Las tribulaciones de un monitor en Gazte&Chess 2017

El pasado sábado 16 de diciembre, justo en una tregua que nos daban los cielos, nos juntamos a las nueve y cuarto de la mañana los integrantes del primer turno, el de todo el día, de la Escuela de Ajedrez de Portugalete rumbo al BEC (Bilbao exhibition Centre). Los niños plagados de ilusiones, yo un poco atenazado por las primeras incertidumbres que se habían despertado durante los días anteriores, por la responsabilidad de lo que creía que iba a ser Gazte&Chess y por lo que cada vez más claro me parecía que iba a ser Gazte&Chess

Nuestra llegada al BEC, todavía me las prometía felices

Habían sido semanas complicadas, la organización del evento prácticamente había declinado la labor de inscripción y de promoción del evento en los diferentes monitores, clubs y escuelas de ajedrez de Bizkaia. Eso suponía promover, inscribir, recaudar, ingresar, desplazarse y estar pendiente de una y mil cosas. Pero, ay, ingenuo, uno pensaba que merecía la pena. Que por fin íbamos a tener en Bizkaia un festival del ajedrez, una fiesta del ajedrez; un acto que sirviera tanto como para promocionar el ajedrez como para  disfrutar con el ajedrez, o con la escusa del ajedrez.

El caso es que llegamos al magno lugar. Un pabellón enorme y una cola de considerables dimensiones.  Los niños tenían que acreditar su asistencia para conseguir su entrada y su bolsa con regalos. Que no le falte la Coca Cola a los más pequeños, eso sí, sin cafeína.

Tras mendigar los monitores de la escuela nuestra entrada para el Festival, no había ningún control ni registro para los monitores, entramos todos en el pabellón numero 2 del BEC. la verdad es que visto desde arriba la impresión era inmejorable, la foto estaba asegurada.

El espacio para el evento, fenomenal, pero desaprovechado

Pero lo que siguió fue un desastre, que en mi caso duro hasta las 20.00 horas. Se podrían decir muchas cosas, repetir las cosas que oí, las broncas que me comí, y las tonterías que aun a día de hoy tengo que leer.

Pero baste señalar que el evento fue chapucero y cutre. Chapucero porque el acto principal, un macrotorneo de ajedrez de dudoso interés, salió mal; y cutre, por el incumplimiento del programa, la escasez de actividades el pateo al euskera y el descontrol absoluto de chavales y dejadez hacia los padres.

El torneo salio mal, no tengo claros los motivos, pero lo que se vio fue básicamente incomparecencias y largas esperas. Y donde más se vio fue en las categorías más precoces, niños de 6 a 10 años esperando por rivales que no llegaban, ronda tras ronda. Menuda imagen.

La soledad de la incomparecencia

Pero es que manda narices que sea un torneo lo que prácticamente monopolice un festival del ajedrez. Y precisamente organizado por la Diputación de Bizkaia, quien, con buen criterio, enfatiza la parte más ludica del deporte y en la practica oculta la competición en las más tiernas edades. Pero el mundo del ajedrez volvió a demostrar una vez más que le cuesta horrores concebir el juego como otra cosa que como competición reglada.

Es una pena que la diputación organice un evento en el que se descuide tanto la parte no competitiva, que mucho más que un festival era un torneo con aderezos de cuarta categoría. En el rincón tecnológico podían verse portatiles con el buscaminas, tal era la desesperada busqueda por el entretenimiento de los chavales. La prometida impresión 3D ¿dónde estaba?

Tecnología punta, el buscaminas para escapar del ajedrez

La zona de juego libre termino por convertirse en lugar de aparcamiento de chaquetas y padres y madres. La oferta insulsa, y nada atractiva, con nadie encargado de dinamizarla se reducía a un par de barajas tradicionales, parchises y conecta 4. El mundo del ajedrez también demuestra que no tiene ni idea de lo que es el mundo del ocio en las mesas. Concibe el juego como algo que no ha evolucionado y que no tiene nada que hacer frente al ajedrez. Así que la zona sirvió para eso para apelotonar padres y vestuario.

La patada al euskera no tiene precio

De los hinchables pues bueno, algo daban, cualquier fiesta de barrio que se precie debe tenerlo. Pero había momentos donde la afluencia de niños era terrible, y el control de ellos, una vez más, más que deficiente.

Y la gurasogune, el espacio para los padres y madres, otro tanto. De lo que dijo a lo que fue. Un espacio muerto por la falta de dinamización.

Las familias se morían por jugar a la brisca

Es una pena siguiendo con las familias, que el ajedrez, deporte intergeneracional, que como tantos juegos de mesa, no sea aprovechado para reunir las familias en torno a una mesa. Los espacios de gazte&chess claramente separaban a los padres de los hijos y se segmentaban las competiciones por edades. No queremos que sea considerado como actividad friqui, pero seguimos especializando su practica. Enterramos la dimensión de juego de sociedad.

No propiciamos la actividad meramente ludica. Y no tiene que ser tan difícil, no olvidemos que hablamos de un juego, y no de un juego cualquiera. A Gazte&Chess no le fallo el torneo, le fallo todo lo que le pido yo a un festival, un lugar de encuentro para todos, incluso para los que no lo conocen. Un lugar para acercarse y curiosear, donde pasar un buen rato con todas las actividades que hubiera. Pero no las había. Como tampoco existió ese publico, al que más debiera ir dirigido si realmente queremos promocionar el ajedrez. El 99% eran niños ya inscritos en las escuelas de ajedrez y sus resignados padres. Vimos un torneo como se puede ver en el escolar, ni siquiera con más niños, más largo sí, y con algún aderezo. Pero no vivimos un festival.

Lo mejor del festival, una partida al hombre lobo de Castronegro

Me dicen que me quede con lo bueno, pero lo bueno ya lo tenía, son los chavales de la escuela de Portu, son capaces de divertirse con un palo, como todos los niños y no lo pasaron necesariamente mal. Pero eso no debe quitar que yo vea como este evento como algo intrascendente, caro y de utilidad dudosa. Yo promociono el ajedrez como actividad no como competición. Y este espacio me separa de lo que yo espero. Por no hablar de lo más grave, a día de hoy mi percepción, quizá equivocada, o no, solo sirve para llenar los bolsillos de algunos en nombre del ajedrez y de los niños. Y como me jode que invoquen esas palabras sagradas para defender sus intereses personales.

¿Volveremos? hoy por hoy cuesta creerlo
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