La identidad de una liendre

Una liendre llorona.

En los momentos finales de Stalker (Andrei Tarkovski,1977) el Profesor y el Escritor hasta las narices de su guía terminan por enfrentarse con él y le tachan de liendre. El stalker, patético, lo sabe mejor que nadie, vive en un mundo marginal; aprovechándose de las esperanzas y sueños de los demás para cumplir su propio sueño, cobarde como nadie nunca ira primero. Ninguna identidad vale menos que la del huevo de un parásito. Esa es mi identidad.

Y si escribo esto es por que estoy hasta las narices del debate nacional, Cataluña inunda las portadas, columnas y cartas al director de todos los medios y Cataluña domina los timeline de mis redes sociales. Y claro junto con Cataluña, España. Que sobredosis de nación, que sobredosis de afirmaciones identitarias. Y que acomplejado me encuentro. Yo también tengo una identidad, el problema es que no me gusta. Así que supongo que es normal que utilice el blog para desahogarme.

Me digo liendre, aunque cuando me da el ataque de orgullo me autodenomine como frontera, pero quizás el mejor termino sea el que nos dio Sabino Arana, maketo. Un maketo de la margen izquierda del Nervión, Y encima educado en la transición. No tengo muy claro cuando tome conciencia de maketo, lo que sí sé es que me costo mucho aceptar que era tal cosa.

Yo nací, crecí  estudie y ame en castellano, el euskera y tantas cosas vascas tardaron en mucho en aparecer en mi vida, tarde en comprender que habían estado tan prohibidas que poco menos que habían sido invisible. En mi casa mi madre no hablaba del asunto, como casi todos sus vecinos se limitaba a tirar para delante y tratar de sacar lo mejor que pudiera a su familia, era una maketa, como lo era mi padre aunque este sí que tenía un ramalazo nacionalista y contestatario, pero murió joven y su muerte me privo de tomar conciencia de otro modo de las identidades nacionales.

Para mi fue un cortocircuito, descubrir en los recreos que alegrarse del 12 a 1 de España a Malta, probablemente mi último acto de adhesión a España, no estaba bien visto por todos; también en esa media hora de asueto descubír que había quien decía, muy pocos y pese a la presión de los demás niños, que los atentados de ETA estaban justificados. hablábamos de política, sí, pero como lo hacían los medios de comunicación, esta bien o esta mal, eramos niños e incapaces de otra visión que la maniquea.

Y así uno va creciendo y va descubriendo que su identidad no es la buena. Mirarse al espejo provoca neurosis, de nada sirve que uno haya interiorizado el patxaran, al athletic de Bilbao, que la marcha real de granaderos me provoque nauseas, que la rojigualda me parezca la bandera más horrible. Me puedo engañar pero no quiero, no soy como los vascos, soy un maqueto, una liendre. Sé que se me ofrece una nueva identidad si no es para mi que por lo menos sea para mis hijos. Pero el orgullo me puede, bien debían saber los propios nacionalistas que una identidad no se puede borrar, ni reprimir ni aceptar como si tal cosa.

Yo también tengo un pasado al que mirar, un pasado nada glorioso, no hay una gran victoria, no hay una gran derrota, y la bandera que debiera unir a todas las liendres del mundo no lo hace. Somos el producto de la derrota tras la derrota multiple y anonima, de la miseria que llevó y lleva a la gente a liar el hatillo y buscar lejos de su tierra el sustento. Soy un producto del capitalismo y los estados nación, uno más entre millones. He aprendido en mi pasado que no somos producto de la casualidad, y ni mucho menos el ariete del colonialismo y del genocidio cultural. ¿Cómo no desarrollar cierto sentido de la angustia cuando lee desprevenido  semejantes acusaciones? También sé que estamos condenados, que no debemos preocupar a nadie, somos una excrecencia de la historia.

Nuestra identidad que nos hace propensos a escuchar las teoría y mensajes que nos reconfortan un tanto, el socialismo calo hondo en nuestras filas. Ciudadanos del mundo nos acusan, escaparse al binomio, al maniqueismo es un reproche. Pero ¿debería tomar partido cuando nadie de ellos lo hace por mi? Mi identidad no vale una mierda pero no sé si por extravagante, por humano, o por loco no consigo rechazarla.

Pero inisisto lo maquetos tenemos una identidad marginal, no está creada en función del territorio, es la posición social la que nos define. Ocupamos sitio sí, no puede ser de otra manera. y existimos en prácticamente todas la naciones del mundo. ¿nadie oyó hablar turco en berlín? ¿hindí en Londres? ¿arabe en París? ¿checheno en Moscú? ¿español en Miami? quizá alguien se sienta tentado a hablar del asunto en términos étnicos, pero ya les digo yo que no, que lo surge es otra cosa, es el maketo. Incomodo con sus orígenes incomodo con el lugar que se encuentra.

Probablemente el maketo termina tiene teniendo su particular teoría queer, nada me enfadaría más y espero que no sea así, no somos producto de nuestra voluntad, somos el resultado de procesos históricos en el que no pintamos nada. Padecemos la historia, está en nuestra contra, no tenemos un Destino y un Futuro, así con mayúsculas, somo cantan nuestros poetas ratas contaminadas, o liendres. Que desaparezcan.

También cantaba James Brown Dilo alto soy negro y estoy orgulloso, pero no puedo decir lo mismo la verdad es que no estoy orgulloso de ser maqueto, supongo que debería pero no soy capaz, y no puedo decir bien alto ¡soy maqueto y estoy orgulloso!

I

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