El pánico a Pokemon Go

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No sabemos muy bien si estos soldados están buscando Pokemons o cazadores de Pokemons

Un supuesto común era el de que había algo impropio en la literatura de evasión. La idea de que uno pudiera recurrir a los relatos para huir, siquiera de forma fugaz, de las preocupaciones cotidianas del trabajo, la familia, etcétera, parecería considerarse algo negativo, casi igual al alcoholismo o al consumo de drogas. El argumento puritano estribaba en que el consumo de cultura debía estar presidido por un propósito: el de la superación personal. Sin embargo, muchos de los que proponían estos puntos de vista no consideraban que la absorción de grandes dosis de Shakespeare, Dante o Goethe fuese una forma de evasión, pese a que no resulte autoevidente que la lectura de estos autores pueda “mejorarnos” más que la de Agatha Christie. Donald Sassoon Cultura, pág 1053

Escucho, sin pretenderlo, en la terraza de un bar a una señora mayor. Su tono muestra indignación, ¿de qué hablara? Vaya, parece que la bronca va sobre Pokemon Go, también ella parece necesitar dar su propio punto de vista sobre el fenómeno de nuestros días. No me llegan las respuestas de su interlocutor, habla por el móvil, pero parece que hay consenso y asentimiento mutuo en sacudir a los que pasan las horas con el juego de Nintendo. “Podía ser yo” y ese pensamiento me preocupa en parte.

La buena mujer parece una más de su generación, una más que se ha partido el espinazo y el alma en trabajos penosos toda su vida y solo con la jubilación ha podido disfrutar de la sociedad del ocio que vivimos. pienso en ella como una inadaptada, educada en el esfuerzo y en valorar la cultura del ahorro y el provecho que de repente se ve inmersa en la sociedad de la opulencia y el hedonismo. Salpica su diatriba con vivencias del pasado “Con esos años yo…” pero también con las más oscuras referencias que parece obtener del whatsapp y de las cloacas de la televisión.

No hay especial sabiduria en todo lo que dice, en realidad es un recorrido por los lugares comunes y anecdotas que hemos podido ver en nuestras redes sociales estos días. También ella ha sentido la necesidad de juzgar a pokemon Go, como yo.

Parece como si hubiera dos bandos, los que atacan y los que defienden a pokemon. Por supuesto existen los que se limitan a jugarlo o los que lo ignoran, pero es en esa supuesta polaridad donde quiero detenerme.

Es curioso como ambos bandos insisten en juzgar desde supuestos morales al juego. Sin ningún dato real de la incidencia del juego en la vida real los detractores insisten en anécdotas del que cayo al agua, el que fue atropellado por un coche. Desde el púlpito se condena la practica “te vuelve idiota, te enajena, te convierte en una pieza más del marketing del ocio, es peligroso (te pueden atropellar), te olvidas de los animales abandonados (sic)” *

Hace 100 con el nacimiento del cine se leía algo parecido se sugería que el cine era pecado ” Ramón M. de Bolos en su panfleto titulado Es pecat anar al cine? no sólo sugería que era pecado, también lo desaconsejaba basándose en que deprimía a la gente, atrofiaba el cerebro, era malo para la vista y resultaba peligroso (ya que los cines se incendiaban con frecuencia)”

Por otro lado frente a la inquisición encontramos a la beateria.  Jugar a Pokemon Go no es sólo entretenido sino que también es beneficioso; física y espiritualmente. Y hace milagros. Pokemon Go cura el autismo, propicia la sociabilidad, fomenta el conocimiento del patrimonio cultural y cuida la forma física al sacar a los friquis de casa. Pokemon Go da buenos hábitos.

Exactamente igual que con el cine hace cien años, en la revista Moving Picture World de julio de 1908se podía leer “los espectáculos cinematográficos están logrando  que la templanza progrese calladamente… Hombres a los que antes se veía rara vez por la calle en compañía de sus esposas e hijos han comenzado a adquirir la costumbre de acudir prácticamente todas las noches con su familia durante una hora a los cines por cinco centavos”

A la cultura de masas siempre se la ha juzgado, para bien o para mal desde puntos de vista morales. Quizá no sea la mejor manera de acercarse a la cultura, a los juegos. Quizá estos tengan algo propio que decir y sea más acertado interrogarlos como artefactos de ocio que como catalizadores de la moral.

Hay quien lo hace, Victor Navarro Remesal (@VtheWanderer  en twitter ) escribía ayer en El Mundo de Baleares sobre Pokemon Go. Y sin moralina alguna. No es el único, quizá es a ellos a quienes debamos dirigir la mirada y evitar el pánico y las revelaciones.

¿Dónde y cómo cazar con Pokémon GO en Palma? Artículo de Adrián Quevedo con Victor Navarro Remesa

* y ** ambas citas tomadas del capítulo El pánico cultural, en Cultura de Donald Sassoonn

Una crítica tres estrellas

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Tengo un vago recuerdo de cuando comenzó mi afición por la crítica. Debió ser hace mucho tiempo, en ese tiempo tan definitorio para la persona que es el paso de la niñez a la adolescencia. Es un momento delicado, o eso me parece, es el momento en que se marcan muchas de las aficiones y de las fobias, y sobre todo de la manera de entender la vida y adquirir unas expectativas sobre la misma.

No era la peor de mis aficiones, y me gustaba ojear por las mañanas el periódico, El Correo Español-El Pueblo Vasco se llamaba por aquel entonces. Y sobre todo me deleitaba con la crítica televisiva de las últimas páginas, bueno más que televisiva, cinematográfica. Allí Antón Merikaetxebarria se despachaba todo lo gusto que le permitían las tres o cuatro lineas de la columna.

Ese fue mi estreno con la crítica, no fue en el glomuroso Cahiers du cinéma, con sofisticadas y pretenciosas críticas de los Truffaut y compañia. Mi caso fue en un diario regional, en su sección para la televisión y de las manos y pluma del entrañable Merikaetxebarria. Pensareis que muy de pueblo, pero que queréis que os diga, con el tiempo sus pequeñas críticas llegaron a ser una parte grata de mi existencia. Una cita obligada.

Su método solía ser destacar una película del día y si acaso dedicar un par de epítetos a las restantes. A la sucinta crítica le acompañaban o bien 3 estrellas (obra maestra) 2 estrellas (buena película), 1 estrella (entretenida) o un gran punto negro (pésima). Me reía mucho con las gráficas descripciones de las peores; “A huir como de la peste”solía decir de ellas, y por supuesto, obediente que es uno, le hacía caso. Aunque con el tiempo descubrí que las críticas más furibundas solían estar limitadas a las que la OCIC (Organización Católica Internacional para el Cine) consideraba negativas, cuestión está nada baladí, ya que en cierto modo garantizaba desnudos femeninos. Y semejante y capital cuestión convirtió a aquel gran punto negro en un gran aliciente para ver las peores películas que se hayan dado nunca en televisión.

Pero sobre todo recuerdo que al comienzo leía las crítica con desconcierto ¿cómo era posible que Dos Hombres y un Destino sólo tuviera dos estrellas? Recuerdo que vi Ciudadano Kane con expectación, por primera vez veía una película con conciencia de “tres estrellas”, y que fiasco. Aún hoy me cuesta entender por que aparecía, y supongo que sigue apareciendo, como la mejor película de todos los tiempos en tantas listas.

Afortunadamente el trauma no fue tal, y perseveré. Eran otros tiempos, las televisiones daban mucho cine y sobre todo, la pública, la segunda, que por aquel entonces creo que comenzaba a llamarse la 2, tenía cosas como Cine Club. Nunca se dirán elogios suficientes sobre semejante espacio, un lugar que nos dió a los insomnes, a los que no teníamos vídeo, a lo tarados un espacio nocturno para vivir día tras día las mayores de las emociones.

Pero no adelantemos acontecimientos. Antes de cine club y después de Citizen Kane llegó Metrópolis. Mi segunda tres estrellas. Y se me vino el mundo abajo. Por fin comprendí que el cine era un lugar, o el sofá de casa, de acuerdo, para que la piel se ponga de gallina. Tampoco la entendí bien del todo, era jovencito recuerdo, y me parece que fue exactamente el mensaje nazi de la película lo que me conmovió. Fritz Lang y Thea von Harbou hicieron un buen trabajo y me llevaron por donde quisieron.

Pero ahora sí, ahora entendía lo de las tres estrellas, era algo diferente, algo que superaba los convencionalismos, algo que podía llegar muy adentro. Me imaginaba que cada película que iba a ver con las tres estrellas era un tesoro, y como el de Leolo, escondido en un lugar tan banal y cercano como la televisión que presidia el comedor.

Y estaba el bendito cine club, y las tres estrellas de Merikaetxebarria me empujaron a ver a Bergman, y después el cine japones y llegamos a Tarkovski y a Trnka. Las noches se convirtieron en la verdadera vida, cada película era un chute, una sobredosis de emociones. Lo que yo más anhelaba y aún hoy anhelo, lo que el día, el mundo real, no me ofrecía, lo tomaba de la televisión nocturna. Descubrí que sí, que las dos estrellas eran más que correctas y entretenidas. Pero que no llegaban, ni a kilómetros, donde otras lo habían hecho. Decía o citaba Xavier Carrascosa en el último podcast de El tablero algo así como que “La crítica debe guiar a buen puerto” en mi caso, vaya que si lo consiguió.

Aquí quería llegar yo. Escucho con cierta pesadumbre y demasiadas veces que se reprocha a quien acierta a hacer comentarios negativos sobre un juego aquello de ” hay que tener en cuenta al publico al que va dirigido” o variantes similares. Pienso que aunque lógica no falta en el argumento, lo que se hace es matar la crítica y el sentido iniciático de la misma.

No puedes poner en referencia a un juego con su publico si no con otros juegos. Ya se encargara ese supuesto publico de encontrarlo.  Es como si Merikaetxebarria hubiera decidido dar tres estrellas a la mejor de entre las regulares, o de las malas, o lo que fuera. Que el lector de la crítica piense que puede estar o no ante algo grande, algo fenomenal, no ante un estudio de mercado. Si el crítico se debe convertir en un analista de mercado apañados estamos.

A fuerza de relativizar y de contextualizar en lo políticamente correcto agotamos el lenguaje. Si convertimos, por ejemplo, a Codigo Secreto, un gran pasatiempo, pero un pasatiempo, en el juego de los juegos. ¿que diremos de los otros juegos? ¿de los especiales? ¿cómo se va interesar nadie salvo por milagro por ellos? Si hacemos de los llamado fillers, lo que vendría a ser en el cine, los una estrella, el estandar de calidad ¿como quiere nadie emocionarse con un juego?

O quizá el loco soy yo que busco en el cine o en los juegos lo que nadie.

 

Reseñas y reseñas

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¿Y quién mató a la capacidad crítica? ¿está realmente muerta?

“Es el hablar efecto grande de la racionalidad, que quien no discurre no conversa.” Baltasar Gracián.

Bruno Faidutti, conocidisimo y prolífico autor de juegos, como Ciudadelas y Mascarada entre otros muchos, dedica su última entrada a la reseñas, más exactamente a reflexionar sobre ellas y criticar de esta manera la crítica. Y como él mismo dice lo hace desde una posición excepcional, ya que puede hacerlo desde la condición de jugador, autor, editor y crítico. Ahí es nada.

Faidutti se congratula del estado actual de los juegos de mesa, cada vez más cerca de otras industrias culturales como el cine, la literatura o la música, que se traduce en la aparición de más autores, más editores y más jugadores. Pero también en la llegada de un nuevo actor, el crítico.

Y es a este el que dirige su mirada. ¿Cómo se está  haciendo la crítica a los juegos de mesa en estos tiempos? Faidutti, como yo, es hijo de otra época, y reconoce el placer ¿morboso? de leer críticas de libros no leídos (y juegos no jugados) y le llama mucho la atención lo que es una percepción que también comparto, que cada vez más se utiliza el vídeo sobre el texto escrito para conversar con y sobre juegos de mesa.

En cualquier caso entiende que hoy a cuatro maneras de entender las reseñas.

  • Paráfrasis. Cuando el reseñador se limita a reexplicar las reglas. Faidutti se pregunta que sentido tiene salvo en juegos cuyo reglamento está mal escrito y es particularmente obscuro. Yo he visto vídeo explicaciones hasta del dobble.
  • Descripción. En este caso habla de la descripción pormenorizada de componentes y mecánicas de juegos. Donde el perpetrador, con el ejemplo de W. Eric Martin, llega a presumir de la libertad de elección que proporciona al comprador al no introducir sesgo alguno. Faidutti, como con las paráfrasis se aburre mortalmente con la descripción de juegos.
  • Notas. Aquí Faidutti aprovecha para entonar el mea culpa de lo que ha estado haciendo hasta hace poco. Una nota, según él, es una interpretación errónea de un juego, no hay test o diagnostico posible de medir sus valores.
  • Crítica. Por su puesto está es la manera de reseñar que más le gusta a Faidutti, aquí es donde habla de “la sensación de no haber perdido el tiempo” Vuelve al ejemplo de los otros universos culturales, del placer de conversar con los amigos sobre películas y libros y se pregunta ¿por qué con los juegos no?  No le gusta lo que suele ver en Tric Trac y sí lo que ha encontrado en Drake´s Flames o en Shut Up & Sit Down.  Por decirlo de algún modo  no quiere hojarasca en forma de explicación de reglas, lo que quiere son opiniones bien escritas o expresadas y argumentadas. Literalmente se salta todo hasta llegar a la opinión final.

La reseñas en castellano

Si bien Bruno Faidutti habla de las reseñas del mundo de habla inglesa y francesa, creo que es perfectamente aplicable al mundo de los juegos de mesa en castellano. En general, y salvo honrosas excepciones, las reseñas que hacemos son una amalgama de los cuatro puntos anteriores; tienen paráfrasis, descripción, notas y crítica.

Desgraciadamente es la crítica a la que menos importancia se da. A veces se omite y otra se solventa de manera fulminante como si tratara solo de decir si un juego es bueno o es malo a partir de dos o tres detalles. Cuantitativamente y cualitativamente la crítica que se construye de los juegos de mesa es pobre, incluso superflua.

¿Por qué ocurre esto? Se me ocurren varias causas de esta pobreza crítica. Quizá influya el hecho de que repitamos modelos que vienen de fuera. Normalmente nos llega lo que más trascendencia tiene, y ya hemos visto que no es un fenómeno de aquí, que lo mismo ocurre en la crítica francesa e inglesa. Y emulamos lo que creemos que son los cánones y la trampa mortal que se está convirtiendo lo de “lo útil”. Es posible, ya digo que no es mi caso, que haya quien encuentre útil un “abriendo la caja/opening the box” o un “tutorial del pick a perro“. Como dice faidutti tiene que ser aburrido hacer algo pensando en que le será útil alguien, donde el dialogo está supeditado a variables pragmáticas, eludiendo lo que en el fondo son los juegos. Es posible que sean más vistas, más enlazadas y del agrado de una masa tibia de lectores/espectadores, quizá sea ese uno de los atractivos que lleven a hacerlas.

También está el hecho de que criticar un juego no es cosa fácil. Yo entiendo la crítica a un juego como un dialogo. Y que ese dialogo debe ser rico y abierto, que otro lector pueda incorporarse mentalmente ese dialogo con el juego y con el autor de la reseña. Para hacerlo hay que construir imágenes precisas que el lector pueda reconocer inmediatamente. Construir la imagen del tedio (“Ese dragón blanco que se va haciendo cada vez mas grande en la habitación que no queda más remedio que hablar de él”), del entusiasmo, en suma de la emociones que proporciona un juego no es tarea sencilla. Hoy por hoy prácticamente solo se puede encontrar en Chema Mapundi y Su Yeti, y, quizá un escalón por debajo, en Exito Crítico y El dado de Jack. En los tres casos reseñan para hacer tangible eso tan etéreo que son las sensaciones de juego. De acuerdo no es sencillo, o no todos tenemos la misma facilidad para hacerlo, quizá eso sea un handicap para empezar a hacer reseñas críticas (toma redundancia) pero desde luego también sirve para distinguir una buena reseña del montón.

Es probable que para hacer un buena reseña sea necesario tener un buen bagaje en nuestra mochila. Cuando más certeras sean las comparaciones, las relaciones con otros juegos, con otros artefactos culturales mejores serán. Pero también es cierto que cuanto más reseñas (recuerdo que es critique en francés) hagamos más fácil será crear esas imágenes para esas sensaciones que ahora tanto nos cuesta expresar.

Y una última cosa, como me empeño en demostrar, por ser una reseña o una reflexión no tiene que ser necesariamente divertido, y supongo que se puede hacer una paráfrasis desternillante. Ahí entran las personalidad de cada uno, de el chispeante y de los que somos plomizos.

La entrada de Bruno Faidutti, mucho más interesante de lo que yo haya dicho: http://faidutti.com/blog/?p=5318

 

5 películas de amor y una encuesta sociólogica

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¡Qué libertad! Pintura de Ilya Repín (1903)

Leo un encendido, y nada productivo, intercambio de opiniones sobre Amelie en un conocido foro de juegos de mesa. Lo reconozco, me gusta Amelie, me parece efectista, tramposa y sobre todo tontorrona. Quizá por eso mismo me gusta, quien haya estado enamorado alguna vez y  haya sido correspondido con un beso, una caricia, un abrazo sabrá la cara de idiota feliz que se le queda.

Amelie es un cuento de hadas  sin más merito que volverlo urbano y levemente sofisticado, habla de amor y por supuesto, o sin embargo, no la incluiría en mi selección personal de películas de amor, una lista forjada en los mejores años. Esos años en que uno es ingenuo y soltero. Esos años en que uno se enamora y se siente invisible. Esos años que se busca consuelo en la poesía, o la música, el cine o el kalimotxo.

Y esta es mi lista, realizada con el único criterio de las cinco primeras que me vendrían a la cabeza, lo que me ha hecho dejar algunas joyas como De entre los muertosAl final de la escapada El príncipe Bajaja.

Solaris (Andrei Tarkovski, 1972). Hari y Kris. Reconozco que la primera que la vi no entendí gran cosa, me vi arrastrado por la hermosa, y trágica, historia de amor intuyendo que a parte de eso se contaban y reflexionaba sobre mucho más que sobre la vida del psicólogo estelar y su novia con tendencias suicidas. Con el tiempo la vuelvo a ver desde ese punto de vista. Una película sobre la inutilidad de la segunda oportunidad, la construcción del otro y la propia identidad. De como invariablemente en esto del amor hay uno que moldea y da sentido al otro. Imprescindible.

El apartamento (Billy Wilder, 1960) Señor Baxter y Señorita Kubelik. Este es otro cuento de amor urbano y contemporáneo. Enorme, sensacional. La relación de un eficiente vendedor de seguros y una ascensorista en la gran urbe del capital, poblada de degenerados que engañan a sus esposas con sus secretariasen apartamentos de sus empleados.

Es una cuestión de gustos. Se quiere o no se quiere. 

Luces de la ciudad (Charles Chaplin, 1931) El vagabundo y la violetera. Podría ser otro maravilloso cuento contemporaneo. El vagabundo que ayuda a la florista ciega, quien piensa por una casualidad que su angel de la guarda es un millonario. Sin embargo como bien cuenta Slavoj Zizek en Guia esceptica del universo el momento final de la película es el momento cumbre del amor, cuando ya no hay velos y el uno  reconoce al otro por lo que realmente es, con sus miserias y sus grandezas y Chaplin no nos cuenta si la florista decidió finalmente unirse al vagabundo. Aquí se nos hurta el final feliz, nos queda la duda eterna.

Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rappeneau, 1990). Cyrano y Rosana. Una concesión al romanticismo, al amor como puro ideal. La historia del bardo narizotas capaz de enfrentarse con un ejército y salir vencedor pero incapaz de reconocer su amor por la bella princesa. Entregado a la causa de enamorar a Rosana a través del rostro de otro. Quizá el primer pagafantas acreditado y se puede, y quizá se debe, detestar la tesis de que solo quien es capaz de articular versos alejandrinos es merecedor del amor verdadero, que la pasión y la fogosidad de la juventud no es si no un señuelo para el mecánico uno-dos, uno-dos Y sin embargo, como no sentir algo más que lastima por Cyrano, como no pensar que el destino de Cyrano es el destino de todos los tímidos y timoratos que pueblan en este mundo.

El lado oscuro del corazón (Eliseo Subiela, 1992). Oliverio y La que vuela. Película del insoportable Subiela, pero que cuenta con el inmenso capital de los versos de Mario Benedetti, Oliverio Girondo y Juan Gelman. A pesar de su esfuerzos en convertirla en una película insufrible no termina de conseguirlo, y se deja ver. Incluso hay momentos, los poemas, que merecen la pena.

Y un extra, como Neruda

Encuesta sobre el amor (Pier Paolo Pasolini, 1965)

Pasolini  hablo del amor, pero en una ocasión optó por interrogar a los italianos por sus opiniones y expectativas en cuanto al amor y el sexo. Lejos de idealismo y tesis románticas prefirió ofrecer un relato sociológico, donde el genero, la edad, la clase social o la ubicación geográfica revelaban el amor como una categoría muy poco universal.

¿Y qué más da que los juegos de mesa sean cultura?

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Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo un emperador chino, Shao Kang, decidió pasear por su reino y ver como vivían sus sudbitos. Al poco se encontró con un grupo de niños que, alegres, jugaban a las tabas, y les preguntó que hacían “”jugar” -le respondieron. Siguió su camino y vio como las lavanderas acompañaban de canciones el afanoso trabajo de frotar de las telas. “Cantar” acertaron a decir cuando el emperador mostró su curiosidad. Más adelante observo como un anciano enseñaba a grabar sobre el bambú a sus jóvenes discípulos. -¿y tú venerable maestro? ¿qué haces? -“escribir”.

Satisfecho el emperador volvió a su palacio. Todo estaba en orden. El ruiseñor mecánico, la orquesta imperial, la biblioteca de los sabios. El palacio les guardaría; a él, a sus descendientes y a la cultura durante mucho tiempo. El tiempo en que los sudbitos tardaran en darse cuenta que no hace falta un palacio para hacer cultura.

a estás alturas ¿tiene sentido reivindicar algunas actividades humanas como cultura?   Cultura, como dice CostlKyan del termino  Juego es un termino elástico que se estira y adapta a múltiples expresiones humanas desde el Paleolítico hasta ahora.

Cultura no es un valor que se pueda obtener mediante una formula como podemos obtener la velocidad. No van a ser las ciencias puras ni un algoritmo de google (probad a poner cultura en el buscador) los que alumbren un camino que no termino de entender porque está tan oscuro.

De la cultura han hablado, y lo siguen haciendo, filósofos, antropólogos, historiadores y sociólogos. Pero claro, a esa gente de letras, para que hacerla caso. Es mucho más confortable seguir en nuestra propia opinión, o mejor dicho, prejuicio. Hay quien piensa que la cultura es maravillosa, que es un palacio versallesco, que todo lo que entra hay debe ser esplendido y no es lugar que deban manchar con la compañía de expresiones menores. Otros piensan que todo es cultura, que no tiene sentido alguno distinguir entre Don Quijote y Spiderman. Es un debate viciado el de mala cultura y buena cultura.

Pero, pongamos como ejemplo un juego de mesa. Si escribimos sobre él vamos a tomar como referencia la reseña y no la descripción técnica. Es verdad que un juego de mesa, y como ocurre en un coche, tiene unas características físicas; podemos saber el número de paginas de un reglamento, los milímetros de grosor del tablero,  el número de jugadores, el gramaje de las cartas, el número de caras de los dados, etcétera. Pero nada de eso nos acerca realmente a un juego, en una reseña vamos a buscar una subjetividad, la del que lo escribe, la que reviste a la descripción del juego. Esa subjetividad es la única manera de tocar la estructura invisible de un juego, en definitiva de comprender realmente un juego.

La gente que se dedica a la cultura lleva siglos haciéndolo, han dado pasos de gigante. Se han liberado de prejuicios, han desandado caminos y abierto nuevas rutas, han encontrado callejones sin salida y la manera de saltarlos. No estaría de más poner un ojo en ellos y no sólo para las reseñas.

Por supuesto, podemos pensar que los juegos de mesa son una actividad tan inútil y placentera como un paseo en el campo, como nadar entre las olas. No es así, son tan inútiles y placenteros como escuchar música, bailar un vals o leer un libro. Que los juegos de mesa sean cultura solo sirve para entenderlos mejor.

Días de juego. Financiación en Patreon

No hay manera, se me ha metido Partenón en la cabeza en lugar de Patreon.

Ayer el alma mater de Días de Juego, Paco Gurney dio comienzo a la campaña de financiación de su podcast de juegos de mesa para la temporada 2015. Una charla online con sus oyentes que sirvió para que dar a conocer como quiere hacerlo, que expectativas tiene y acabar con algún posible recelo o dudas. Y lo que iba a ser una charla más o menos breve se convirtió en una fiesta de 5 horas.

Yo me preguntaba, ingenuo, como podría ayudarle. La verdad es que divulgar más allá del podcast no tiene demasiado sentido. ¿es bueno animar al publico para que escuche Días de Juego para que consiga mayor financiación? Desde luego que no. Una cosa es desear a Gurney lo mejor y que consiga la mayor recaudación y otra rozar el limite del spam.  Y un oyente de días de juego, ya sabe de la campaña y del valor que tiene para él. Así que en ese punto ojalá Días de juego tenga muchos oyentes y le vayan llegando mucho más de la vía natural, como suelen llegar las cosas por internet, interesándose por un tema y creandose cada cual su propia red de recursos.

En cualquier caso, es bueno dar a conocer que estas cosas ocurren. Ayer pensaba que días de juego era la primera web dedicada a los juegos de mesa que daba este paso y rápidamente comprobé que no; Exito Crítico y Harhead´s review, sendos canales de youtube ya están en Patreon, la formula elegida por Días de Juego para financiar su actividad. Poco a poco supongo iremos viendo más. Dicen que la industria de los juegos de mesa está creciendo, y es normal que la actividad que generan acabe por tomar formulas de profesionalización. Aunque esta sea a medias, las expectativas de financiación no pueden ser muy altas, Exito Crítico consigue 301 $ por capítulo, Harhead´s review 39 $ al mes y Días de Juego, que no lleva ni 24 horas en la plataforma, 120 $ al mes. No son cifras, ni de lejos, para que nadie piense en serio en dedicarse a esto de manera exclusiva.

Pero como dice Gurney, no tenemos cultura de rascarnos el bolsillo en los servicios culturales y todo esto quien sabe si poco a poco nos ira metiendo en la cabeza que no solo de likes vive el podcaster. Y que no es tan mala idea pagar por lo que consumes, sobre todo si es de manera voluntaria y satisfactoria.

Y una última cosa, antes decía que la financiación, o suscripción, que también puede ser vista así, era cuestión exclusiva de los oyentes de días de juego. No es del todo cierto. Me resulta fácil imaginar a quien le puede interesar suscribirse a Días de juego. Hay ya unas cuantas tiendas y pequeñas editoriales luchando por tener visibilidad en la red. No creo que ningún oyente se llevara la manos porque determinado programa se grabe desde la tienda x o una de las partida semanales se haga al juego y. Deberían investigarlo.

Y para terminar unos enlaces para hacerse una mejor composición de lugar:

Página web de Días de juego: http://diasdejuego.com/

Nacho Muñiz explica como funciona Patreon: http://nachoocejo.blogspot.com.es/2014/02/patreon-crowdfunding-20.html

Página de Patreon de Días de Juego: http://www.patreon.com/diasdejuego

 

y el video de Gurney explicandose el mismo

 

 

 

10+1 cosas que puedes hacer con un juego de mesa y no con un videojuego

¿alguien tiene duda de los beneficios sociales de los juegos de mesa?

En nuestra campaña en pro de la divulgación de los juegos recurrimos a las mejores técnicas de marketing y ofrecemos un 10+1. Un breve descripción que dejara claro para toda la humanidad por que, y aún teniendo algún punto en común, se puede afirmar que jugar juegos de mesa es mucho mejor que jugar videojuegos.

1. Acariciar la piezas, sobar las cartas. Una sensación plena de sensaciónes. Erotismo, seguridad en uno mismo, ¿hay algo mejor?

Sí, esto son piezas de ajedrez. ¿pasa algo?

2. Tirar los dados. Como en la películas, soplido y giro de muñeca incluído. O bien construirte tu propia torre de dados. Jugar juegos de mesa es una puerta abierta a la ebanisteria.

3. Mirar a los ojos de tu(s) rival(es)

Creo que por esta vez me voy a dejar ganar.

4.Intentar adivinar, lo más discretamente posible, la figura de una compañera de juego y novia de uno de tus amigos.

No hay mucho que adivinar, pero voy a perder un amigo y la partida.

5. Jugar a un videojuego (los jugadores de los clasicos wargames i go you con largos entreturnos saben a lo que me refiero)

pero de verdad ¿hay algo más divertido que un videojuego?

6. Ser muy romántico. No debes preocuparte de eventuales cortes de corriente ni de baterías descargadas. Se pude jugar a la luz de las velas.

Jugar con velas está bien. Pero imagínense una velada con la seorita Amapola y el candelabro.

7. Decorar las estanterías de tu casa.

Que pared más bonita

8. Relacionado con lo anterior jugar al tetris colocando tu inmensa colección.

No es ninguna casualidad que los aficionados a los juegos de mesa sean expertos jugadores de Tetris

9. Aprender geografía. Hay quien se queja del tiempo que se tarda en la colocación inicial de las fichas de los wargames, pero en realidad es una medida subliminal de los autores para que nos familiaricemos con los elementos geográficos del mapa de juego.

¿hay algún jugador de wargames que no sepa donde está Stalingrado?

10.  La limpieza del hogar. tenemos demasiados juegos, y los muy condenados al ver tan poca mesa acumulan polvo. Ver tu magnifica colección de juegos tan apagada es una llamada a la limpieza doméstica.

la cara oculta de nuestra afición

10+1. Y sobre todo, un juego de mesa se puede comprar y no jugarlo. Es un fetiche. Basta con comprarlo y admirarlo.  Con saber que lo tienes.

Niño no toques eso. Con los juegos de papa no se juega.