Adicto al cobre y otras penas.

Cobre, cobre,…

-No hay pares de cobre libres

Esto es lo que dijo hace cerca ya de 40 días el técnico que vino a hacer efectivo el traslado de linea de teléfono al que es mi nuevo hogar. Y no tener pares de cobre supone dos cosas, no tener linea de telefono fijo y, lo que es más grave, no tener conexión a la red de redes, a internet.

Y no tener linea ni conexión supone un proceso desesperante, esteril, ya que aunque la ley garantiza desde el 2011 que todo ciudadano, que pueda pagarla, faltaría más, tiene derecho a linea de telefóno y conexión a internet y telefónica la obligación de proporcionarla, ya sea por pares de cobre o por otro medio alternativo. Pero la gran compañia de telefonos no parece muy dispuesta a que el proceso sea agil, y desde luego nada ecónomico. Y aquí estoy sin conexión, y en medio de un proceso burocrático-administrativo-comercial que hace que me sienta más cercano a algun personaje de Kafka que nunca.

Bueno realmente si no tuviera conexión no estaría escribiendo esto, gracias a dios, este tuvo a bien poner a los navarros en este mundo y he tenido la inmensa suerte de que uno de mis vecinos, Fermín, lo sea, y no ha tenido problema en darme la clave de su red wifi mientras sea necesario. Pero la solución aunque humanamente reconforta por ver que todavía hay quien no desconfía, no es satisfactoria, me sabe mal sobercargar su red y además no llega con la intensidad minima a la que estoy acostumbrado (me pregunto si mal acostumbrado). Espero que este pequeño infierno termine pronto.

En el Infierno, así me sentía cuando pasaban los días y no podía asomar mis narices por la red. Que curioso, y que dependencia. Más de veinte de años de mi vida, así que más de la mitad de ella, he pasado sin internet. Y ahora… un adicto. Un adicto que pensaba que le gustaban los libros, pero a la que podía iba a la biblioteca, solo para sentarse delante de un terminal de acceso y ni se acordaba que allí estaban los que otrora tanta excitación le causaran. O que al minimo descuido intentaba sustraer el telefono de mi mujer para espiar unos segundos lo que se cocía en mi pequeño universo virtual. Y aunque me cueste reconocerlo que cambio de humor, que arisco, que borde me he vuelto estos días. O mejor dicho, todavía más arisco, todavía más borde de lo habitual.

Afortunadamente la adición a la red, no es como la del tabaco, al menos en mi caso. Y ha pasado algo curioso, aunque no es la primera vez que me ocurre. Es como si (re)descubriera lo efímera  banal, volatil y carente de interes que es la red. Cuanta más distancia había entre la red y yo volvía a tener esa sensación de que en realidad, lo que soy es adicto es a las tonterias, a leerlas y a escribirlas. A darlas una importancia que no la tienen. Y la red no deja de ser como el mundo que nos rodea, como los cigarrillos, los programas de tv o los partidos de futbol. Un producto de consumo inmediato, entretenimiento intrascendente. Y a eso es lo que creo que estaba (o estoy) enganchado, a redes como twitter o facebook, efímeras pero que para encontrarlas sentido hay que prestarlas una atención excesiva. Un esfuerzo que seguro no merece la pena, por leer lo que es interesante por resultar intersante, pero resulta que está pensado todo porque se muera a los 5 minutos y un impulso sea el que mueva o propicia el interés  y así desengancharse de la red propiciaba el desinterés, la oportuna distancia para medir algo en lo que invierto tanto tiempo.

Pero aún así alguna función cumplen en mi vida, por eso quizá me agarro a ellas, mi vida social es cada vez más desastrosa, y mis habilidades sociales tienden a 0. Conmigo el tópico se cumple la red es un sustito de algo que no tengo en la vida real. Y sin ellas me siento sólo.

Sólo y adicto, esto es lo me pasa por no tener un par de cobre libre en mi casa. Quien sabe igual acabo como los gitanos robando cobre para hacer un apaño en la caja de telefonica más cercana a mi casa. Ahora lo que tengo que hacer es recuperar el tiempo perdido, no para las redes que todavía estoy con el punto de pereza, pero sí para el telegrama zimmermann, que enero tenía que haber sido su mes de reactivación. Cheliabinsk, vamos para allá. O eso espero, cruzo los dedos para que mi navarro no se canse de tener invitados en su linea.

 

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