banales que suelen rodear al fútbol.

Por ver  hasta vi la ceremonia de los himnos nacionales. Y supere mis escrúpulos y volvía escuchar los acordes de la marcha real, el himno nacional español, mucho tiempo después. No me sonó tan mal como en otras ocasiones, musicalmente sigue siendo un himno muy pobre comparado con otros, aunque ayer me parecía que no era una composición tan pobre lo que sí es cierto es que volví a sentirme incomodo durante la interpretación.

Lo curioso es que no sé exactamente de donde nace esa incomodidad; quizá de haber nacido donde he nacido, si ya la palabra España provoca cierta alergia -allí se llevaba lo de “estado español”-, la bandera y el himno ¿estatal? ¿nacional? ni os cuento. Pero yo creo que en realidad viene de mi rechazo instintivo a entregarme sin condiciones a comuniones imaginarias. Intento explicarlo, es como si todas las particularidades; si soy zurdo, si prefiero las morenas a las rubias, o me emociono con La casa de la pradera,  sufro diabetes, estoy en el paro o trabajo, mis padres son multimillonarios, etcetera etcera no valieran para nada, y todas esas señas de identidad, las de cada uno, se canjearan por un himno y una bandera. Tanto me da que sea la bandera roja y gualda en las citas olímpicas que el gorrito “gora euskadi” en el Ibilaldia, que la ikurriña en el tour de Francia. Aunque es cierto que para citas deportivas, que son casi contiendas civiles, puede valer un poquito y pero perder la cabeza y soltar una lagrimita con el himno nacional se me escapa a mi comprensión. O no tanto, Eric Hobsbawm nos da una posible explicación.

Al final del siglo un gran número de ciudadanos abandonó la preocupación por la política, dejando los asuntos de estado en manos de los miembros de la «clase política» (una expresión que al parecer tuvo su origen en Italia), que se leían los discursos y los editoriales los unos a los otros: un grupo de interés particular compuesto por políticos profesionales, periodistas, miembros de grupos de presión y otros, cuyas actividades ocupaban el último lugar de fiabilidad en las encuestas sociológicas. Para mucha gente el proceso político era algo irrelevante, o que, sencillamente, podía afectar favorable o desfavorablemente a sus vidas personales. Por una parte, la riqueza, la privatización de la vida y de los espectáculos y el egoísmo consumista hizo quela política fuese menos importante y atractiva. Por otra, muchos que pensaban que iban a sacar poco de las elecciones les volvieron la espalda. Entre1960 y 1988 la proporción de trabajadores industriales que votaba en las elecciones presidenciales norteamericanas disminuyó en una tercera parte (Leighly y Naylor, 1992, p. 731). La decadencia de los partidos de masas organizados, de clase o ideológicos —o ambas cosas—, eliminó el principal mecanismo social para convertir a hombres y mujeres en ciudadanos políticamente activos. Para la mayoría de la gente resultaba más fácil experimentar un sentido de identificación colectiva con su país a través de los deportes, sus equipos nacionales y otros símbolos no políticos, que a través de las instituciones del estado.

Es más a veces mi pienso que mi rechazo a las causas multitudinarias, no puede si no ser un reflejo de esto otro

Una sociedad de esas características, constituida por un conjunto de individuos egocéntricos completamente desconectados entre sí y que persiguen tan sólo su propia gratificación (ya se le denomine beneficio, placer o de otraforma), estuvo siempre implícita en la teoría de la economía capitalista.
Desde luego es una posibilidad, no sé muy bien si por estar inmerso totalmente en la cultura capitalista, o por tener ordenadas ¿mis neuronas? de tal manera que sea un engreído que se vanaglorie de sus propias ideas. Recurro otra vez a un ejemplo, y este le veo todos los días. Mi mujer es la que más cuida de nuestra hijita, hay en ella un acto de renuncia de sus propios intereses que a la vez refuerza su unión con la pequeña. Casi se puede ver como para una comunidad lo mejor es la renuncia a una parte del ego individual. Pero renunciar voluntariamente a algo en beneficio de los demás, sacrificarse, como puede ser las propias ideas, la propia identidad en beneficio de una comunidad parece que no está en mi vocabulario.
En fin en que jardín de flores me meto sin pretenderlo. El caso es que yo ayer contemplaba los himnos de Chile y España, uno con indiferencia, y el otro, ya digo, con incomodidad. En cualquier caso, vestigios de otra época, los himnos ocupan un lugar mínimo en el mundial en  comparación con los que ocupan las multinacionales de la ropa deportiva, de las bebidas refrescantes o de los televisores. Así que casí que me alegra que existan estos momentos más cercanos a la tradición que a la realidad. Y es que en el fondo los himnos, algunos, me gustan. Ya he dicho que no voy a poner a la mano  en el pecho, y que creo que las palabras de Paco Ibañez cantando a Brassens –Cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual. Que la música militar nunca me supo levantar – son las más sabias, incluso las de Pablo Neruda Sin banderasin leyni destino sólo tiene un dolor asesino. Pero uno tiene sus debilidades y hay himnos que me gusta escuchar, ya sé que recurren a la épica nacional, al interclasismo demagógico, al chauvinismo y todo eso, pero no lo puedo evitar. Lo cierto es que lo ideal habría sido ilustrar esta entrada con una selección de los fines de emisión de las diferentes cadenas nacionales publicas del mundo, que unen a el himno a la visión idealizada que tiene la nación sobre si misma y que desea que tengan sus ciudadanos, alguna está en youtube, pero me gustaría colgar más de las que hay. Por ver he visto el fin de emisión de la televisión soviética, de la vasca, de la española, de la bielorrusa, de la catalana, de la italiana, de la polaca. Todas son diferentes pero muy parecidas, y me hace falta encontrar alguna que rompa el patrón (que apostaría que inauguró la BBC).
En fín que os dejó con alguno de mis himnos favoritos, lastima de no haber encontrado ningún vídeo de las Olimpiadas de 1968 cuando Tommy Smith y John Carlos, medallistas de oro y bronce en los 200 metros lisos, levantaron su puño enfundado en un guante de cuero en la ceremonia de entrega de medallas, eran otros tiempos.
Por cierto el partido de ayer, me aburrí, además no tengo tv desde el apagón tecnológico, y veía el partido por el PC, con un retraso de unos 2 minutos respecto a los ruidos de la calle, oía los goles mucho antes de verlos. La emoción del fútbol y las nuevas tecnologías no se dan la mano.
Y para finalizar un gran momento de ceremonia pública-estado-nacional, la despedida de Misha de las olimpiadas de Moscú.
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3 comentarios en “Himnos y las lagrimas de Misha”

  1. El himno ruso es incomparable, para mí, el mejor de los que conozco. Después de diez años usando otro desde la disolución de la URSS, Rusia decidió volver a adoptarlo, supongo que porque la gente se sentía ligado a él.
    El español no tiene solemnidad, es seco, cortante, empieza con el “estribillo” directamente y no transmite épica. De los peores junto con el italiano y el japonés.

    Aparte de los clásicos o músicas que ya comentas, otra composición soviética que me encanta (que supongo que ya conoces) es el tema de Georgy Sviridov: Vremya, vperyod!, que sirvió de cabecera para los telediarios Vremya de la URSS durante los 80.

    PD y divagación: buscando cabeceras de programas soviéticos, lo que me dejó ojiplático es que hacián ejercicio por las mañanas (año 85) con música del grupo español “Azul y Negro”:

    PD y ruego: tienes a servidor deseando que hables sobre el discurso de Pericles. 😉

  2. El ruso y la marsellesa son imbatibles. Y es que los soviéticos tienen temas impresionantes en esto de la música marcial, probad con la canción de los Partisanos.

  3. Yo entiendo que las aseveraciones aqui vertidas son simples opiniones (o complejas …sin faltar), sobre los gustos propios de un determinado individuo. No han de ser pues, ni dogma de fe, ni proselitismo musicaloide, no.

    Ante tal panorama, he aqui mi culo, digo mi opinion (las opiniones son como los culos… todo el mundo tiene uno).

    La comparacion musical del himno español vs el frances, el sovietico o cualquier otro es un tema espinoso, para gustos los colores.

    A algunos le gustara la sonoridad de la letra de la marsellesa, a otros les hara reir. Habra quien juzgue como tonada de borrachos cosacos todo cuanto suene a ruso, y quien vibre con sus cantares.

    Al grano, mi culo, yo como soy aficionado al periodo historico napoleonico, pues suelo oir musica militar a menudo de esa tocada con pifano y tambor, que solia ser la banda tipica que acompañaba a las tropas a la guerra. En el albur primigenio del himno de España, este era al parecer una marcha de granaderos, y con pifano y tambor pues a mi me suena bien, http://www.youtube.com/watch?v=NXje64VTonw
    quizas no es el granadero frances…

    o quizas alguna gloria rusa…

    Que quereis que os diga, me mola mas el español… pero claro es mi culo.

    Saludos.

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