El funeral de Kaczynski. Polonia de luto


En la novela de Mark Twain “las aventuras de Tom Sawyer”, Tom Sawyer, el inseparable Huckelberry Finn y Joe Harper, tras pasar unos días fugados de su pueblo Saint Petesburg, en la pequeña isla de Jackson, y ser dados por muertos, tienen la oportunidad de acudir a su propio funeral. Como es natural la aparición de los niños sobresalta y emociona a toda la población reunida en la iglesia. Pero más allá del feliz reencuentro, los muchachos han tenido la oportunidad de asistir a algo a lo que nadie tiene acceso, a la solemnidad y gravedad de los discursos fúnebres, a las palabras que los vivos reservan a los muertos. Una hazaña que en su momento impresionó a mi cándida alma y se quedo grabada en mi memoria convirtiendo a Tom en un héroe a la altura de los más grandes (que en aquellos tiempos eran Iribar, Bugs Bunny, Jupiter Jones, y Old Saterham).

Algo parecido podemos ver en las honras fúnebres por Lech Kaczynski y el resto de fallecidos en Smolensko. Su funeral le sirve al estado de Polonia, como le sirvió a Tom Sawyer su aventura en la isla Jackson, para ver y escuchar su propio discurso funebre. Bueno, realmente esto no es así, a diferencia de lo que pasó en la novela de Twain, el estado polaco es el emisor, y en buena parte receptor, del discurso funebre, no como Tom que escuchaba conmovido lo bien que hablaban de él sus familiares y vecinos.
Y digo esto por que normalmente los funerales de estado son una circunstancia excepcional en los países democráticos, salvo casos como este de accidente fatal o asesinato, las pompas fúnebres de jefes de estado suelen estar reservadas a las monarquías, papados y estados autoritarios. Pero es una oportunidad que ningún estado puede desaprovechar, la de transmitir a sus ciudadanos la importancia de su existencia, la de mostrar su omnipresencia acompañada de toda la gravedad y solemnidad que se genera cuando el destino provee la muerte de uno de sus gobernantes. Es curioso lo de la muerte, si un presidente de un país se casa, se fuga con la secretaria, se divorcia, tiene hijos, o estos se les casan; son todas ellas circunstancias que solo deben valorarse desde lo personal y cubiertas por las revistas de cotilleos, en cambio la muerte trasciende el ámbito de lo personal y el país entra en un luto y colapso obligado.

Desafortunadamente para Polonia uno de los actos principales ha quedado deslucido, las delegaciones internacionales que iban a presentarse con Obama, el presidente de los EEUU, a la cabeza han ido renunciado al viaje a Polonia, al irse cerrando el espacio aéreo conforme avanzaba la nube de ceniza volcánica. Normalmente la importancia, composición y origen de esas delegaciones vienen a decir el lugar que ocupa un estado en las relaciones internacionales. Estaba prevista la presencia de los más granado, Obama, Medvedev, Markel y Sarkozy algo que no se veía desde el funeral de Tito probablemente, y Polonia podía demostrar al mundo que no es un país cualquiera.
Pero a pesar de este grave contratiempo, Polonia ha dispuesto que sus honras continúen, como merece la ocasión, algún medio extranjero ha señalado que alguna de las medidas ha causado rechazo en algunos sectores, como la decisión de enterrar al presidente Kazczynski en la catedral de Wavel, por lo visto un lugar dedicado a los héroes de la historia nacional de Polonia. No dudo que tales voces hayan existido, pero me temo que han sido amplificadas.
Así hoy volvemos a ver las calles de un país entregado a la coreografía estatal, volvemos a ver, como casi siempre la importancia del ejército como elemento de cohesión y estabilidad, los políticos que tendrán en la cabeza el relevo presidencial y los religiosos, en un país como Polonia, la Iglesia Católica, otra seña de identidad polaca, estará presente de manera apabullante.

Quizá sea interés morboso o macabro, pero me gustaría repasar algunos de los funerales de estado más importantes del pasado siglo XX, hay de todo, desde caudillos como Franco a presidentes y secretarios generales como Brezhnev y Kennedy. Todos se parecen un poco, pero también se diferencian, se puede ver donde se pone el acento y como son tratados. En los sistemas paternalistas, como el de Franco (1976), donde el régimen no podía sobrevivir a su figura, el drama está servido. La figura de Arias Navarro en ese sentido es más que representativa.

También Tito, muerto en 1980,era una figura paternal en Yugoslavia, su muerte parecía abrir la caja de los truenos que terminó por desmembrar al estado balcánico, o eso parece intuirse de los gestos de dolor de los entonces yugoslavos. Llaman la atención las lagrimas de los jugadores de futbol y el trio arbitral del partido Estrella Roja (Serbia)- Hadjuk Split (Croacia), el recorrido en tren por toda Yugoslavia del cortejo fúnebre, la espectacular presencia internacional, con Brezhnev y Tatcher a la cabeza. Yugoslavia era el líder de los países no alineados y se nota.

Personalmente a mi el que más me impresiona es el funeral de Brezhnev (1982), la Unión Soviética, siendo fiel a su imagen proyectada de sobriedad opta por no dejarse llevar, y la figura del narrador, el impresionante Igor Kirilov, transmite serenidad, gravedad y confianza al mismo tiempo. Como si el socialismo y la llegada del comunismo estuviera bien atada en la URSS. Es tiempo de dolor sí, pero no de desesperación. Aquí, en plena guerra fria, las delegaciones internacionales son de los paises aliados del bloque y del tercer mundo (Arafat, Indira Gandhi, en primer plano, toda una declaración de intenciones). Como lo era toda esa legión de militares presente en el funeral de Brezhnev. Mientras tanto en occidente se debatían por saber el quién es quién del hermético Kremlin, ¿quien sería el sucesor? destacaban tres figuras Chernenko, Andropov y el “joven” Gorbachov. La posición en la tribuna de plaza roja era el elemento por el que se guiaban los sovietólogos para especular con el encargado de tomar el relevo en la Secretaria General. Un testimonio de otro mundo que ya no existe y una retransmisión televisiva académica, digna de figurar en los manuales de los realizadores.

Aún más hermético que la URSS era, y es, la China comunista. El funeral de Mao (1976), el gran timonel, tras la desastrosa “revolución cultural” parecía la oportunidad de devolver la estabilidad a un país que llevaba sometido a las luchas por el poder desde 1969. El ejército chino, el único estamento que nunca toco Mao, aparece otra vez como el elemento de estabilidad que debía asegurar la transición. (El video es un tocho, más de 90 minutos, en chino, pero he sido incapaz de encontrar otro más breve.)

Para elegir una figura de un presidente democrático en ejercicio, me debatía entre Roosevelt (1945) y Kennedy (1963). Finalmente opte por este último, quizá por lo dramático de su muerte (si bien es cierto que Rooselvet cuando muere es el líder de los EEUU en plena Segunda Guerra Mundial). Lo que me llama la atención de la parada fúnebre es el protagonismo para la viuda y los niños que no se ve en otros funerales. A años luz de la severidad del funeral de Brezhnev, pero también con la idea de fondo de que, pese a todo, la vida y el gobierno federal de los EEUU continúan.

Quizá el funeral más diferente, en cuanto a formas y contenidos sea el de Gandhi (1948). No he sido capaz de encontrar ninguna filmación del mismo, quizá por que la India en esos momentos no tenía una televisión nacional. Lo que si hay es fotografías donde se ven a las multitudes arropar a Gandhi hasta la pira que consumió sus restos. Probablemente este sea más funeral que discurso de estado. Gandhi, como siempre, es una vía diferente.

Ahora el es turno Karol Wojtyla (También polaco). Los papas, el clero católico, no tienen ni bautizos ni bodas que celebrara como sí pueden hacer los vestigios de las monarquias que aún quedan en países llamados civilizados, de todas maneras los curas disponen de una liturgia que domina el calendario de tantas sociedades. Pero por supuesto el acto por excelencia es el funeral pontificio. Que no se diferencia nada del trato que podría recibir el líder de una gran potencia. Aquí, como no podía ser menos es el clero el que domina la puesta en escena.

Y para terminar, el funeral de un rey, no podían faltar los monarcas, Elvis Presley, “El rey”, murió en 1977. Y su muerte también conmocionó a buena parte de la sociedad.

Y terminó, como siempre con cosas en el tintero, la televisión que hace necesario estos despliegues de grandeza, la evolución del cortejo donde el caballo ha dado paso a la moto, etcétera. Me dan ganas de hacerlo con “El rey ha muerto, viva el rey” Pero, afortunadamente, no siempre ha sido así, pese al empeño de convertir los funerales de estado en exactamente eso.