Nostalgias y la infancia interminable.

Algunas veces me  encuentro hablando con (des)conocidos de lo viejo que me voy haciendo. Y me lamento de lo rígido y cobarde que me voy haciendo. De como he convertido mi gusto en una respetable y confortable habitación donde me refugio y protejo de la falta de estímulos del exterior.

Me explico; cuando era un adolescente, atolondrado, borrachín, presuntuoso y sensible, no tenía problema en perder horas de sueño con las películas de cine club que daban en el segundo canal. De esa manera descubrí joyas como las películas de Jiri Trnka o Andrei Trakovski, o, haciendo caso de recomendaciones desinteresadas leí libros como Poema pedagógico, El Castilloy Crimen y Castigo. En aquellos tiempos no me importaba ni la nacionalidad, ni el genero, ni la extensión ni nada de nada, estaba avido por descubrir esas joyas que parecían encontrarse por doquier, bastaba con estar un poco atento y aprovechar las oportunidades.

Ahora es diferente, el gusto está conformado y la pereza y los prejuicios me lastran. A mi lado pasan las maravillas y ni me doy cuenta. ¿Frigidez mental? ¿Conservadurismo estético? ¿Impotencia emocional? ¿inmovilismo creativo?

Pero todo este rollo, tan personal, tan vano e intranscendente tiene un motivo. Estos últimos días veo que se extiende en facebook una nueva moda, que rápidamente va calando entre mucho usuarios -al menos hasta donde alcanzo a ver en mi escueta red social-. Esta nueva moda consiste en colocar como imagen de perfil o avatar un dibujo animado -el avatar o imagen de perfil es la imagen que nos representa en la red, el icono de la identidad, del como nos queremos ver y como queremos que nos vean-.

Alertado por la dimensión que empezaba a tomar el asunto, y gracias a San Google leo en un blog, concretamente en este, que el fenómeno es un nuevo viral (un virus social) que consiste en poner un dibujo animado, se supone que el que más gusta al interfecto, y así invadir la red de recuerdos de la infancia. Por lo tanto años después vuelvo a ver a Dartacan, la Pantera Rosa, el Comando G,  Son Goku, la abeja Maya, Marco, etcétera, etcétera.

Dichosa e idolatrada infancia, que la reducimos a un dibujo animado, por lo general bastante malo. Como picamos enseguida y nos falta tiempo para abandonarnos a su recuerdo. Pero ¿tan mal nos va ahora? ¿acaso somos incapaces de generar nada propio desde la madurez? ¿acaso es todo un ir tirando? ¿acaso nada de lo que hacemos ahora vale la pena?

veo las redes inundadas de esa puerilidad, de ese intentar recuperar lo irrecuperable, no somos niños y sin embrago parece que la infancia ha sido lo mejor de nuestros días. Y no lo digo sólo por esa multitud de iniciativas que se acercan de manera sensibloide a la infancia, también lo digo por la alarmante escasez de contenidos que somos incapaces de generar en la red. Enormes medios tecnicos a nuestra disposición, pero que falta de vida interior. ¿nos falta tiempo?, ¿no sabemos como llenarlo?, ¿estamos atontados? La utopía de Clarke era El fin de la infancia, sin embargo parece que lo que preferimos es una infancia eterna, una infancia de dibujos malos y ninguna responsabilidad, será por que basta echar un vistazo a la calle y ver que son tiempos graves, que lo más fácil es soñar con los buenos tiempos, los tiempos de la infancia. Como Peter Pan y campanilla. Ay Capitán Garfio te empiezo a comprender.

1 thought on “Nostalgias y la infancia interminable.”

  1. Pues sí, Lev, quizá la clave es esa. No somos felices, simplemente, en el presente. Como decía una frase, “la verdadera patria del hombre es su infancia”. ¿Y porqué no? Realmente, el presente es ese futuro al que no quisimos llegar cuando eramos pequeños.
    La protección de una madre, un entorno familiar seguro, la falta de responsabilidades reales, la ilusión por todo, la incapacidad de juzgar con crítica el mundo que te rodeaba…todo eso era bueno, cómodo, confortable… En tiempos difíciles (más que difíciles, yo diría que son de desencanto, de frenesí, de destrucción) nos refugiamos en la concha de caracol que son nuestros recuerdos agradables, como un intento imposible de volver al útero materno, acurrucarnos y dormir sin sobresaltos por una noche.
    ¿Es eso malo? No lo sé. Pero yo quiero la pastilla azul, la del olvido…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s