¿Y si la memoria histórica duele?

Hace unos día sufrí unas de esas decepciones que de tanto en cuanto me suceden en internet. Decepción, sí, no mayor que un guisante, como el del cuento, algún que otro moratón ya me dejó. Piel fina, piel de príncipe idiota. Y ya no se si me duele el pasado o el presente.

Tan idiota como para entusiasmarme por encontrar un texto sobre un juego de mesa, el Imperial Struggle, donde se hablaba de más cosas de el juego, donde un crítico aficionado de los juegos de mesas, Chris Farrell expresaba su desagrado por el tema del juego, o más bien por la manera de acercarse a él.

El caso es que valore donde enlazar la pequeña crítica, decidiéndome por un pequeño grupo de facebook dedicado a los juegos militares y temáticos. Se me ocurrío que allí, independientemente de estar de acuerdo o no, lo que más llamaría la atención sería como se acerca uno a ese tipo de juegos, que reacciones puede llegar a despertar un juego. Al y fin al cabo es un grupo un poco relamido, donde hay cierta vanagloria por el conocimiento ilustrado. Allí creí yo que encajaría bien un enlace de este tipo.

La reacción, aparte de inesperada, fue casi brutal. Pobre Farrell, su texto fue percibido como una amenaza, como una burla, como una infamia, como un atentado al saber. Rapidamente se descarto la posibilidad de que en un juego se puede leer entre lineas, no tardo menos en salir a la luz la conclusión fatal de que son juegos y nada más, apenas faltaron segundos para los ajustes de cuentas contra cualquier corriente historiográfica que no sea la propia aunque no vendrían al caso.

El caso, me temo, es que soy un ingenuo, todavía no me he dado cuenta hasta que punto eso de la memoria histórica, o la historia se ha convertido en algo emocional, en un arma política, en una tarjeta de presentación, en una seña de identidad. La historia es una trinchera, la historia no se toca, no se mueve, no se interpreta. Parece como si dijéramos que la historia está hecha para hacer los juegos que nos gustan, para ensalzar lo que queremos ensalzar, para denigrar lo que yo queremos denigrar, que la historia está para abrigar nuestras simpatías. Y todo eso me resulta tan estúpido.

No sé que problema tenemos en escuchar a aquellos que la historia, las historias que contamos, las historias que jugamos les causa conflicto. No es de recibo refugiarse en los que no tenemos problema alguno. En vanagloriarse ufanos que no son más que juegos. Esa respuesta, la del desprecio, la de la superioridad, la de la falta de empatía, precisamente creo que es la respuesta que más teme Farrell; un indicio más de en lo que se está convirtiendo de manera cada vez más preocupante esta sociedad.

Supongo que toca claudicar, en la red ya parece que las zonas grises, las zonas de contacto, los margenes son cada vez más menguantes y solo hay zonas donde ejercer la militancia. Quizá la soledad y mis libros me devuelvan la sonrisa, quizá los araños se reparen.

Que por cierto en uno de esos libros que tengo por aquí Pensar el juego coordinado por Victor Navarro Remesal hay dos capítulos de lectura obligada para los pocos que tengan ganas de preguntarse por los juegos. Memoria histórica. La construcción ludica de la memoria colectiva de Jan Gonzalo y Videojuegos Poscoloniales de Beatriz Pérez Zapata.

Memoria histórica de Jan Gonzalo son un conjunto de preguntas no respondidas a partir de sobre todo juegos de mesa, las implicaciones que tiene eso de “la representación de la historia es siempre un ejercicio de seleccionar ciertas partes del pasado para codificarlas en una narrativa asequible al publico” yo ya ese asequible me lo tomo de muchas maneras, me parece que cada vez más el pasado solo es asequible si glorioso.

Por su parte Beatriz Pérez nos apunta lo que quizá debiera ser una obviedad, como “los diferentes contextos dan lugar a experiencia de juego completamente diferentes” y como los jugadores debiéramos tener un poco de cuidado a la hora de abstraernos de la ideología que incorpora un juego.

Pues sí, afortunadamente hay gente que piensa en los juegos, y en la historia, que huyen de sus propias simpatías y prejuicios. Es una pena que no se pueda hablar de estas cosas, y más en sitios que presumen de ser foros. Pero no todo está perdido, al menos por el momento.