Volver a hacer esas cosas que nunca he hecho

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Me ocurre de vez en cuando, normalmente por las noches. A esas horas que ya ni siquiera son de fantasmas. La euforia se apodera de mi, me creo capaz de escribir maravillosas entradas sobre el fantástico hobby de los juegos de mesa. Siempre lo pospongo , mejor por la mañana, es tan intenso el impulso creador que la maraña de ideas se me antoja abrumadora. Por supuesto, al día siguiente no queda nada de algo que ni siquiera estoy seguro que existió.

Soy un terrible procastinador, no estoy muy seguro de si tal cosa es debida a mi legendaria vagancia, a mi tendencia a fabricar una opinión favorable o desfavorable sin esfuerzo alguno por justificarla o más bien a mi incapacidad manifiesta para expresar con palabras lo que creo que pienso. (me asalta la duda; cuando no se piensa desde las palabras ¿es eso que llamamos intuición?)

En realidad el castellano tiene la palabra perfecta para todo esto; diletante; el que cultiva una afición, ciencia o arte sin tener conocimientos para ello.

Pero basta de flagelos, ya está advertido de sobra el lector. Y ya se habrá dado cuenta que tan burda introducción no es más que una forma de ponerse la venda antes de sufrir la herida, de pedir perdón por tener la insolencia de volver a hacer algo que (casi) nunca he hecho. Hablar de juegos de mesa, escribir sobre ellos.

Vuelvo a jugar, no son pocos los juegos que he jugado estos últimos meses. Mucho más, infinitamente más, que en los previos, cuando la existencia era tan gris, descorazonadora y opresiva que me había olvidado de que había un mundo que vivir, y si algún día aprendo a hacerlo, un mundo que contar. La existencia sigue siendo descorazonadora y opresiva, pero uno termina por acostumbrarse. Es como si fuera un colono del cosmos y hubiera cambiado de colonia minera, las nuevas condiciones ambientales le parecen funestas, pero termina por acostumbrarse a ellas y descubre que lo penoso poco o nada tiene que ver con ellas, que lo que le encoje el corazón no es el exceso de lluvia ni las horas de exposición a la luz lunar. Y termina por hacer esas cosas para las que no creyera tener nunca más ánimos.

Y vuelvo a visitar foros de juegos de mesa con más animo que opinar del peor y más mediático crowdfunding de todos los tiempos, ahora tengo dudas que preguntar y juegos de verdad, va por ti Xavi Carrascosa, de los que decir algo.

Y por supuesto me fijo más en unos que otros. Veo el Estudio en Esmeralda, que va a volver a ser editado, y recuerdo aquella única partida que jugué en las 24 horas de Sabadell. No lo entendí bien, no lo pase mal. Poco me importa que le aligeren el peso y le den un nuevo aspecto, se supone que más atractivo. Los comentarios sobre el juego de Martin Wallace me han llevado a visitar de nuevo el cuento Neil Gaiman que lo inspira. Y otra vez la duda ¿son los mismos Sherlock y Watson que nos hacen complices de su coartada?

Gaiman, no sé porque me cuesta tanto reconocerlo, es un maestro de actualizar y crear nuevos mitos. Y que bien viene semejante hito en este mundo, a pesar de todo se sigue creando belleza desde los propios códigos contemporáneos. Y que haya juegos como el de Martin Wallace me hace creer que seré capaz de volver a hacer esas cosas que nunca he hecho.

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3 comentarios en “Volver a hacer esas cosas que nunca he hecho”

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