La rebelión de los colgados

Acabo de terminar uno de esos libros que se acostumbra a calificar como “veraniegos”. Literatura distendida, de esa que se puede interrumpir y proseguir en un momento posterior,que se lee con facilidad en la playa, el metro o cualquier otro lugar tan incomodo y concurrido como estos.

El libro es El rediezcubrimiento de México de Ceferino Díaz y Marco A. Almazán (aunque no sé si este es realmente el verdadero autor), la crónica biográfica de un asturiano, Ceferino Díaz, que llegó a México para hacer las Américas. En sus mismas palabras “un labriego que se convirtió en señor”. Un libro divertido, donde se mezclan los prejuicios de españoles y mexicanos los unos respecto de los otros. Por fin he sabido lo que es un “gachupín”, pero sobre todo me ha servido para conocer un poco la idiosincrasia de los mexicanos, al menos a los ojos de un asturiano. Cosas como las credenciales, la mordida, la puntualidad, el compadreo, “el estar bruja”, la antesala, el machismo, la lotería y la ceremoniosidad parece que son ya parte del alma mexicana, o el “vuelva usted mañana” que también existe en México pero sin la carga pesimista que desde Larra imprimimos por aquí a la expresión. Pero sobre todo me llamaba la atención algo “típicamente mejicano” según Ceferino, la paradoja de su carácter, como “la creencia permanente de que se está pasando por algo transitorio” (sí, igual que pensamos aquí sobre nuestra crisis).

En libro aparecen mejicanos, y sobre todo uno, el compadre del protagonista, don Melitón, y gracias a su carácter volcánico, excesivo, arrebatador  y paradójico podemos hacernos una idea de como se las gastan en México, y aún suponiendo que se exagera un poco por dar un poco de gracia y humor al relato, me han hecho recordar a otro pueblo excesivo y paradójico donde los halla, los rusos. De muy diferente manera pero también ellos son un punto y a parte. Tal y como me contaba un viejo amigo, ¿en que otro país si no Rusia pueden pasar cosas como ver a una guapísima y finísima bailarina de ballet, descansando en la piscina, luciendo un espectacular bikini mientras bebe a morro del tetrabrik de vino peleón?

Por cierto el tal Melitón montó una pollería, uno más de los innumerables negocios y trabajos que tuvo en su azarosa existencia. La dichosa pollería tenía un  nombre de esos que impactan, “la rebelión de los colgados”. Acostumbrado a los nombres castizos y muy poco imaginativos nombres que gastan por aquí,  tales como “pollería Mari” o “Tere” o “Paco”, o “Jordi”, no puedo menos que descubrirme ante el ingenio y audacia de Melitón. Su nombre tiene algo de justicia poética, aunque sea en un lugar tan insospechado como el nombre de una pollería.

También me he acordado de Primo Levi. Si el escritor italiano hubiera tenido la suerte de emigrar a México en lugar de ser deportado a Auschwitz, hubiera escrito una verdadera fiesta de la humanidad. Como a Ceferino a Primo Levi le apasionaban los caracteres humanos, y me parece que allí hubiera encontrado el suficiente material para escribir una novela (o una trilogía) por necesidades muy diferentes a las que tuvo con la Trilogía de Auschwitz. Por supuesto que Levi es mucho más escritor y que tiene una rara (única, mejor dicho) habilidad para hablar de las personas, de todas la personas. Pero el libro de Ceferino también es cálido, amable y divertido, y le gustan las personas, para que negarlo.

Y termino con un agradecimiento muy especial. Este libro llegó a mis manos gracias a un amigo mexicano, Saúl (también conocido como Kaliman en el foro de la bsk). Y no sólo el libro, junto con el libro me llegó su “opera prima” como diseñador de juegos de mesa, Tierra y Libertad. Este blog le debe una reseña, no estoy ahora mismo con mucho tiempo, pero me imagino que en 10 días la podre escribir aquí mismo. De momento solo he podido verlo y tocarlo, curiosear pero sin profundizar. Pero me ha servido para trasladarme a los turbulentos tiempos de la revolución mexicana. Gracias Saúl.

P.S. Descubro que el libro tuvo una adaptación cinematográfica, una producción mexicana con Alfredo Landa en el papel de Ceferino. Lo que he visto no me ha gustado, una comedia más atenta al humor fácil que a lo que cuenta el libro, que se detiene en observar al mexicano. Aunque me gustaría saber lo que piensa Saúl de todo esto, si reconoce al México del libro, o no es más que literatura de ficción. La verdad es que tiene que ser curioso como somos a los ojos de los forasteros, cuando lo que es normal deja de serlo (o parecerlo).