La ascensión al Elbrus. The Caucasus Campaign.

lfelderbaku
La explendida montaña Elbrus

En el verano del año 1942 el mundo vió como la maquina de guerra nazi volvía a ponerse en marcha. Tras el inesperado reves sufrido por los alemanes a finales de 1941, detenido el avance alemán a las puertas de Moscú, sin conseguir ninguno de los tres grandes objetivos de Hitler; Moscú, Leningrado, el Volga, pero superado el crítico invierno de 1941-1942 la wermacht volvia a tomar la iniciativa en tierras soviéticas. Tras aniquilar la última resistencia en Crimea, Hitler fijó esta vez un gran objetivo, el Caucaso y sus pozos de petroleo de Bakú y Maikop. Stalin y el ejercito rojo esperaban el golpe en Moscú, pero este sería mucho más al sur, allí más de medio millón de soldados, en su mayoría alemanes, pero también rumanos, eslovacos e italianos, atravesaron el río Don, en dirección al Volga (Stalingrado) y las montañas del Caucaso (Bakú)

El avance alemán durante la ofensiva "Case Blau"

Y como en el verano del pasado año de 1941 las primeras jornadas de la ofensiva resultaron triunfales. Victoria tras victoria arrollaron la resistencia del ejército rojo, aunque esta vez los soviéticos parecían optar por la retirada y no por la resistencia desesperada (dejo a los historiadores profesionales resolver la cuestión de saber si fue producto de una nueva manera de actuar de la stavka o simplemente fruto del  terror al ejército nazi, como parece que comienza a leerse en estos tiempos).

En cualquier caso los exitos iniciales de la ofensiva “Case Blau” alimentaron la ambición de Hitler, el Grupo de Ejércitos Sur debía devidirse y afrontar dos objetivos, Stalingrado, la ciudad clave del Volga y los pozos de petroleo de Bakú.

Así, y llegamos al punto que realmente me interesa de esta entrada, en agosto de 1942 un ejercito tan moderno y formidable como el alemán, irrumpió en la región del Kuban, la tierra de los cosacos (más o menos las “kray” de Stavropol y, sobre todo, Krasnodar), en Kalmukia, y en las repúblicas del Caucaso Norte; Karachaevo-Cherkasia, Kabardino-Balkaria, Osetia, Daguestan y Chechenia. En definitiva a los soldados del eje se les abría un mundo y un crisol de culturas cuando menos exóticos. Pueblos tan orientales como los kalmukos, o tan guerreros como los chechenos, y tan “folkloricos” como los cosacos, vieron a unos alemanes más amistosos que lo que habían sufrido los ucranianos, bielorrusos y rusos. Probablemente las necesidades de reemplazos humanos, pero no sólo ellas, también el imaginario nazi situaba en el Caucaso parte del mito fundacional ario y rapidamente organizaron con las naciones del caucaso unidades militares con las que luchar contra el ejército rojo.

Cosacos con la esvastica en el estandarte
Kalmukos con uniformes de la wermacht (otoño de 1942)

Efectivamente, la cordillera del Caucaso fija la imaginaria frontera entre Europa y Asia, de la misma manera que lo hacen los Urales. Y allí se encuentra el monte Elbrus, el pico más alto de la cordillera, y de Europa, al estar situado en la vertiente norte del Caucaso. Una montaña mágnifica, por lo menos desde el punto de vista paisajistico, aunque según los aficionados al alpinismo una cumbre sencilla, cuya máxima complicación se encuentra en los días de clima adverso y no en la propia ascensión.

Otra estampa del Elbrús

No sé que sentirían los soldados del eje al llegar a las estribaciones de las montañas, atravesando las tierras de Kuban y  del norte del Caucaso. Viendo las fotos que se hicieron, con los cosacos, los calmucos, los ingushes, los kalmukos, etc, etc. a parte de constatar que no había ningún Vereshchaguin enrolado en la wermacht, pero la cámara de fotos y su testimonio nos permiten especular. Hoy en día todo está cercano y las distancias son relativas, un par de clicks nos permiten aproximarnos, por superficial que sea, a cualquier lugar recondito y hacernos idea de lo que allí nos encontraremos. Lo difícil es ponerse en el lugar del soldado alemán (y del rumano o del eslovaco o italiano que también particparon en la campaña del caucaso). Me imagino que la principal sensación sería la de triunfo, la de pertenecer a un imperio que se expandía más allá de lo concebible. Tras atravesar Polonia, Bielorrusia, Ucrania, regiones atrasadas pero reconocibles a los ojos de un centroeuropeo, llegaban al extremo de Europa donde todo era muy diferente, ni siquiera el regimén soviético estaba fuertemente asentado.

En cualquier caso al ejercito nazi se le abrió una posibilidad que no tenía nada que ver con la guerra contra el ejército rojo, la conquista del monte Elbrus, plantar en su cumbre la bandera nazi. Una operación que llevarían a cabo los regimientos de la 1ª divisón de montaña (Gebirgsjäger) cuando la batalla les ubicó en sus alrededores. El 1 de agosto los montañeros-soldados plantaron la esvástica en la cumbre del Elbrus,

La verdad es que viendo la filmación que hicieron no puedo menos que acordarme de Indiana Jones y el Arca Perdida, de aquella parafernalia nazi para abrir el Arca de la Alianza. Me cuesta creerlo pero cuenta una versión inverificable, al menos por internet, que Hitler al tener noticia de la hazaña estalló en rabia, “no quiero montañas, quiero el petroleo” se cuenta que dijo. Es muy probable que detrás de toda operación simbólica estuviera Himmler, el jefe de las SS y el más crédulo de la esotérica nazi, que considerba al Elbrus un monte sagrado de la raza Aria, pero para poco más que para fines propagandisticos tenía sentido la ascensión, ni siquiera era la primera que vez que se hacía cumbre.

Meses más tarde,  más al norte, a orillas del Volga, es atrapado y destruído el sexto ejército alemán, con su destrucción se pone en jaque toda la operación alemana en el Caucaso y los alemanes deben retirarse sin haber alcanzado su principal objetivo, Baku, tan sólo, y efimeramente, los pozos de Maikop. Las tropas de montaña alemanas deben retirarse de la zona de Elbrus, y el alto mando soviético ordena a sus tropas de montaña que conquisten el Elbrus sin demora. Da igual que en lo alto solo haya ya jirones una bandera nazi y que el tiempo no sea el apropiado, Stalin no puede esperar y le urge que la hoz y el martillo ondeen en el Elbrus.

El 17 de febrero de 1943 tras 4 días de penosa escalada, más equipados para la guerra que para el aplinismo, Alexander Gusev y 20 hombres bajo su mando hacen cumbre en Elbrus, destrutyen los dos estandartes nazis y colocan la enseña de la Unión Soviética. Se cierra así la extraña batalla por el Elbrus, una cumbre que no servía para nada.

 Como casi siempre en este blog, el motivo de la entrada de hoy reside en un juego, en este caso The Caucasus Campaign, editado por GMT Games el año 2009.  Un juego muy bien editado, reglamento a todo color, fichas de juego y hexágonos en el mapa de gran tamaño. Y de proporciones, a la hora de jugar, asequibles. Se puede jugar la campaña entera en una tarde completa (y parte de la noche, claro). Además no es un juego particularmente difícil de aprender. Y contiene lo que los americanos llaman chrome, estos elementos que realmente no aportan nada, o casi nada, al juego pero sirven para que la inmersión en el tema del juego sea más fácil. O por lo menos esa es la intención. que el chrome es una cuestión delicada en los juegos de mesa. El caso es que a mi me encanta, y The Caucasus Campaign tiene una buema ración; como el 800 batallón “los Brabenburgers”, un comando de fuerzas especiales que conquistan casi sin pegar un solo tiro los campos de petroleo de Mailop, antes de que los soviéticos los destruyeran. (Alguien debería contra la historia de los miles de trabajadores alemanes que fueron destinados al Caucaso para recuperar los pozos de petroleo de Maikop y Bakú para la industria de guerra alemana) . O la NKVD bajo mando directo de Beria, que daba cohexión a los diferentes pueblos del Caucaso bajo régimen soviético, pueblos que nunca habían sido especialmente leales a Moscú, ni bajo el zar ni bajo los bolcheviques. O el estrecho de Kerch, en el mar de Azov, que permitía el paso entre la Península de Crimea y  la región de Krasnodar y la posterior y trágica cabeza de puente de Taman.

La conquista del Elbrus en el juego The Caucasus Campaign

Muchas historias pero la que más me llamo la atención fue la del monte Elbrus, quizá por que es un reflejo de lo estúpida que es la naturaleza humana, y más en las guerras. Pero sí, quizá por eso me gusten los wargames. En fin, y a manera de cierra, cualquiera que tenga más interés por esta campaña, eclipsada por lo que ocurrió en Stalingrado pero significativamente, cualita y cuantitativamente, pero mucho más importante que lo que ocurría en el Norte de África con Rommel y Montgomery, que se eche unas partiditas a este juego.

4 thoughts on “La ascensión al Elbrus. The Caucasus Campaign.”

  1. Lo mismo digo: una más que interesante entrada.

    Por cierto, creo que leí por algún lado que Lenin era de origen calmuco (ahora lo revisaré por la web). Parece un pueblo interesante…voy a investigar…

    Saludos y gracias por el artículo.

  2. Muy interesante artículo introductorio para una campaña que me es bastante desconocida. El juego tiene una pinta estupenda.

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