El naufragio del SeaFall

El Naufragio del Seafall. Pintura de Aybazovsky

Desde este punto domino toda la ensenada. Hoy es todo tranquilidad, el mar, el pueblo apenas si registra actividad, los pocos pescadores que aún quedan hace tiempo que faenan, apenas un par de chalupas y el habitual graznido de las gaviotas dan algo de acción a la escena.

La lluvia me apaga los cigarrillos, pero no me molesta demasiado, se antoja que viene muy bien para acompañar mi estado de animo. Así enfundado en la parka y en mis pensamientos me siento un poco marino e impostor.

Tras un rato caminando por las empedradas calles alcanzó mi objetivo. Una pequeña placa que bronce en el muelle principal, a la que el salitre parece haber respetado mejor de lo que pensaba reza

DE AQUÍ PARTIÓ EL SEAFALL
En el año del señor de 1717, el 2 de enero

Sonrío con cierto desdén. Que espartana me resulta la inscripción. Pocos recuerdan algo del seafall pero eso de la humildad no era característico de lo que fue aquella empresa. Aún así el verla hace resonar mi alma como una campana. Como cuando tanían anunciando el naufragio de una goleta.

No tengo muy claro que más hacer, así que me dirijo a mi segundo punto de visita. Está un poco más lejos. Fuera del puerto. Necesito subir una pequeña cuesta que el sobrepeso y el humo del tabaco en mis pulmones convierten casi en una ascensión alpina. Pero resoplando consigo llegar. Esta vez una segunda placa, en una piedra que no acierto a reconocer, no es mármol y el tiempo ha hecho estragos. Dice

A los desdichados del Seafall.
Desaparecidos en el Océano, que dios perdone sus pecados
y se apiade de sus almas

Así que desdichados, como han cambiado las cosas. Aún recuerdo como brillaban los ojos de los aventuros, los soldados, los corsarios y los piratas. Todavía se mantiene en mi memoria la envidia apenas oculta en la mirada de tantos, lugareños y extranjeros, ricos y pobres cuando veían embarcarse a tan excitada tropa.

Os preguntáis como es posible que recuerde todo aquello. Bien, yo estuve allí; en cierto modo soy un fantasma y os voy a contar como fue el naufragio  del SeaFall.

Cuando terminaba mi entrada sobre las primeras sensaciones del SeaFall me encontraba en la duda de si el juego merecía la pena o no, si estaba, como el gato de Schrodinger muerto y vivo a la vez. También en aquel entonces me preguntaba por donde llevaría la historia que parecía percibirse en el SeaFall.

Hoy esas dudas están casi resueltas. La historia no vale ni dos centavos, ni kurtz, ni cthulhu ni nada que provoque una chispa de entusiasmo. En ese sentido parece más el camino de baldosas amarillas, la falsa promesa y un ilusionista de medio pelo haciendo trucos baratos y repetidos, demasiado repetidos. El juego carece de chispa y gracia. Resulta repetitivo y en ocasiones el factor azar molesto incluso demasiado molesto.

En SeaFall fallan muchas cosas, quizá solo demasiado el pésimo libro de juego que lo acompaña. El noventa por ciento de las entradas de ese libro registran encuentros con nativos. Y como se decide en una bifurcación izquierda o derecha así se juega con el libro. Nada hay en el juego que te de un indicio para actuar. Las decisiones son solamente azarosas. Y a mi me gusta la calidad de las decisiones. Pero es que esas decisiones resultan determinantes en el resultado de la partida.

Y luego está el hecho de que el juego sea legacy en algunas cosas y en otras no. Hay mejoras que permanecen y otras que debes comprar una y otra vez. Repites partida tras partida con la única esperanza de abrir una caja. Y cuando no quedan cajas por abrir, o cuando sabes que en la próxima partida no vas a abrir una caja… Por no hablar de lo sorprendentemente constreñido que resulta un juego tan en principio abierto.

De la historia principal que no voy a revelar nada, pero daría exactamente lo mismo si lo hiciera. Insisto, al menos el mago de Oz se curró el engaño.

Así la razón del naufragio del SeaFall no es más que no está preparado para albergar los sueños que despierta. Tiene una planta increíble, una magnifica fragata recién construida y pintada. Pero que no supo resistir los embates del mar. Construida para lucir en las aguas tranquilas del puerto no tiene nada que hacer ante las fuerzas del mar. Los jugadores no le exigen más que lo que parece prometer. Pero es tal la tensión que le resulta al juego que opta por no hacer nada y no ofrecer nada verdaderamente interesante. Al principió percibes las vías de agua casi nada más salir del puerto pero te dices que nada que no pueda achicar una nave de estas características. Pero muy pronto, demasiado pronto, a penas si has dejado de ver tierra firme te descubres con el agua cuello. Lo que parecían leves fallos se demuestran terribles vías de agua. Y ya no hay remedio.

Me atrevo a pensar en el termino de Planells que dedica a los videojuegos, el de Mundos Posibles. Más que una narración, un relato coherente, SeaFall es un mundo primario donde los jugadores interactuan en función de sus intereses económicos, militares o de exploración y dejan huella de sus actos transformándolo y lo que llama mundo narrativo secundario, las escenas pregrabadas del civ v, que en el mundo de seafall es el librojuego y la consecución de determinados hitos. El problema de SeaFall o mejor dicho lo que evidencia SeaFall es que tal propuesta es muy atractiva pero no tan sencilla de resolver. Escribir un buen librojuego y a la vez unos procedimientos o mecanicas de juego a la altura es muy complicado. Un punto de partida muy interesante pero no bien resuelto. O después de todo quizá no sea más que yo que busque lo que no se puede ofrecer desde un juego de mesa.

El seguro marítimo es el más antiguo de los seguros. La empresas maritimas están expuestas a los mayores riesgos. Y el exceso de sueños no lo cubre ni Lloyd´s . Pero supongo que vale la pena naufragar por ellos. Me hubiera gustado más que el juego se hubiera ajustado a mis preferencias y no ha sido así. Quien sabe, igual el juego ha caído en manos de alguien más capacitado, o con mayor talento, y depure todo lo que en este juego no funciona. El naufragio del SeaFall es el naufragio de un pionero. Más sentido dará a las hazañas de los siguientes.

 

 

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SeaFall. El oceano es un lugar inquieto.

Nunca he vivido muy lejos del mar. En ocasiones llego a oler el salitre, en otras, cada vez menos, veo como una neblina avanza desde el puerto cubriendo las calles. Y si me tomo la molestia, en diez minutos puedo estar escuchando el batir de las olas contra la costa.

Novena Ola de Ivan Aivazovsky
Novena Ola de Ivan Aivazovsky

Y sin embargo vivo de espaldas al mar. Por mucho que esos pequeños episodios me devuelvan por un instante la fascinación por la inmensidad, siempre vuelvo al reino que pertenezco. En el mar las leyes son otras; un capitán de barco te puede casar, las mujeres y los niños van primero, si camino me hundo o incluso es el lugar donde a pesar de estar rodeado de agua puedes morir de sed.

Adentrarse en otro mundo con otras reglas exige un espíritu aventurero o transgresor del que me temo que carezco. También Pushkin se atormentaba por su cobardía mientras vagaba en la costa; el poeta veía en el mar un limite de su alma que nunca se atrevió a cruzar.

Quizá por todo esto disfrute con Seafall, quizá porque me parece que vivo una aventura oceánica desde tierra firme y sueño ser lo que nunca pude haber sido.

Torre de Galata en noche de luna. Ivan Aizovsky
Torre de Galata en noche de luna. Ivan Aizovsky

El punto de partida de Seafall es a la vez emocionante y fustrante. Emoción por la propuesta de investigar un mar ignoto y fustrante por lo que supone que te invita a hacerlo, la sed de gloria.

mi sueño es siempre el mismo.

hacía poniente, el sol resplandece con destellos rojos y dorados. Noto la llamada de las incalculables riquezas y del poder sin igual que se ocultan más allá del horizonte. Ese poder inconmensurable será mio si consigo ser el primero en reclamarlo; solo yo obtendré la gloria.

La verdad es que semejante introducción es desalentadora. Las riquezas y el poder bien se dibujan en tierra firme, y si es una llamada de El Dorado no queda claro. Pero cuesta, a mi me cuesta, ponerme en la piel de un personaje que solo desea poder y gloria. Prefiero verme con un príncipe, gobernador o lo que se quiera que arriesga sus capitales humanos y materiales en saciar otra llamada, la de lo desconocido.

Afortunadamente el juego no tarda mucho en revelar que es otra cosa, parece intuirse un misterio, parece sugerirse que en el océano no navegamos solos, que antes lo hicieron otros y por lo que parece todavía alguien más surca los mares. No sabemos quién ni que relación guarda con los antiguos.

Por mi cabeza pasan unas cuantas especulaciones, e inspiradas por lo que ocurría en pandemic legacy, pienso en Los mitos de Cthulhu, o en los Ingenieros de Alien. Aunque conforme avanza la partida pienso que en realidad estoy entrando en El corazón de las Tinieblas. ¿tal vez solo tenga sentido el viaje? ¿tal vez me encuentre con el capitán kurtz y solo al final abrá los ojos?

Fin del Mar Negro libertad. Cuadro de Ilya Repin

pues sí me gusta que el juego sea capaz de plantearme estos interrogantes. No sé si pertenece a lo que llaman metajuego. Pero me estrujo más las meninges con estas cosas que con las tácticas y estrategias que permitan ganar la partida.

En realidad creo que todos los jugadores lo hacen, conseguir la victoria en cada partida de la campaña está bien. Pero lo que motiva de verdad es navegar, descubrir islas, explorarlas. Por que esto significa abrir lo que está cerrado. Las cajas (¡solo quedan tres por abrir tras cuatro partidas!) los parrafos del libro de aventura.

Es verdad que hasta ahora ninguna caja, ningún parrafo ha estado a la altura de las expectativas. Demasiado económico, demasiado parco. Al más puro estilo pandemic. Solo que aquí hay decisiones que tomar, esta vez es algo más que un decorado argumental.

Y pienso, solo un poco, que tomadura de pelo es esto de los juegos irrejugables por componentes. En Seafall tengo menos acusada la sensación de vivir una única historia; se me ocurre que bien podía haber tomado yo, y no el juego, otras decisiones, que la campaña sería rejugable con tan solo cambiar las pegatinas por fichas de cartón y hojas donde apuntar su ubicación para la siguiente partida. Es verdad que no volveré a preguntarme por el misterio que aguarda pero el juego es jugable, cosa que dudo que ocurra una vez terminada la campaña. Porque ya no habrá ni misterio ni decisiones ajenas a la mecánica del juego que tomar.

Y el juego en sí, ahora que está de moda eso de decir “lo que hace lo hace bien” Seafall es un hibrido, es un juego de gestión de recursos, de colocación de trabajadores, pero con alguna mecanica de ameritrash, éxitos por impacto, y de temático, con los movimientos y exploración, y narrativo con su libro juego a lo Sherezade. Seguramente SeaFall no destaque en nada, quizá lo único en la gestión de la hostilidad del jugador con el medio que lo rodea, una ingeniosa manera de equilibrar el juego y penalizar a los más destacados. En cualquier caso me temo que los jugadores se enfrentaran de manera individual, cada uno según su propia percepción, a gestionar la fustración con el entusiasmo.

Es tentador recurrir a la paradoja del gato de Schrodinger y limitarse a afirmar que cada jugador una vez abierta la caja de SeaFall encontrara algo muy diferente. Tal vez el juego este muerto, tal vez muy vivo. Prefiero verlo como el mar, como las sirenas que lo habitan, unos escucharan su llamada otros haran como Ulises y se taparan los oídos viendo sus defectos. ¿Te gusta el mar? no es para cualquiera

 

Al mar poema de Alexander Pushkin