Castelldefels. Hora 22.20

No quiero que mi blog se convierta en una crónica de sucesos. Todo el mundo sabra ya los detalles del terrible suceso que aconteció en la estación de RENFE la pasada noche de San Juan, sobre las 22.30. 13 personas, parece que todas ellas de origen sudamericano, perdieron la vida tras saltar del anden a las vías y ser arrollados por un tren.

No me gusta el juego macabro de señalar de quien es la responsabilidad última, ni señalar que fue una temeridad, ni siquiera unirme a un grupo de apoyo en facebook al desgraciado maquinista que arrolló al grupo. La noticia me parece más relevante si se mira desde otro punto de vista, viendo a las victimas y a las circunstancias sociales que rodean el fatal accidente.

De hecho hay una película italiana del año 1952, Roma hora 11, que ilustra a la perfección como abordar un asunto de estas características tan dramáticas. En la película Giuseppe De Santis (director) y Cesare Zavattini nos cuentan como un grupo de mujeres sufre un accidente tras venirse abajo la escalera donde esperaban una entrevista de trabajo.  El suceso realmente ocurrió, el 15 de enero de 1951, una mujer murió y muchas fueron mal heridas por la avalancha y la caída; más de 200 mujeres se habían agolpado en una estrecha escalera esperando el milagro en forma de puesto de trabajo, el hecho de anunciarse que no habría tiempo para entrevistar a todas parece que fue la causa.

De Santis y Zavattini utilizan el accidente para hacer cine social; reconstruyen el accidente preocupandose por los diferentes perfiles de la mujer italiana en la difícil posguerra italiana: criadas, prostitutas, mujeres de obreros en paro, todas con el denominador en común de querer salir de la miseria que les rodea. No sé si reconstruyen los perfiles desde la encuesta que siguió al accidente o desde la ficción, aunque creo que da igual.


Por eso me gustaría que el accidente de Castelldefels fuera utilizado de la misma manera. En estos tiempos de películas idiotas, de supervivencia económica, de desplazamientos forzados, de historias anónimas sepultadas por el mundial de futbol, o cualquier otro acontecimiento mundial irrelevante, alguien, algún estudiante de cine, de documental, algun cineasta intrépido debiera ver el filón que tiene. Contarnos la historia de aquellos que no la tienen, o mejor dicho, que la historia de aquellos a los que se la niegan. De la impaciencia en las vetustas instalaciones de las estaciones proletarias, de las ganas de escuchar música latina en la playa, del precio abusivo de los billetes de tren, de la juventud irreflexiva y atrevida. De como les afecta el paro, la emigración. De los que se han quedado llorando a los muertos. Lo que paso en Castelldefels nos puede servir para reflexionar sobre muchas cosas, no nos quedemos en una mezquina superficialidad.