¿Para qué sirve un juego de mesa?

Antes de intentar responder a mi pregunta, una aclaración; esta entrada no es más ni menos que la continuidad de la anterior, es decir que sigo con el tema de las tetas. Perra que me ha dado. Si antes escribía deprisa y corriendo, ahora también así que me dejare cosas por decir y mi habitual y confuso estilo lo complicara todo aún más. Pero vamos allá.

Pensando un poco friamente el quid de la cuestión, del tremendo error de poner el grito en el cielo por el sexismo de un juego de mesa parte de una posición de partida erronea de jugamos Todos.  Más o menos lo que dicen en ese ya famoso artículo:

cuando llevamos años luchando en positivo por el respeto a los juegos de mesa y a las personas que los crean, por un ocio inteligente, igualitario, cultural y divertido, por integrar a todas las personas en la afición a los modernos juegos de mesa.

Aquí es donde yo difiero totalmente. Los juegos de mesa no son una creación humana que difiera gran cosa de otra. Sus valores son los que son, que no son poca cosa, pero vienen dados como juegos. Es verdad que pueden ser muy divertidos, es verdad que pueden resultar estimulantes es verdad que propician la sociabilidad. Pero nada más, que no es poco. Pensar en un juego como portador de valores se me hace cuesta arriba, es convertir un juego en un panfleto, me da igual lo bientencionado que sea el tema. Pero nadie será nunca mejor persona por jugar a juegos de mesa. Nadie tendra más cultura por jugar a juegos de mesa y nadie sera más listo por jugar a juegos de mesa.

Están muy bien, pero no son más que una opción dentro del mercado. Conozco juegos de mesa aburridos, sin sustancia, como conozco películas o libros o series de tv. Y todas ellas pueden o no tener un mensaje dentro. Pero de verdad si me encuentro con una novela pretendidamente inteligente o cultural, incluso igualtaria (aquí pienso que me gusta Ursula K. Leguin) huyo de ella como de la peste.

Quizá el error de Jugamos Todos sea de ver al juego de mesa como un juguete, un artefacto que en manos infantiles puede causar un estropicio. Pero en general entiendo yo que tanto webs como blogs y tiendas online se dirigen a un publico adulto. Y como mucho las últimas quieren vender un juego pero ni por un momento creo que piensen que son capaces de meter un gol ideológico a nadie.

Un ejemplo, los wargames. Que me suelen gustar y mucho. Facilmente se puede construir un discurso pacifista contra ellos. Y es verdad que con ellos de historia se aprende más bien poco, si acaso los ordenes de batalla de las guerras más famosas y de los líderes. Pero hay quien le puede servir como estimulo para profundizar, o hay quien se lo pase bien simplemente exprimiendo la mecanica de juego y demostrando su buen hacer con las fichas. Incluso hay quien puede sentir que de verdad esta mandando al Afrika Korps o a las Waffen SS o al ejército rojo. ¿Qué más da? ¿Voy a poner el grito en el cielo por eso? ¿Acaso creo que solo yo soy capaz de distinguir la linea entre el bien y el mal?.

Insisto los juegos no son más que juegos. Jugar está muy bien, y debiera tener el suficiente prestigio en la sociedad del ocio.Los de Jugamos Todos deberían saberlo. Tanto apoyo a juegos como “La danza del huevo” (¿un juego inteligente?) o el premio del JdA que penaliza a los juegos más pesados en favor de los pretendidamente familiares. Convertir a los juegos en portador de grandes verdades ajenas a ellos o en parapeto de causas más o menos nobles es un grandisimo error y no va a ayudar nada en lo que parece que pretende Jugamos Todos, su difusión.

No es todo lo que quería decir, pero sí casi todo. El tiempo apremia y esta entrada debe ser terminada antes de que comience la jornada de huelga. Creo que es suficiente, aunque me temo que tan inconexo y mal expresado como siempre. Y ahora que lo pienso temo no haber respuesto a la pregunta, por si acaso; un juego de mesa sirve para divertirse.

 

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8 comentarios en “¿Para qué sirve un juego de mesa?”

  1. Leyéndote me ha venido en la mente una entrevista a Oriol Comás en la que decía algo así: “Jugar es una cosa muy “tonta” que el ser humano lleva haciendo miles de años”. Estoy contigo en que no hay que darle muchas más pretensiones al “mero, tonto, sencillo, banal, trivial” hecho de jugar, si disfrutamos con ello.

  2. Comparto tu opinión. Los juegos son solo juegos, las formas de disfrutarlos o interpretarlos mas allá de la pura partida vienen dadas por factores previos a desplegar el tablero.
    Puede darse el caso de que un juego sea el inicio del interés de alguien por algún tema concreto, pero no se le debe exigir nada mas allá de pasar un buen rato ( que no es poco). ¿Se puede emplear como elemento didáctico? Sin duda, pero solo si se quiere incidir en ese enfoque y se hace con ese propósito, y siempre como un apoyo o una aproximación lúdica al tema a tratar, nunca con la pretensión de ser un contenedor ideológico o cultural “per se”.
    El fin último del juego es ser jugado y entretener al que lo juega mientras lo juega. Sin más.
    Un saludo.

  3. Gran entrada.
    Un mal cada vez más extendido en la sociedad, bajo mi punto de vista, es la radicalización de todas las actitudes y pensamientos. Parece que no hay manera de luchar por algo sin radicalizar tu postura, y así nos va. Desde defender la igualdad de sexos sin darse cuenta que se está llevando al extremo contrario, a lo políticamente correcto en temas que importan a casi nadie y no dedicarte a los temas importante, y terminando por la pérdida total de criterio cuando ya no es posible hacer humor con ciertos temas porque te pueden denunciar o peor.
    Estamos en una sociedad gobernada por mojigatos, radicales, supuesto bienintencionados y demás gentes que se dedican a defender cosas sin excesiva importancia, pero luego actuan de forma totalmente contraria a lo que opinan y se olvidan de de defender lo que realmente es importante.
    Siento el tocho.

  4. Parece mentira tantísima respuesta (nada menos que dos posts) a la protesta en contra del titty grab. No niego que sea exagerado criticar un juego porque no cumple con los requisitos de fomentar la igualdad y el respeto, pero me parece más exagerada aún esta respuesta, cuando es un tema que, nos guste o no, tiene que ser tratado.
    ¿Por qué? Pues amigo, porque nada es inocente, porque los juegos de mesa son elementos de socialización y la manera en que esa socialización se lleve a cabo es algo que merece ser discutido. Que un juego está para divertirse, está claro, como también lo está el que no tiene que cumplir ninguna función “educativa” en el sentido de transmitir conocimientos o conductas moralmente aceptables. Ahora, si decimos que un juego de mesa no transmite valores es no entender en absoluto cómo funciona la sociedad humana. Los juegos son uno de los elementos culturales (en el sentido amplio de la palabra) que mejor sirven para la transmisión de valores. Por eso el juego titty grab ha aparecido, porque los valores que transmite ya están ahí. No se inventa nada.
    De hecho el propio jungle speed, si lo miramos profundamente, también transmite valores patriarcales: el símbolo del poder tiene una forma eminentemente fálica, y hay una lucha por ver quién lo levanta. ¿Hilo muy fino? No sé, sólo es otra forma de relacionarnos con el mundo que nos rodea, de una manera crítica y donde vemos cómo están implicados los roles humanos en los productos sociales.
    Podríamos decir entonces que Titty Grab le da la vuelta al falo del jungle speed, y en un primer momento lo pensé de esta manera, si no fuera porque no hace la transformación simbólica. El problema es que recorta un trozo del cuerpo. Las tetas son maravillosas, recortar una teta para separarla del cuerpo al que pertenece ya no me gusta tanto. Por lo tanto nunca me atrevería a comparar la preciosa escena de Amarcord con una teta recortada. ¿Por qué? Porque una cosa es poner de relieve la atracción que ejercen las tetas de las mujeres (sobre la humanidad en general) y otra separar esas tetas de la mujer que las lleva. Has de reconocer que esas tetas, sin la estanquera, no son nada.
    El artículo de Jugamos Todos puede pecar de naif, no lo niego. Suena al discursito de que los juegos tienen que promover la paz y el amor en el mundo y demás ñoñerías, pero valoro que hayan puesto sobre la mesa un tema tan interesante como son los juegos de mesa como transmisores de roles y conductas sociales, y no veo reprobable que busquen en los juegos los valores con los que ellos están de acuerdo.
    Tu discurso de “yo juego y me da igual lo que haya debajo” me valdría de cualquier otro. No de ti. No de este blog. Nobleza obliga. Me parece que siempre haces una lectura profunda de la realidad y de los juegos, y que por lo tanto no te puedes escudar en que los juegos “no son más que juegos”, sobre todo no puedes estar justificando esta postura durante dos posts. ¿Por qué? Porque la simpleza y la visceralidad de la emoción choca con tu discurso elaborado, con tus palabras buen puestas, con la razón que tienes en algunas cosas que dices y que chocan con la simpleza de otros de tus análisis.
    Hay dos maneras de convertir una realidad en juguete: por degradación y por conquista. Cuando mi hermana y yo cogíamos el libro de corrección de estilo de mi padre para jugar al “Inspector Gadget” conquistábamos un objeto de los mayores, cuando se hacen espadas y arcos de juguete lo que ocurre es la degradación, la utilización lúdica de algo que ya no tiene espacio en el mundo real. Los wargames son un ejemplo de esta degradación, hace que los jugadores recreen batallas como ya es imposible que se produzcan. Es un mecanismo social para conservar todo lo que ha sido. No creo que sea comparable a lo de las tetas.
    En fin, que lo de tener una línea entre el bien y el mal es algo cada vez más complicado, que hacerse preguntas sobre el sentido ideológico de los actos públicos del ser humano es una tarea durísima. No soy yo la mejor preparada para eso. Me cuesta. Me cuesta pensar si me gusta el titty grab porque es una feminización de un juego fálico o no me gusta porque cosifica (todo lo que recorta cosifica) una parte del real cuerpo de la mujer. Creo que pensándolo bien me produce rechazo (y más rechazo aún -ahí ya no tengo dudas- la campaña que se ha hecho de los “fotomontajes”), pero también, si me lo ponen delante, me voy a tirar a por la teta la primera de todas, porque además de gustarme alzar falos me gusta agarrar tetas (pero me hubiera gustado más que se diera el paso al nivel simbólico).
    No sé, esto es sólo una opinión más que dejo sobre la mesa, principalmente porque me parece injusto arrollar con discurso tan elaborado una opinión sencilla, visceral, de quienes tienen una serie de valores. Todos los tenemos, se manifiestan de una manera o de otra, son más o menos conscientes y les damos más o menos importancia, pero todos los tenemos.
    Un saludo

  5. Me gustan la discrepancia, valoro tu respuesta. La acabo de leer.
    pero no estoy de acuerdo con lo que dices. Discrepo en varias cosas y otras me hacen reflexionar.
    Es muy interesante lo que dices sobre degradación y conquista. Aunque yo creo que hay espacio para más lecturas. Separar una teta de un cuerpo tiene mucho de grotesco (también está el ejemplo de la teta de Woody Allen). Y ahí la degradación de lo grotesco es liberadora más que de conquista.
    En cualquier caso si me respuesta te parecio excesiva es solo por una cosa, sirvió de catalizador. Por decirlo de algún modo mis dos entradas trataban de trascender el propio titty grab.
    Y una última cosa esta entrada como casi todas, o todas, está escrito desde la emoción, creeme que me he parado a pensar lo mismo en esta que las demás. O sea muy poco.

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