Una crítica tres estrellas

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Tengo un vago recuerdo de cuando comenzó mi afición por la crítica. Debió ser hace mucho tiempo, en ese tiempo tan definitorio para la persona que es el paso de la niñez a la adolescencia. Es un momento delicado, o eso me parece, es el momento en que se marcan muchas de las aficiones y de las fobias, y sobre todo de la manera de entender la vida y adquirir unas expectativas sobre la misma.

No era la peor de mis aficiones, y me gustaba ojear por las mañanas el periódico, El Correo Español-El Pueblo Vasco se llamaba por aquel entonces. Y sobre todo me deleitaba con la crítica televisiva de las últimas páginas, bueno más que televisiva, cinematográfica. Allí Antón Merikaetxebarria se despachaba todo lo gusto que le permitían las tres o cuatro lineas de la columna.

Ese fue mi estreno con la crítica, no fue en el glomuroso Cahiers du cinéma, con sofisticadas y pretenciosas críticas de los Truffaut y compañia. Mi caso fue en un diario regional, en su sección para la televisión y de las manos y pluma del entrañable Merikaetxebarria. Pensareis que muy de pueblo, pero que queréis que os diga, con el tiempo sus pequeñas críticas llegaron a ser una parte grata de mi existencia. Una cita obligada.

Su método solía ser destacar una película del día y si acaso dedicar un par de epítetos a las restantes. A la sucinta crítica le acompañaban o bien 3 estrellas (obra maestra) 2 estrellas (buena película), 1 estrella (entretenida) o un gran punto negro (pésima). Me reía mucho con las gráficas descripciones de las peores; “A huir como de la peste”solía decir de ellas, y por supuesto, obediente que es uno, le hacía caso. Aunque con el tiempo descubrí que las críticas más furibundas solían estar limitadas a las que la OCIC (Organización Católica Internacional para el Cine) consideraba negativas, cuestión está nada baladí, ya que en cierto modo garantizaba desnudos femeninos. Y semejante y capital cuestión convirtió a aquel gran punto negro en un gran aliciente para ver las peores películas que se hayan dado nunca en televisión.

Pero sobre todo recuerdo que al comienzo leía las crítica con desconcierto ¿cómo era posible que Dos Hombres y un Destino sólo tuviera dos estrellas? Recuerdo que vi Ciudadano Kane con expectación, por primera vez veía una película con conciencia de “tres estrellas”, y que fiasco. Aún hoy me cuesta entender por que aparecía, y supongo que sigue apareciendo, como la mejor película de todos los tiempos en tantas listas.

Afortunadamente el trauma no fue tal, y perseveré. Eran otros tiempos, las televisiones daban mucho cine y sobre todo, la pública, la segunda, que por aquel entonces creo que comenzaba a llamarse la 2, tenía cosas como Cine Club. Nunca se dirán elogios suficientes sobre semejante espacio, un lugar que nos dió a los insomnes, a los que no teníamos vídeo, a lo tarados un espacio nocturno para vivir día tras día las mayores de las emociones.

Pero no adelantemos acontecimientos. Antes de cine club y después de Citizen Kane llegó Metrópolis. Mi segunda tres estrellas. Y se me vino el mundo abajo. Por fin comprendí que el cine era un lugar, o el sofá de casa, de acuerdo, para que la piel se ponga de gallina. Tampoco la entendí bien del todo, era jovencito recuerdo, y me parece que fue exactamente el mensaje nazi de la película lo que me conmovió. Fritz Lang y Thea von Harbou hicieron un buen trabajo y me llevaron por donde quisieron.

Pero ahora sí, ahora entendía lo de las tres estrellas, era algo diferente, algo que superaba los convencionalismos, algo que podía llegar muy adentro. Me imaginaba que cada película que iba a ver con las tres estrellas era un tesoro, y como el de Leolo, escondido en un lugar tan banal y cercano como la televisión que presidia el comedor.

Y estaba el bendito cine club, y las tres estrellas de Merikaetxebarria me empujaron a ver a Bergman, y después el cine japones y llegamos a Tarkovski y a Trnka. Las noches se convirtieron en la verdadera vida, cada película era un chute, una sobredosis de emociones. Lo que yo más anhelaba y aún hoy anhelo, lo que el día, el mundo real, no me ofrecía, lo tomaba de la televisión nocturna. Descubrí que sí, que las dos estrellas eran más que correctas y entretenidas. Pero que no llegaban, ni a kilómetros, donde otras lo habían hecho. Decía o citaba Xavier Carrascosa en el último podcast de El tablero algo así como que “La crítica debe guiar a buen puerto” en mi caso, vaya que si lo consiguió.

Aquí quería llegar yo. Escucho con cierta pesadumbre y demasiadas veces que se reprocha a quien acierta a hacer comentarios negativos sobre un juego aquello de ” hay que tener en cuenta al publico al que va dirigido” o variantes similares. Pienso que aunque lógica no falta en el argumento, lo que se hace es matar la crítica y el sentido iniciático de la misma.

No puedes poner en referencia a un juego con su publico si no con otros juegos. Ya se encargara ese supuesto publico de encontrarlo.  Es como si Merikaetxebarria hubiera decidido dar tres estrellas a la mejor de entre las regulares, o de las malas, o lo que fuera. Que el lector de la crítica piense que puede estar o no ante algo grande, algo fenomenal, no ante un estudio de mercado. Si el crítico se debe convertir en un analista de mercado apañados estamos.

A fuerza de relativizar y de contextualizar en lo políticamente correcto agotamos el lenguaje. Si convertimos, por ejemplo, a Codigo Secreto, un gran pasatiempo, pero un pasatiempo, en el juego de los juegos. ¿que diremos de los otros juegos? ¿de los especiales? ¿cómo se va interesar nadie salvo por milagro por ellos? Si hacemos de los llamado fillers, lo que vendría a ser en el cine, los una estrella, el estandar de calidad ¿como quiere nadie emocionarse con un juego?

O quizá el loco soy yo que busco en el cine o en los juegos lo que nadie.

 

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Apocalipsys Now! El fin de los días

 Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira.  Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra. (apocalipsis 6.17)

No sé hasta que punto la masacre de Oslo y Utoya, ha motivado la entrada de hoy. La verdad es que ha coincidido en una temporada que he satisfecho de una de mis pulsiones más bajas e inconfesables, ver películas post-apocalípticas. De alguna manera he querido recuperarme de mi abstinencia de varios años sin ver novedades cinemátográficas (como si ya estuviera satisfecho con lo que ya conocía) y en las últimas semanas me he tragado una cantidad increíble de lo que se considera como cine de ciencia ficción, con especial atención al apartado post-apocalíptico. El apocalipsis, el último libro de la Biblia, el libro de Juan que describe el juicio final, la destrucción de la civilización material y la llegada de la Nueva Jerusalen. En fin un libro de revelaciones sobre como será el fin de la humanidad tal y como la conocemos, y así no es de extrañar que haya gozado de la preferencia de todos los públicos de todas las épocas.

Quizá antés los más pobres se conformaban con la lectura pública de algún fragmento del Libro de las Revelaciones y sólo los más ricos podían costear los cuadros o los libros con los grabados que daban imagen al juicio final, a la irrupción de los cuatro legendarios jinetes. Desde luego que las imágenes que propone el libro de Juan son poderosas, quizá sólo se le puedan comparar las que sugiere la lectura del Genesis, la creación del Universo. Pero ver destruido y condenado todo lo que se conoce supone un atractivo añadido. Y el cine donde la imagen lo es todo no podía sustraerse a la fuente inspiradora del Apocalipsis, y más cuando penden sobre nuestras cabezas amenazas reales  como la guerra nuclear. ¿Cuantas películas nos han presentado el final de la humanidad? Muchas, demasiadas, casi todas malas, rozando lo infame, diría yo. Quizá mi juicio venga demediado por llegar primero  al apocalipsis de la mano de la lectura y no del cine. Y eso que eran novelas baratas que en muchos casos han servido de inspiración para las propias películas. Pero yo ya tenía en mi cabeza mis propias imagenes apocalipticas. Seguro que creadas a partir de novelas como La Danza de la Muerte de Stepehen King, Las Montañas Blancas de John Cristopher, El día de los Trifidos  de John Wyndham o Cántico por Leibowitz de Walter M. Miller y algún cuento como Hacia el anochecer de Robert Silverberg que hablaba del hambre y el canibalismo tras el desastre final. Y muchos más, frutos de una lectura compulsiva y devoradora de ciencia ficción por mala que fuera. Eran mis años mozos.

La danza de la Muerte, de Michael Wolgemut

Después he crecido, y he aprendido a ver otras imágenes apocalípticas. Curioso quería utilizar el termino sutil, pero me pregunto si semejante termino sirve para describir el apocalipsis. Quizá si para entender algunas maneras de acercarse a él. Como la aparición de la Estatua de la Libertad en El Planeta de los Simios ( Franklin F. Schnaffer), que nos los cuenta todo. O el león en la nieve de la desierta Nueva York de 12 monos (Terry Giliam).  Seguro que si me detengo y hago un pequeño esfuerzo saco unas cuantas películas que tienen un par de imágenes sugerentes o impactantes.

Y si cuento  todo esto, es por la sensación de viejo cascarrabias que me ha embargado ¡otra vez! al ver las nuevas películas del genero de los últimos años. Demasiados zombies, demasiada road movie, demasiado vacio. Lo sugerente, lo que atrae del apocalipsis o de lo que viene trás él, no son las peleas, las persecuciones o los tiros. Que me cuenten la historia de siempre en un decorado pos nuclear me aburre, y si por lo menos ese decorado te atrapara… Me ha pasado con el Libro de Eli, y no por que tenga un mensaje religioso, que no lo tiene, y si lo tiene es tan burdo que sólo consigue molestar a creyentes y no creyentes. Y mira que la película prometía, con lo habitual sí, carreteras pobladas de coches oxidados, megaciudades abandonadas, un armageddon que no se explica (como debe ser), una cierta preocupación por hacer que la estetica correspondiera a lo que creemos que será un mundo destruido (me da igual que sea tan parecido a Mad Max), pero es que no, no puede ser que me cuenten otra película de heroe redimidor, si hasta me pareció mejor otra película tan bobalicona como “El cartero” de Kevin Costner.

Y luego están esas películas de zombies, pandemias y demás, como 28 horas, 28 semanas etcétera, etcétera. Yo sólo consigo pasarlo bien cuando describen como se expande el virús, como poco a poco va llegando a todas partes y acabando con toda esparanza. La parte de aventuras me sobra, la consecución del antidoto, las peripecias de los heroes, no tienen ni punto de comparación (si es que está bien contado, claro) a la irrupción y desarrollo de un pandemia mortal. Incluso me aburrí, por dios cuanto flash back, con The Road ese angustioso relato del padre y del hijo en un mundo sin esperanza posible. Y mira que la película tiene potencial, pero le sobran muchas cosas, como ella. Pero por lo menos, y aunque sea una road movie, si hay un esfuerzo por crear un paisaje desesperanzador. Y es que al final me parece que me conformo con poco, a una película de este genero me parece que con que me ofrezca tan sólo una imagen original de que como se ha ido todo al garete la perdono. Y eso es lo que hago con The Road, por que es más angustiosa que aventurera.

Y hay alguna más que visto, como Terminator Salvation, la que es la cuarta parte de Terminator, pero, y yo no entiendo nada en que se gastaron 200 millones de dolares, aquí no hay ningún esfuerzo en mostrar el mundo de el día después. Lo único que podría salvar algo una película tan rematadamente mala, de verdad que me cabrea que no se den cuenta de que han pasado al lado de una mina y ni la hayan visto.

Definitivamente mis convicciones de que soy un cascarrabias ya sin remedio se fortalecen. Estoy seguro que en otro tiempo, mejor dicho si fuera más jovén, y viera ahora El planeta de los simios, Cuando el destino nos alcance y que son tan reguleras, en cualquiera de sus propuestas, me quedaría con The Road o Hijos de los Hombres. Con la carretera porque tiene un acabado visual mucho mejor que cualquiera de esas películas de los 70, e Hijos de los hombres porque propone problemas “más candentes”. 

Esto no es una película. Es España, hoy en día.

Y una curiosidad, tras el colapso, la imagen que suele ofrecernos el cine de paisajes yermos, donde nada crece, hostiles a los hombres nada tiene que ver con uno de los paisajes apocalipticos reales que existen en este planeta. Chernobyl y su zona prohibida, con la ciudad abandonada de Pripiat. Allí donde la radioactividad hace que el hombre no pueda vivir la naturaleza ha tardado poco en reivindicar su dominio. El campo de futbol parece ahora una hermosa alameda (si es que son alamos lo que allí crecen) y las raices van poco a poco resquebrajando el asfalto de la ciudad. Y eso que sufrieron el mayor de los venenos, y no hace mucho tiempo. Parece como si creyeramos que nada nos puede sobrevivir y la naturaleza nos dijera que somos unos cretinos.

La zona "muerta" de Pripiat

Y volviendo a The Road en las grandes ciudades, y no tan grandesya estamos acostumbrados a ver a esos despojos con el carrito buscando en los contenedores chatarr, comida y vete tú a saber qué, ¿es un indicio, como lo era el niño del pozo de 12 monos que algo marcha mal?. Y sí ese carrito de la compra que arrastran la pareja protagonista me recuerda a otro de los grandes episodios postapocalipticos que ha registrado la Historia de la Humanidad. Son como los trineos que arrastraban en la ciudad de Leningrado durante su asedio. Cuando no había ni luz, ni agua corriente, ni calefacción en el invierno de 1941. Cuando los canibales reales se ocultaban y acechaban. Cuando la gente simplemente se desmayaba y moría de hambre en sus calles. Cuando a parte de todo lo que sufrían en la ciudad estaban rodeados por la guerra. ¿Para cuando una película sobre el asedio de Leningrado que nos acerque a lo que allí ocurrió? Hay alguna versión pero es infame.

Y claro que hay juegos de mesa sobre el apocalipsis, sobre todo de zombies, pero yo sólo quería contar un poco que creo que he demasiados películas ¿malas? en los últimos tiempos, y que era bueno volver a escribir en este blog. Y acabo con las palabras del Stalker en “pic nic en el camino”

¡Felicidad para todos, y gratis!

Andrei Rubliev y Teofanes (la pasión según Andrei)

No tengo tiempo para casi nada. Menos para el blog. Por no dejarlo desierto dejo un pequeño video, un fragmento de Andrei Rubliov de Andrei Tarkovski. Me sirve para recordarme lo injusto que es generalizar,  hablar de la gente, ese vago e impreciso sustantivo acusador.

Por cierto que grande es Tarkovski.

El fondo del aire es rojo. Chris Marker

Acabo de ver un documental en youtube. Uno de esos documentos que se tiene rara ocasión de ver pero que impresionan. “El fondo del aire es rojo”  (1977) de Chris Marker abarca las décadas de los 60 y 70, desde el punto de vista de los principales movimientos sociales y revoluciones que vio el mundo. Lugares como Vietnam, La primavera de Praga, Chile, Cuba, París y su mayo del 68, México y la Plaza de las Tres Culturas… y tanto protagonistas anónimos como celebridades como Brezhnev, Fidel Castro, Jorge Semprún,  “Che” Guevara, Emil Zapotek, etcétera, aparecen en los fotogramas de “El fondo del aire es rojo”. Aunque a buen seguro, y en mi caso, lo que más me ha impresionado son las imágenes de la primavera de Praga. Pero si algo caracteriza a este documental es eso, que impresiona.

Es difícil de sintetizar todo lo que me ha pasado por la cabeza cuando veía el documental de Chris Marker,pero me quedo con la calidad y variedad de todos los testimonios. En su mayoría contextualizares, pero en algún caso, como en el de Jorge Semprún, el testimonio es algo más,  es realmente es un análisis de lo que ocurría en esos momentos, cosa que no se puede decir de algún que otro intelectual, que queriendo o no, caían en el idealismo. En ese sentido es muy significativo, y muy triste, las palabras que incorpora Chris Marker al epilogo 15 años después, en 1993.

Son muchas cosas las que propone y se presentan a comentar, subrayar o cuestionar “El fondo del aire es rojo”, yo, ya digo que acabó de verlo, estoy “asentando” su pesada digestión. Solo quiero remarcar las palabras de Semprún al comenzar el film “En los sesenta, todo cambió. Estábamos saliendo de la Guerra Fría y la revolución de 1917 pertenecía a los museos. Las mentes más brillantes creían que habíamos, por fin, alcanzado la era de la razón. Y el único problema era averiguar cuándo y cómo la humanidad alcanzaría un estándar universal de civilización. Y todo se vino abajo. en Cuba, en China… Pero si hubiera que resumirlo en una palabra esa sería Vietnam.”  Yo no fui espectador de ese momento, sólo lo conozco de libros, películas o músicas variadas. Normalmente lo juzgo con cierta dureza y lo infravaloro. Me temo que tengo que combatir mis prejuicios.

Chris Marker es un ya muy veterano  documentalista francés, entre sus obras tiene un documental sobre la figura de Andrei Tarkovski, que tan sólo en una ocasión realizó una película dramatizada “la Jetée” (1960), muy poco conocida pero que sirvió de inspiración  para  Terry Gilliam y sus “12 Monos”.

Lo mejor es que lo veáis vosotros mismos, ya os interese  la historia en general, en la  guerra fría en particular,  la “nueva izquierda”, los movimientos sociales, los documentales, Chris Marker, curiosos, aburridos de la TV convencional, etcétera, etcétera está, sin duda es una buena inversión de tiempo.

1ª Parte. Las manos frágiles (en formato reproducción, los 10 vídeos se cargaran automáticamente)

2ª Parte. Las manos cortadas (en formato reproducción, los 10 vídeos se cargaran automáticamente)

Quemados por el sol 2ª parte. Deisis y Fortaleza.

Me entero gracias a las estadísticas de este blog que está a punto de estrenarse  Quemados por el sol 2ª parte. 16 años después de Quemados por el sol, su director, y protagonista principal, Nikita Mijalkov vuelve a contar las desventuras del coronel Sergei Kotov, viejo bolchevique y héroe de la guerra civil rusa. Y lo hará en forma de dilogía: Quemados por el sol. Deisis y Quemados por el sol. Fortaleza. Deisis se estrenara el próximo 22 de abril y Fortaleza el 4 de noviembre del 2010.

Al final de Quemados por el sol asistíamos al descorazonador secuestro de Kotov por los agentes de la NKVD. Kotov era uno más de los miles de oficiales condenados por Stalin en la gran purga de 1937. En la película Kotov era presentado como un oficial carismatíco, adorado por su tropa y un excelente padre de familia. Una familia, por cierto, compuesta por lo que en aquellos tiempos y en la URSS, pasaría por “burgueses y artistas decadentes”  y sería quemada por el sol de la revolución.

Ahora, cuatro años después según la cronología de la serie, veremos a Kotov durante la Segunda Guerra Mundial (la Gran Guerra Patriotica 1941-1945) y los primeros años de la posguerra. Superviviente del gulag stalinista, Kotov ingresará en los batallones  penales del ejército rojo, en cierto modo similares a los que nos cuenta Robert Aldrich en Doce del patíbulo.

Una puntualización, estos batallones penales lo formaban oficiales condenados por delitos comunes y no por delitos “contra el estado”,  salvo la excepcional e petición personal del Comisario del Pueblo de Asuntos Internos Lavrenti Beria.  Supongo que Mijalkov se ha tomado una pequeña licencia, quizá inspirado en la biografía del Mariscal Konstantín Rokosovski. Los batallones de castigo podían servir para rehabilitarse (y  siempre que sobrevivieran a las extraordinarias tasas de mortandad que sufrían quienes se integraban en ellos,  en la vanguardia de las operaciones más mortíferas),  que o bien resultaran heridos de gravedad o mostraran un excepcional valor en combate. Desconozco si en la futura película Kotov llegara a conseguir el perdón del estado Stalinista.

Pocos detalles  puedo ofrecer de la película, que se mantiene casi en su totalidad el elenco de actores de la primera parte,  incluso Mitia, el traidor, que parece que sobrevivió a su intento de suicido, y que es una superproducción como las que habitúa a realizar Mijalkov; es la película más cara de la historia de Rusia, ha costado más de 55 millones de dolares, y un rodaje que ha durado más de 2 años, en Alemania y Rusia y en el que colaboró el Ministerio de Defensa de Rusia.

En youtube se pude ver ya algún trailer

Lo cierto es que, y más allá del despliegue de medios, se despierta el escepticismo.Me parece que Mijalkov se gusta a si mismo demasiado y que va a protagonizar en demasía una película supuestamente “coral”. Y que vamos a volver a ver Guerra y Paz esta vez ambientada en la Segunda Guerra Mundial.  Viendo la escena del ametrallamiento de prisioneros soviéticos por sus carceleros de la NKVD, tan academica y supuestamente realista,  me acuerdo de las palabras de Zizek, “no se puede representar  la barbarie desde la prosa, es una labor que corresponde a la poesía”.

Desconozcó los detalles de la fecha de estreno en España y que títulos le daran a ambas partes. En inglés se ha optado por llamarlas “Exodus” y “Fortress”. Aunque lo más correcto sería llamar a la primera parte Deisis, un elemento de la iconografia sagrada de la religión ortodoxa rusa que representa al Cristo Todopoderoso y al Juez rodeado de santos que elevan una plegaria intercediendo por el género humano (deisis, traducido del griego, significa ‘oración’, ‘ruego’).

Deisis; Santa María y San Juan Bautista interceden ante Cristo por la humanidad entera

Por cierto estos días se ha dado la noticia de la intención que el alcalde de Moscú, Luzhkov, tenía de colgar carteles de Stalin durante la celebración del 9 de mayo, el día de la victoria, en las calles moscovitas. “No soy un admirador de Stalin, pero soy un admirador de la historia objetiva”, declaraba Luzhkov, quien finalmente ha cedido a la presiones y no va a a colgar los afiches  de Stalin.  Retratos oficiales que no se ven en Moscú desde la desestanilización de mediados los años 50 del pasado siglo . Por lo tanto no es de extrañar que el próximo estreno de Quemados por el sol. Deisis haya levantado ampollas en ciertos sectores nacionalistas de la sociedad rusa, que ven en Stalin uno de sus mayores héroes. La memoria histórica, ellí como aquí, ayer como hoy, sigue siendo algo que suscita polémicas encendidas.

Las porquerías de Cabo Cañaveral

En una escena de la película de Billy Wilder “El apartamento” la casera de Woody (_Jack Lemmon) reprocha el mal tiempo reinante a “las porquerías que hacen en Cabo Cañaveral”. Una más de las genialidades del guión del tandem I.A.L. Diamond y Billy Wilder. Con tan sólo una frase nos transmiten de manera convincente el carácter tradicional, gruñón y escéptico de la buena mujer. Cabo Cañaveral en aquellos años -“El apartamento” está ambientada en el años de su realización, 1960- estaba muy de moda. La Unión Soviética y los EEUU estaban embarcados en la carrera espacial que terminaría 9 años más tarde con el hombre en la luna. Los americanos realizaron entre 1955 y 1961 23 lanzamientos (7 de la misión “Jupíter” y 16 de la misión “redstone”), que acapararon las portadas de los periódicos y de los noticieros televisivos. No es de extrañar, por tanto, que la casera de Woody mostrara su preocupación por el mal clima reinante atribuyendeselo a la megalomania humana.

La verdad es que es a mi se antoja genial, una sola frase y consigue dos cosas, hacer un perfil de un personaje y arrancar una sonrisa del espectador. Y todas la películas del tandem son así, maravillas que debemos preservar en la memoria.

Pero a lo que iba, hoy, y a diferencia de entonces, Cabo Cañaveral apenas si dice nada, hoy en día se le llama “Centro Espacial Kennedy” y antes fue “Cabo Kennedy” (1963-1973) en honor al presidente asesinado y gran impulsor del programa espacial americano. Quizá me equivoque, pero es posible que el chiste pase desapercibido a espectadores desprevenidos. En mi caso no ocurrió y creo que fue gracias a las novelillas de detectives juveniles que leí hace muchísimos años. Me parece recordar que en la serie “Los tres investigadores” aparecía en más de una ocasión”Cabo Cañaveral” o “Cabo Kennedy” y, siempre, una “Ene del Te” -cogí gusto a aquello de N. del T.- se explicaba que Cabo Cañaveral era como se conocía antes a Cabo Kennedy.

Supongo que pasara con casi todas las actividades, un montón de películas, con infinidad de libros, de cuadros. Un pequeño cambio, y, ¡zas! de repente se nos hurta algo que no se había tenido en cuenta.  ¿Cuantos detalles nos pasaran desapercibidos como el de Cabo Cañaveral?.

Supongo que es inevitable, pero siempre nos quedaran los historiadores… y los blogs… y Willy Wilder.

Ven y Mira. Jatín (Khatyn).

La entrada a Jatín

Ven y  mira, lo que parece un lema ideado para una campaña turística es, en realidad, todo lo contrario. Extraída del Apocalipsis de San Juan, ven y mira es una invitación al recuerdo, a saber de el horror que es capaz de crear el ser humano. Jatín-Xaтынь (o transcrito a la manera anglosajona Khatim) hoy en día no existe, en su lugar se encuentra un memorial donde antés estuviera el pequeño pueblo bielorruso.

Vista lateral de "El hombre invencible" y el memorial

Jatín tuvo el mismo destino que los más de 5.000 aldeas pueblos bielorrusos destruidos y algunos o todos de sus vecinos fueron asesinados durante los tres años que duro la ocupación nazi. El día 22 de marzo de 1943 soldados alemanes y policias ucranianos y bielorrusos del 118 batallón irrumpieron en la aldea, desalojando de sus hogares a sus moradores. Más de 150 personas fueron concentradas en un granero al que prendieron fuego. Para huir de las llamas los desgraciados campesinos rompieron las puertas pero los que lograron salir fueron ametrallados. En total murieron 149 personas, 75 de ellas niños. Los únicos supervivientes fueron Yuzif kaminsky de 56 años, al que la leyenda atribuye que su hijo murió en sus brazos (y supuso la imagén de la escultura principal de Jatín, “El hombre invencible”) y dos niños de 12 y 7 años.

La historiografía conservadora occidental capitaneada por Norman Davies reprochó la elección de Jatín por Breznev como el lugar donde honrar a las aldeas y gentes bielorrusas. Según Davies era una maniobra para desviar la atención de Katín, el lugar donde fueron ejecutados miles de oficiales polacos por la NKVD. En cualquier caso Jatín es un recuerdo al sufrimiento bielorruso, en una guerra donde murió uno de cada 4 bielorrusos.

3 abedules y la llama eterna. La inscripción reza "2 millones 230 mil. Uno de cada cuatro"

La llama eterna de Jatín arde junto  3 abedules. El abedul es el árbol bielorruso por excelencia, y aquí representan a los bielorrusos supervivientes. La llama son todos los que murieron por culpa de la barbarie nazi.

Jatín -junto a la película “la infancia de Ivan” de Andrei Tarkovski- sirvió a Elen Klimov como inspiración para su película “Ven y Mira” más conocida en España como “Masacre”. Un film necesario, donde no hay héroes, y solo sufrimiento, donde un muchacho llenó de ardor guerrero ve como la guerra acaba con su infancia, y de que manera. Una película durisima donde las haya, pero imprescindible.

No encuentro en youtube la película con subtítulos en castellano, pero sí en inglés. Por si alguién quiere verla de este modo.

(es una lista de reproducción, los 13 vídeos cargaran automaticamente)

Y el enlace a la página web

http://www.khatyn.by/