10+1 cosas que puedes hacer con un juego de mesa y no con un videojuego

¿alguien tiene duda de los beneficios sociales de los juegos de mesa?

En nuestra campaña en pro de la divulgación de los juegos recurrimos a las mejores técnicas de marketing y ofrecemos un 10+1. Un breve descripción que dejara claro para toda la humanidad por que, y aún teniendo algún punto en común, se puede afirmar que jugar juegos de mesa es mucho mejor que jugar videojuegos.

1. Acariciar la piezas, sobar las cartas. Una sensación plena de sensaciónes. Erotismo, seguridad en uno mismo, ¿hay algo mejor?

Sí, esto son piezas de ajedrez. ¿pasa algo?

2. Tirar los dados. Como en la películas, soplido y giro de muñeca incluído. O bien construirte tu propia torre de dados. Jugar juegos de mesa es una puerta abierta a la ebanisteria.

3. Mirar a los ojos de tu(s) rival(es)

Creo que por esta vez me voy a dejar ganar.

4.Intentar adivinar, lo más discretamente posible, la figura de una compañera de juego y novia de uno de tus amigos.

No hay mucho que adivinar, pero voy a perder un amigo y la partida.

5. Jugar a un videojuego (los jugadores de los clasicos wargames i go you con largos entreturnos saben a lo que me refiero)

pero de verdad ¿hay algo más divertido que un videojuego?

6. Ser muy romántico. No debes preocuparte de eventuales cortes de corriente ni de baterías descargadas. Se pude jugar a la luz de las velas.

Jugar con velas está bien. Pero imagínense una velada con la seorita Amapola y el candelabro.

7. Decorar las estanterías de tu casa.

Que pared más bonita

8. Relacionado con lo anterior jugar al tetris colocando tu inmensa colección.

No es ninguna casualidad que los aficionados a los juegos de mesa sean expertos jugadores de Tetris

9. Aprender geografía. Hay quien se queja del tiempo que se tarda en la colocación inicial de las fichas de los wargames, pero en realidad es una medida subliminal de los autores para que nos familiaricemos con los elementos geográficos del mapa de juego.

¿hay algún jugador de wargames que no sepa donde está Stalingrado?

10.  La limpieza del hogar. tenemos demasiados juegos, y los muy condenados al ver tan poca mesa acumulan polvo. Ver tu magnifica colección de juegos tan apagada es una llamada a la limpieza doméstica.

la cara oculta de nuestra afición

10+1. Y sobre todo, un juego de mesa se puede comprar y no jugarlo. Es un fetiche. Basta con comprarlo y admirarlo.  Con saber que lo tienes.

Niño no toques eso. Con los juegos de papa no se juega.

Sobre la necesidad de la crítica de juegos de mesa.

No, no pretendo echar leña al fuego. Aunque lo parezca.

Se ha llegado a un punto en el que suele confundirse el rol del crítico con el del agente de prensa. La crítica se diferencia de la teoría, la investigación y el análisis, porque trabaja con un marco axiológico; es decir, emite juicios de valor. Además, funciona como puente o intermediario entre la obra y los espectadores. Pero esto no debe ser leído pensando en que la crítica conoce la “verdad” sobre determinada obra y se la “explica” al público. Por el contrario, este acercamiento tiene que ver, por un lado, con poner a disposición de la obra una cantidad de espectadores (léase darle visibilidad a la producción); y, por el otro lado, acercar el pensamiento de los realizadores poniéndolo a disposición del público. Koss, Natacha. «¿Para qué sirve la crítica hoy?». La revista del CCC [en línea]. Enero / Agosto 2009, n° 5 / 6. [citado 2013-09-29]. Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/107/. ISSN 1851-3263.

 

No sé si ha sido la reciente polémica con el JdA, o motivado por que la afición de los juegos de mesa han alcanzado una madurez, pero si atiendo a los que mi Time Line de contactos ludícos ofrece me encuentro con que sí que existe una cierta preocupación (y entiéndase preocupación como interés) en como se hace, quien hace y para que se hace la crítica de juegos.

La conclusión parece demoledora; aún existiendo unos pocos episodios puntuales la crítica de juegos de mesa en castellano es inexistente. En general nos dejamos llevar por la impresión favorable, por la ilusión de ver nuevos productos en las estanterías de nuestras tiendas. Un entusiasmo entendible, y ojalá que no se pierda. Pero un aficionado, el mismo que se deja llevar por el entusiasmo y no otro, no se debe limitar a lo que señala Natacha Koss, ser un agente de prensa.

Entender de manera crítica un juego es algo saludable, y no se debe entender como poner a parir o ensalzarlo hasta la bobaliconería. Criticar un juego supone entenderlo, comprenderlo. Y entender a quien está dirigido. Puede parecer lo mismo pero no lo es. Y un juego es un producto cultural, quizá con menos prestigio que el libro, el cine o el teatro, pero está sujeto a lo mismos caprichos subjetivos de quien interactua con la obra cultural.

Es importante señalar que aunque la crítica sea un agente menos frente a los autores y los jugadores, sí tiene algo que decir y algo que hacer. Y la carencia de la misma es algo que terminamos por notar todos. ¿Cuantos de nosotros hemos acudido a Board game Geek a ver las notas negativas de algún juego que nos ofrece su base de datos? ¿Cuantos de nosotros hemos intentado descifrar los comentarios que aparecen en el mismo sitio? ¿Son comentarios de haters? ¿son comentarios de lovers?

¿Cuantos de nosotros hemos asistido a divertidas o espeluznantes y estériles disputas sobre si un juego es bueno o malo en algún foro de juegos de mesa? Y esto solo evidencia que no estamos acostumbrado a oír hablar bien y mal de los juegos (sobre todo mal). Pero es algo que debíamos tomarnos con naturalidad. A nadie le extraña  y nadie se lleva las manos a la cabeza por que en el mundo del cine Jose Luis Garcí tenga una legión de detractores, o de que las películas de Torrentes sean las más vistas y a la vez de las peores consideradas.

Con esto quiero decir que el juego de mesa es un producto cultural tan digno como cualquier otro, que le hacemos un craso favor si entendemos que es el juego de mesa como un recién nacido de salud frágil, al que hay prodigar atenciones y evitar traumas. En mi modesta opinión tampoco se editan tantos juegos malos en España, casi diría que muy pocos (¿sabéis que Justin Bieber tiene su propia linea de juegos de mesa?). Yo no termino de entender muy bien de porque ese miedo a la opinión. ¿falta de confianza en el producto que se edita?

Por otro lado, sabemos que en España y probablemente el resto del mundo, los pocos profesionales de los juegos de mesa, tanto editores , como autores, diseñadores gráficos, traductores, etc. han sido antes aficionados a los juegos de mesa. No creo que sea descabellado pensar que la crítica salga del mismo lugar. Aún sin ser profesionales, y quizás mejor así a cuenta de la naturaleza independiente que se presupone a la crítica. Además, y no creo que sea en vano, la mayoría de los medios que consiguen hacer que los juegos de mesa estén presente en el día a día, son de los aficionados, y sí, hablo de blogs, videoblogs, podcasts, foros y demás posibilidades que nos ofrece la red. Es verdad que con una repercusión mínima, pero repercusión al fin y al cabo. Y por eso creo que es normal que sea el lugar donde termine por nacer la crítica.

La verdad conozco poco otro del estado de otra aficiones minoritarias, pero sí que sé que en torno a los juegos de mesa pasan muchas cosas, la mayoría muy buenas. Y esa comunidad que se ha ido creando en torno a ellos, es la creo que debe que pensar y sentir la necesidad de que exista una aproximación crítica a los juegos de mesa. La mayoría querrá consumirla y algunos querrán, (querremos) hacerla, pero de eso tratara la próxima entrada. De como dar los primeros pasos en esto.

 

La felicidad no es un largo camino.

Cuando me pongo en este plan me odio.

Si queremos difundir los juegos de mesa hacia el publico generalista, este previamente tiene que pasar por un proceso de adaptación, empezando por jungle speedes, muchkines y demás para ir dando pasitos hasta llegar a otros juegos, tipo agricola, alta tension, etc.

Hoy toca pelearme con una percepción habitual en los juegos de mesa, la de que estos poco menos que son materia de iniciados y es necesario una introducción progresiva a los legos. Pero ¿realmente esto es así?

¿Es adecuado pensar en los juegos como una linea progresiva donde se van quemando etapas, primero el munchkin, después el ciudadelas, luego el agricola, más tarde el twilight Struggle, para acabar en un wargame o en un juego de gestión económico-ferroviaria.?

Yo entiendo que no, que ninguno de esos juegos prepara para otros, o al menos ni esa esa es su función y si lo hacen lo hacen lo mismo que otras cosas que en principio puede parecer que no tienen nada que ver con los juegos. Por ejemplo una persona que le guste la historia de las batallas puede sentirse cómodo ante la idea de resolver una de esas en un mapa de papel.

La verdad es que pienso que la mayoría de la gente que les gustan los juegos de mesa ha tenido una idea de los diferentes tipos de juegos en cuanto ha tenido oportunidad de probarlos. Es perfectamente posible que una persona que disfrute de un juego exigente en cuanto a concentración, reglas y tiempo haga lo mismo con uno de esos juegos llamados ligeros. Es un cliché eso que hay un juego para cada momento, pero es cierto. No entiendo porque no puede suceder el camino inverso, que gente a la que le gusten juegos ligeros y cortos pruebe juegos largos y exigentes y le satisfagan.

Por supuesto puede ocurrir y ocurre todo lo contrario, en ambas direcciones. Pero ¿alguien conoce a un solo graduado que haya completado la linea curricular que se propone? Estoy de acuerdo que hay juegos exigentes, aunque también reconozco que vivimos en un mundo que nos prepara de sobra para afrontarlos o rechazarlos en función de nuestro gusto. Hay libros, películas, videojuegos, comics donde encontramos lo mismo. Y no conozco una sola persona que no sepa que es esto del ocio cultural, que no lo haya practicado en alguna de sus formas y ya tiene determinados gustos y una preparación para afrontar un juego de mesa en cualquiera de sus variantes.

Tendemos a pensar en el público como si fuera un niño de corta edad, como si tuviera una mente en blanco, y una salud frágil. Como si pensáramos que le podemos meter lo que sea pero con cuidado de no traumatizarle hasta el final de los días. Es verdad que el público, la sociedad desconoce los juegos de mesa, pero no tengo tan claro que no sepa lo que le puede gustar. Así es posible el efecto «revelación» «¡hostia que cosa más curiosa!» cuando se enfrente a un Carcassonne o a un jungle speed. Pero le gustara o no en función de esa persona, es probable que sí, por que es lo que suele suceder. También sucederá que por mucho que haya jugado a los juegos previos a la graduación se aburra con cualquier wargame, que no le diga nada ni le motive conquistar París la 9 división blindada, es algo que también suele pasar.

Pero es que esa idea, la de la graduación, la de los ingenieros lúdicos que dirían los otros, es falsa. Es tan legitimo y del mismo valor que te gusten un tipo de juegos que otros. Nadie es peor por que le gusten los juegos de guerra, los chorrijuegos, los juegos de zombies, nadie es mejor por que le gusten los juegos de gestión económica, los wargames, o los juegos de 30 minutos.

Jugar es una actividad lúdica, inofensiva en todas sus variantes, nadie que los juegue va a ser mejor ni peor que el que no los juegue. Y, evidentemente,  tres cuartos de lo mismo en función del tipo y tema de los juegos que frecuente.

¿Significa esto, que los juegos juegos son y la personas personas son, que aspectos como la divulgación de los juegos y la crítica no tienen sentido? Es una pregunta para mi complicada.  Quiero responder un rotundo «Sí, es muy necesario, es imprescindible» Pero hay algo en mi cabeza que enciende el piloto de alama.

cada vez tengo más claro que la crítica de juegos de mesa, no debe ser un «este juego es muy bueno, este otro es muy malo» . Es verdad que eso debe existir, que es necesario, pero no es más que la opinión de un jugador. Lo que debe hacer la crítica es entender el juego y a quien va dirigido, que no es lo mismo, por cierto. además la crítica debe saber integrarlo en un contexto más amplio que el de los juegos de mesa. quizá esa última parte sea la que haga posible la divulgación. Un reto dificil porque a pesar de todo el mundo es un lugar difícil de entender, bueno, a mi me resulta difícil de entender. Quizá me complico la vida y la felicidad no es un largo camino.

Contra el Spiel des Jahres. Contra el Juego del año.

A estas alturas la pequeña, pero apasionada y participativa comunidad virtual que se aglutina en torno a los juegos de mesa ya sabrá de sobra cuales son los candidatos al Juego del Año 2013. Como siempre vuelven las viejas y esteriles polémicas, es normal, es la salsa de los premios, es imposible satisfacer a todos.

Pero el objetivo de esta entrada no es discutir a los nominados, seguro que todos tienen meritos en su haber, yo no he jugado a ninguno, así como para decir algo. Lo que sí se puede es hablar es de naturaleza de este premio, de a lo que corresponde, de a lo que premia. En este blog no nos conformamos con las descripciones oficiales que uno haga de si mismo, desconfiamos de la autobiagrafía de Jose María Aznar lo mismo que desconfiamos de las bases del Juego del Año. Y no por nada especial, no se trata de arrojar a los caballos una iniciativa que sin duda tiene su merito. Pero entiendo que no es necesario que para que esa iniciativa triunfe, se traslade algo que no es real.

Para empezar el Juego del Año en España, que cumple ya mismo 9 ediciones, es un remedo del Spiel des Jahres alemán (SdJ), estos con la friolera de 35 ediciones. El SdJ lo es todo en el mundo comercial de los juegos de mesa. A estas alturas un juego con la pegatina SdJ consigue que los alemanes lo compren por cientos de miles. Es tal su prestigio, que ocurre lo impensable, el premio de la crítica, anula la capacidad crítica de los consumidores y lo compran sin pensarselo siquiera. El sdj tiene un prestigio ganado apulso. Otro ejemplo de la eficacia alemana que tanto nos gusta a los mediterráneos.

Quien quiera saber como se formó y cuales son los principios oficiales del SdJ puede consultar la charla que el mismo Tom Werneck en las pasadas jornadas DAU de Barcelona. Está transcrita y traducida en la Ficha Roja. Me impresiono el Werneck, lejos de ser un visionario de los juegos de mesa, estaba ante una visión empresarial del mundo de los juegos de mesa como no había visto antes.

SdJ es hoy una de la mayores marcas que hay en el mundo de los juegos de mesa, mucho más importante e influyente que la inmensa mayoría de las editoriales de juegos de mesa. Werneck y cia han construido algo muy importante con muchísima inteligencia. Y los resultados están a la vista, en Alemania se celebra la feria de Essen, que congrega cada vez más y más gente de todas las partes del planeta, y en Alemania casi se puede decir que venden juegos como salchichas. En el «gran salto adelante de los juegos de mesa» el SdJ ha tenido mucho que ver.

El JdA nació como nació el juego del año en otros paises, con el gran referente de Alemania, y con la esperanza de llegar a ser si quiera una fracción de lo que es el SdJ.

No tengo muy claro cual es el criterio que ha llevado este año ha incluir en la pegatina del JdA, la sentencia «Premio de la crítica», pero es algo que lleva haciendo mucho tiempo el SdJ.  No sé en que momento se fundieron crítica y marketing, o más exactamente en que momento usurpo el marketing a la crítica, pero como en Alemania ha terminado sucediendo en España. Es muy inteligente sí, pero para el aficionado de todos los días es un poco deprimente. Los seguidores del fútbol lo entenderán, vean en lo que se ha convertido ese deporte y que es lo que se valora, y lo difícil que resulta identificarse con los jugadores del equipo de uno y el mercado que hay en torno a él. Aunque quien sabe igual ese el reconocimiento social que anhelan los premios del año. Mucho dinero y muchos titulares para la industria ¿a quién va a hacer daño eso? ¿a los profesionales, cada vez con más encargos? ¿a los aficionados cada vez con ¿mejores? juegos?

Aquí, en España, también se ha instalado una falsa percepción y me asalta la duda ¿habrán sido los responsables del JdA tan ingenuos de creerse el discurso oficial del SdJ? ¿habrán comprendido que lo que hace el el SdJ es promover el negocio de los juegos de mesa y no los juegos de mesa? ¿se habrán dado cuenta que se premia lo que es vendible en criterios de empresa? No lo tengo claro, los responsables de JdA suelen mostrar ciertas inquietudes sociales que me dan a entender que no han visto la cara oscura del JdA.

Y digo todo esto por que a semejanza del criterio alemán se ha impuesto una manera de ver las cosas pésima. Se premian los juegos vendibles, es decir lo que la industria considera vendible; esto es  bonito, corto, sencillo (a veces hasta simple), con temas neutros, y apto para todas las edades. En fin juegos que seguro que están bien, pero seguro que no despiertan la euforia en nadie. Sólo teniendo en cuenta esos criterios podemos entender que pasen cosas como que el nº 1 la BGG, el Twilight Struggle sea un juego desaconsejado, como propio de ingenieros y no para nadie con ganas de divertirse y descubrir lo que son los juegos de mesa. O por citar un ejemplo de este año, y tomando la consideración de la bases del propio premio ¿es posible que un juego con 9 años se adecue más al publico español que un juego de un autor español editado este mismo año?

Son ejemplos subjetivos, pero lo que se trata es de demostrar que el SdJ, el JdA, no son ningún premio, solo son marcas, una con un increíble prestigio, la otra por hacérselo. Y el lugar que nos toca a nosotros, ya se sabe cual es, el de consumidores, que para algo está la crítica.

La identidad de una liendre

Una liendre llorona.

En los momentos finales de Stalker (Andrei Tarkovski,1977) el Profesor y el Escritor hasta las narices de su guía terminan por enfrentarse con él y le tachan de liendre. El stalker, patético, lo sabe mejor que nadie, vive en un mundo marginal; aprovechándose de las esperanzas y sueños de los demás para cumplir su propio sueño, cobarde como nadie nunca ira primero. Ninguna identidad vale menos que la del huevo de un parásito. Esa es mi identidad.

Y si escribo esto es por que estoy hasta las narices del debate nacional, Cataluña inunda las portadas, columnas y cartas al director de todos los medios y Cataluña domina los timeline de mis redes sociales. Y claro junto con Cataluña, España. Que sobredosis de nación, que sobredosis de afirmaciones identitarias. Y que acomplejado me encuentro. Yo también tengo una identidad, el problema es que no me gusta. Así que supongo que es normal que utilice el blog para desahogarme.

Me digo liendre, aunque cuando me da el ataque de orgullo me autodenomine como frontera, pero quizás el mejor termino sea el que nos dio Sabino Arana, maketo. Un maketo de la margen izquierda del Nervión, Y encima educado en la transición. No tengo muy claro cuando tome conciencia de maketo, lo que sí sé es que me costo mucho aceptar que era tal cosa.

Yo nací, crecí  estudie y ame en castellano, el euskera y tantas cosas vascas tardaron en mucho en aparecer en mi vida, tarde en comprender que habían estado tan prohibidas que poco menos que habían sido invisible. En mi casa mi madre no hablaba del asunto, como casi todos sus vecinos se limitaba a tirar para delante y tratar de sacar lo mejor que pudiera a su familia, era una maketa, como lo era mi padre aunque este sí que tenía un ramalazo nacionalista y contestatario, pero murió joven y su muerte me privo de tomar conciencia de otro modo de las identidades nacionales.

Para mi fue un cortocircuito, descubrir en los recreos que alegrarse del 12 a 1 de España a Malta, probablemente mi último acto de adhesión a España, no estaba bien visto por todos; también en esa media hora de asueto descubír que había quien decía, muy pocos y pese a la presión de los demás niños, que los atentados de ETA estaban justificados. hablábamos de política, sí, pero como lo hacían los medios de comunicación, esta bien o esta mal, eramos niños e incapaces de otra visión que la maniquea.

Y así uno va creciendo y va descubriendo que su identidad no es la buena. Mirarse al espejo provoca neurosis, de nada sirve que uno haya interiorizado el patxaran, al athletic de Bilbao, que la marcha real de granaderos me provoque nauseas, que la rojigualda me parezca la bandera más horrible. Me puedo engañar pero no quiero, no soy como los vascos, soy un maqueto, una liendre. Sé que se me ofrece una nueva identidad si no es para mi que por lo menos sea para mis hijos. Pero el orgullo me puede, bien debían saber los propios nacionalistas que una identidad no se puede borrar, ni reprimir ni aceptar como si tal cosa.

Yo también tengo un pasado al que mirar, un pasado nada glorioso, no hay una gran victoria, no hay una gran derrota, y la bandera que debiera unir a todas las liendres del mundo no lo hace. Somos el producto de la derrota tras la derrota multiple y anonima, de la miseria que llevó y lleva a la gente a liar el hatillo y buscar lejos de su tierra el sustento. Soy un producto del capitalismo y los estados nación, uno más entre millones. He aprendido en mi pasado que no somos producto de la casualidad, y ni mucho menos el ariete del colonialismo y del genocidio cultural. ¿Cómo no desarrollar cierto sentido de la angustia cuando lee desprevenido  semejantes acusaciones? También sé que estamos condenados, que no debemos preocupar a nadie, somos una excrecencia de la historia.

Nuestra identidad que nos hace propensos a escuchar las teoría y mensajes que nos reconfortan un tanto, el socialismo calo hondo en nuestras filas. Ciudadanos del mundo nos acusan, escaparse al binomio, al maniqueismo es un reproche. Pero ¿debería tomar partido cuando nadie de ellos lo hace por mi? Mi identidad no vale una mierda pero no sé si por extravagante, por humano, o por loco no consigo rechazarla.

Pero inisisto lo maquetos tenemos una identidad marginal, no está creada en función del territorio, es la posición social la que nos define. Ocupamos sitio sí, no puede ser de otra manera. y existimos en prácticamente todas la naciones del mundo. ¿nadie oyó hablar turco en berlín? ¿hindí en Londres? ¿arabe en París? ¿checheno en Moscú? ¿español en Miami? quizá alguien se sienta tentado a hablar del asunto en términos étnicos, pero ya les digo yo que no, que lo surge es otra cosa, es el maketo. Incomodo con sus orígenes incomodo con el lugar que se encuentra.

Probablemente el maketo termina tiene teniendo su particular teoría queer, nada me enfadaría más y espero que no sea así, no somos producto de nuestra voluntad, somos el resultado de procesos históricos en el que no pintamos nada. Padecemos la historia, está en nuestra contra, no tenemos un Destino y un Futuro, así con mayúsculas, somo cantan nuestros poetas ratas contaminadas, o liendres. Que desaparezcan.

También cantaba James Brown Dilo alto soy negro y estoy orgulloso, pero no puedo decir lo mismo la verdad es que no estoy orgulloso de ser maqueto, supongo que debería pero no soy capaz, y no puedo decir bien alto ¡soy maqueto y estoy orgulloso!

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