El pánico a Pokemon Go

acapulco
No sabemos muy bien si estos soldados están buscando Pokemons o cazadores de Pokemons

Un supuesto común era el de que había algo impropio en la literatura de evasión. La idea de que uno pudiera recurrir a los relatos para huir, siquiera de forma fugaz, de las preocupaciones cotidianas del trabajo, la familia, etcétera, parecería considerarse algo negativo, casi igual al alcoholismo o al consumo de drogas. El argumento puritano estribaba en que el consumo de cultura debía estar presidido por un propósito: el de la superación personal. Sin embargo, muchos de los que proponían estos puntos de vista no consideraban que la absorción de grandes dosis de Shakespeare, Dante o Goethe fuese una forma de evasión, pese a que no resulte autoevidente que la lectura de estos autores pueda “mejorarnos” más que la de Agatha Christie. Donald Sassoon Cultura, pág 1053

Escucho, sin pretenderlo, en la terraza de un bar a una señora mayor. Su tono muestra indignación, ¿de qué hablara? Vaya, parece que la bronca va sobre Pokemon Go, también ella parece necesitar dar su propio punto de vista sobre el fenómeno de nuestros días. No me llegan las respuestas de su interlocutor, habla por el móvil, pero parece que hay consenso y asentimiento mutuo en sacudir a los que pasan las horas con el juego de Nintendo. “Podía ser yo” y ese pensamiento me preocupa en parte.

La buena mujer parece una más de su generación, una más que se ha partido el espinazo y el alma en trabajos penosos toda su vida y solo con la jubilación ha podido disfrutar de la sociedad del ocio que vivimos. pienso en ella como una inadaptada, educada en el esfuerzo y en valorar la cultura del ahorro y el provecho que de repente se ve inmersa en la sociedad de la opulencia y el hedonismo. Salpica su diatriba con vivencias del pasado “Con esos años yo…” pero también con las más oscuras referencias que parece obtener del whatsapp y de las cloacas de la televisión.

No hay especial sabiduria en todo lo que dice, en realidad es un recorrido por los lugares comunes y anecdotas que hemos podido ver en nuestras redes sociales estos días. También ella ha sentido la necesidad de juzgar a pokemon Go, como yo.

Parece como si hubiera dos bandos, los que atacan y los que defienden a pokemon. Por supuesto existen los que se limitan a jugarlo o los que lo ignoran, pero es en esa supuesta polaridad donde quiero detenerme.

Es curioso como ambos bandos insisten en juzgar desde supuestos morales al juego. Sin ningún dato real de la incidencia del juego en la vida real los detractores insisten en anécdotas del que cayo al agua, el que fue atropellado por un coche. Desde el púlpito se condena la practica “te vuelve idiota, te enajena, te convierte en una pieza más del marketing del ocio, es peligroso (te pueden atropellar), te olvidas de los animales abandonados (sic)” *

Hace 100 con el nacimiento del cine se leía algo parecido se sugería que el cine era pecado ” Ramón M. de Bolos en su panfleto titulado Es pecat anar al cine? no sólo sugería que era pecado, también lo desaconsejaba basándose en que deprimía a la gente, atrofiaba el cerebro, era malo para la vista y resultaba peligroso (ya que los cines se incendiaban con frecuencia)”

Por otro lado frente a la inquisición encontramos a la beateria.  Jugar a Pokemon Go no es sólo entretenido sino que también es beneficioso; física y espiritualmente. Y hace milagros. Pokemon Go cura el autismo, propicia la sociabilidad, fomenta el conocimiento del patrimonio cultural y cuida la forma física al sacar a los friquis de casa. Pokemon Go da buenos hábitos.

Exactamente igual que con el cine hace cien años, en la revista Moving Picture World de julio de 1908se podía leer “los espectáculos cinematográficos están logrando  que la templanza progrese calladamente… Hombres a los que antes se veía rara vez por la calle en compañía de sus esposas e hijos han comenzado a adquirir la costumbre de acudir prácticamente todas las noches con su familia durante una hora a los cines por cinco centavos”

A la cultura de masas siempre se la ha juzgado, para bien o para mal desde puntos de vista morales. Quizá no sea la mejor manera de acercarse a la cultura, a los juegos. Quizá estos tengan algo propio que decir y sea más acertado interrogarlos como artefactos de ocio que como catalizadores de la moral.

Hay quien lo hace, Victor Navarro Remesal (@VtheWanderer  en twitter ) escribía ayer en El Mundo de Baleares sobre Pokemon Go. Y sin moralina alguna. No es el único, quizá es a ellos a quienes debamos dirigir la mirada y evitar el pánico y las revelaciones.

¿Dónde y cómo cazar con Pokémon GO en Palma? Artículo de Adrián Quevedo con Victor Navarro Remesa

* y ** ambas citas tomadas del capítulo El pánico cultural, en Cultura de Donald Sassoonn

2 thoughts on “El pánico a Pokemon Go”

  1. Yo lo que me asombra es la publicidad que se le da al juego…..vamos, he visto hablar del pokemon go en todos los telediarios…..

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