Soledad y entreturno en los juegos de sociedad

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Encontrar una definición de juegos de mesa satisfactoria es una tarea condenadamente difícil. Ni siquiera el recurso fácil de utilizar la wikipedia facilita las cosas. No todos exigen un tablero, alguno ni siquiera una mesa, y algunos, ni siquiera compañía. Aunque parezca mentira jugar un solitario de cartas en el césped de la piscina es jugar un boardgame, un jeux de societe o un juego de mesa.

Lo único que parece cierto es el termino “juego” pero ni siquiera. Tengo la certeza que por juego entendemos muchas cosas. Pero, y sobre todo, esperamos sólo algunas de ellas. Unos estarán más predispuestos a la risa, otros a la concentración, habrá quien prefiera la evocación, o la narración y no faltara el que lo que más valore sea el sano pique con sus camaradas de juego.

En el entretenimiento, en algo tan personal como el entretenimiento, cabe casi todo. Y claro el entretenimiento es casi sagrado, es ese momento, generalmente escaso en que podemos dedicar nuestro tiempo a nosotros mismos. ¿Cómo emplearlo? pues de la mejor manera posible, cada cual sabrá la suya; pero unos cuantos se inclinan por los juegos de mesa.

Y así, no podía ser de otro modo, tendremos la más alta expectativas de los juegos de mesa, en ellos encontraremos lo que buscamos, pues no hay nada peor que nuestro tiempo libre desaparezca sin habernos proporcionado nada.

Y yo creo que precisamente por eso se percibe como negativo cuestiones como la soledad y el entreturno. La soledad es vista en nuestra sociedad como algo negativo. Luchamos contra ella, la intentamos evitar, la tememos, ocupamos nuestro tiempo con imágenes y sonidos, a veces hasta con compañía de otras personas. ¿Así como demonios va a aparecer la soledad en un juego de mesa la soledad? ¿quién diseñaría un juego así? ¿quién lo jugaría? Y sin embargo esos juegos existen, se diseñan y se juegan, incluso hay quienes los apreciamos.

Cualquiera que haya jugado al ajedrez, y el ajedrez no es más que un ejemplo, sabe lo solo que esta uno en la partida. Es verdad que la partida de ajedrez es una creación a cuatro manos, pero tus pensamientos, tus jugadas son solo tuyas. Es tal el enfrentamiento entre dos soledades que muchas veces los errores que deciden las partidas terminan por aparecer por puro  cansancio psicológico. Yo soy muy mal jugador de ajedrez, cada vez que juego me enfrento a mi rival y a mi. Si alcanzo una mínima ventaja sufro por consolidarla, si estoy en posición desfavorable agonizo buscando la manera de igualar. Juego de información perfecta lo consideran, ja, me río yo de eso. Me paso más tiempo intentando descifrar la posición intentado templar los nervios y conociéndome a mi mismo que jugando.

Esta bien reconozco que el ejemplo del ajedrez es quizá un ejemplo un tanto extremo. Pero hay muchos juegos donde el corazón y la esencia del juego está en el análisis de la posición, en el buscar la jugada optima que te permita rematar la partida o enjugar la diferencia. Pienso en el Alta Tensión, o en el Agricola o incluso el Nations, en todos ellos estás más atento a buscar tu mejor jugada.

Soledad y con ella la Introspección, un momento que suele venir en el aburrimiento y con algunos juegos, que cosa más curiosa. No me disgusta que tal cosa ocurra con los juegos, es más agradezco que acontezca.

Supongo que si la soledad no tuviera tan mala prensa se valoraría de otro modo que aparezca en los juegos. Y bueno al fin y al cabo solo asoma la puntita y de buenas maneras; la otra soledad, la cruel, la omnipotente la de nuestros hogares, la de nuestros puestos de trabajo o lugares de estudios, la de las carreteras y aceras, la de nuestras enajenadas vidas, esa nos da con el mazo casi a cada rato.

Quizá por eso, por rechazar nuestra soledad o por no querer reconocerla detestemos tanto el entreturno. Que curioso me resulta. Juegos de sociedad donde demandamos estar permanentemente ocupados, juegos de sociedad donde tres personas no son capaces de estar ni siquiera entre ellas mientras la cuarta resuelve el turno. Juegos donde no estar permanentemente ocupados son condenados. No vaya a ser que nos conozcamos, a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

No me extraña que en la definición de jeux de societé de la wiki francesa apostillen “Se observa, sin embargo una tendencia reciente, desde la década de los 90, en los juegos de mesa que el objetivo principal es pasar un buen rato en lugar de ejercer las capacidades de reflexión”. Como si fuera antagónico la reflexión y el disfrute.

En cualquier caso lo que tengo claro, es que en los juegos de mesa no busco un mero pasatiempo. Me gusta que dilaten el tiempo, que me cambien el “pasar el rato” por “quedarme con el rato”.

 

 

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La memoria es una caja de zapatos

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He vuelto a leer un libro como hace tiempo que no leía. Todas las noches de este verano acudía puntual a mi cita con Robert Fisk. Rápidamente la incertidumbre que se tiene cuando se leen las primeras páginas desapareció. Cada noche sabía que iba a pasar unas horas de desasosiego, indignación rabia e impotencia. Y sin embargo no podía dejar de leer sobre el pasado más reciente y la tragedia de Oriente Próximo o Medio, de Afganistán o de Bosnia.

La gran guerra por la civilización así se titula ese monumento a la memoria, la obra de un periodista británico que arroja luz sobre esos países que día sí, día también ocupan buena parte de los noticieros del mundo.

Robert Fisk intenta comprender la tragedia del mundo árabe y del mundo musulmán. Como corresponsal en Libano, Afganistán, Iran, Irak… se convirtió en testigo directo, pero eso no era suficiente. Fisk recurre y necesita de la Historia para entender lo que nuestros ojos occidentales ven. Pero aún así no es fácil, nuestros prejuicios y valores dictaminan un juicio que nos alejan de cualquier entendimiento. Y Fisk se empeña en comprender. Para ello recurre a la figura de su padre, quien fuera soldado de Su Majestad  en los campos de Francia en la Primera Guerra Mundial.

En cierto momento La gran guerra por la civilización se convierte por unas páginas en el relato de la reconstrucción del Bill Fisk soldado. El padre nunca había hablado de su experiencia en la Gran Guerra, era algo que incomodaba y evitaba hablar con su hijo.

Así que Fisk tuvo que esperar a la muerte de sus progenitores para saber algo más de aquello. Todo lo que obtuvo era una caja de zapatos llena de recuerdos. Algunas fotografias de su estancia en Francia, y una pequeña entrevista inacabada que Robert Fisk encargó a su madre sobre el paso de Bill por el frente.

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Un tesoro guardado en una caja de zapatos

Eso era todo, y sin embargo, que valioso. La memoria cabe en una caja de zapatos. En mi casa también existe una caja de zapatos, contiene la memoria de mis abuelos  paternos. Son fotografías, facturas, toda una colección de facturas, postales en blanco y algún que otro recorte de periódico. Mi abuelo fue un portero de fútbol semiprofesional, alcanzó la final de la Copa de la República con el Valencia y la guerra civil parece que frustró una carrera prometedora, luego se conformó con las glorias del futbol regional, la semifinal de la copa del rey, y ya retirado del futbol con las labores de palangre en el muelle viejo de Portugalete. La historia de mi abuela es más anónima, su carnet de jubilada y fotografías con sus hermanas y maridos. Si no fuera por aquellas charlas y arengas que me daba cuando la visitaba apenas si sabría de ella, o de mi bisabuelo que una bomba fascista mató porque se negaba a ir al refugio “van a desperdiciar una bomba en alguien tan pobre como yo”. Madrileña, monárquica, católica que paso toda la Guerra Civil en zona republicana, primero en Madrid, luego en Valencia donde conocería a mi abuelo. Que curioso, la caja de zapatos me hace pensar que mi existencia solo fue posible por el drama de la guerra, un vizcaíno y una madrileña que se conocen y enamoran en la Valencia de 1938. Y pienso en mi propia vinculación al drama histórico y la felicidad personal. Sin la tragedia de Chernobyl no habría conocido al gran amor de vida, no hubiera nacido la pequeñaja que alegra mis días.

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Y pienso en esa misma pequeña , que supongo que como todos los hijos construye su imagen sobre su padre. Una imagen llena de silencios. Quizá en un futuro quiera entender a su padre, quizá quiera saber más sobre él. Pero no le habré dejado nada, no habrá una caja de zapatos, ni fotografias, ni postales ni facturas. Si acaso un pendrive, quizá si aprende a leerme entre lineas llegue a conocerme de otra manera. Quizá este blog, después de todo, sirva para algo.

 

El último héroe

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Me gustan los héroes frágiles.

A veces me los imaginó con nariz gibraltareña, hablando en verso y capaces de creerse que se han caído de la luna

Otras me los tomo como tristes figuras que han leído demasiados libros de caballería o como enfermos de idiocia que regresan en tren de un reposo de algún pequeño pueblo suizo o como contrabandistas y merodeadores de un Chernobyl cualquiera.

Me gusta creer que existen, que se pasean nerviosos por las grandes ciudades, que tosen y se suben el cuello del abrigo, que parecen a punto de desmayarse inanes al cruzar el semáforo.

Me gusta pensar en ellos sentados bancos contemplando a las gaviotas, me gusta pensar en ellos reclinados sobre el amigo caído, demasiado borracho para seguir adelante.

Me gustan los héroes que no saben que lo son, que acuden a la llamada sin pensárselo dos veces, que van donde no quieren ir y donde nadie les espera. Me gusta cuando hablan y dicen lo que no nadie quiere oír y cuando callan lo que todo el mundo quiere escuchar.

Me gustan así; demasiado tímidos, demasiado leales, demasiado sensibles, que terminan marginados por el gran mundo, pero que a la vez son demasiado honrados y demasiado torpes para saber moverse en el mundo de sombras, así es su desgracia.

Me gustan los héroes que hacen de la tierra de nadie su tierra. Me gustan los héroes inadaptados, los incapaces, aquellos a los que sólo un golpe de extraordinaria fortuna les permite mostrar toda la grandeza que son capaces en un acto que solo ellos pueden entender.

Para ellos nunca habrá una corona de laurel, solo una voz que hace ya tiempo les cantó “Buenos días, último héroe, buenos días a ti y a todos los que son como tú”. Desdichado héroe, de ti nunca será el reino de los cielos.

 

 

 

El propio camino

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Me gusta la carta de la expansión del Dixit que muestra a lo que parece el flautista de Hamelin. El bardo marcha por el camino al son de su propia música, ajeno al arsenal de armas blancas que se precipitan sobre su figura.

Me gusta leer la carta como un homenaje a todos aquellos que siguen su propio camino, ajenos a todo lo que despiertan. la ilustración parece decir que más que reconocimiento, admiración o como poco comprensión el que ha decidido seguir su propia música se ve expuesto al rencor, quizá envidia y como mínimo incomprensión.

El flautista aún no lo sabe, pero todo eso causa dolor.

O quizá me equivoco, quizá no es más que el despertar de la ilusión, descubrir que en el fondo no eres más que un Asuracenturix cualquiera, que no hay perejil suficiente en el mundo que proteja los oídos de los paisanos. Quizá lo fácil es verse como un sujeto tocado por los dioses, alguien que ve más allá de lo convencional pero que ha sido maldecido como Casandra y nadie le tomara en serio.

Y es que mucho se hablaba de las bondades de seguir el camino propio; se suele representar como en la carta del Dixit, un camino donde marcha uno sólo. Pero no es así, los caminos propios están transitados, atiborrados de los otros que emprenden sus propios caminos.

El dolor nace de ellos, de los otros. Es cierto, pero esto no será por envidia, ni rencor, quizá por incomprensión, sí, pero casi nunca se explica que en esta vida tan importante como las propias ideas es la capacidad de explicarlas, de matizarlas y de confrontarlas.

Quien fuera elocuente, quien supiera expresar que detrás de cada opinión, de cada decisión o de cada creación no hay más que un expresión de ese camino. Pero esa dimensión de lo propio, esa importancia que nos damos nos lleva a que cualquier tropezón la tomemos como un navajazo a nuestro yo.

El camino propio, al menos en mi caso, debiera acercarme a los demás y sin embargo me temo que lo único que hago es encerrarme cada vez más en mi concha. Con la estúpida y supersticiosa convicción de que la mierda de mi ombligo termine por convertirse en perla.

Quizá sea hora de volver atrás, desandar lo andado, borrar las huellas y aprender a escuchar otras músicas que la propia.

 

Abril

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Abril

Hay escarcha en el suelo
Todo ha sido tocado por el hielo,
escucho la música de goteo del deshielo  sólo en mis sueños
Nieva como un muro
Y nieva todo el día,
Y detrás de esa pared, está abril.

Y llegará, y traerá la primavera con él,
Y dispersará el ejército de nubes grises,
y cuando todos le miremos a los ojos,
sus ojos melancólicos nos devolverán la mirada.
Se abrirán las puertas de casa,
no es bueno permanecer en pie, estarás mejor sentado
Y cuando todos le miremos a los ojos,
veremos la luz del sol en esos ojos …

Hay incontables heridas en el cuerpo,
es difícil dar un paso,
la estrella brilla sólo en mi corazón.
y abril morirá,
y nacerá de nuevo,
y ya ha llegado para siempre …

Y llegará, y traerá la primavera con él,
Y dispersará el ejército de nubes grises,
y cuando todos le miremos a los ojos,
sus ojos melancólicos nos devolverán la mirada.
Se abrirán las puertas de casa,
no es bueno permanecer en pie, estarás mejor serntado
Y cuando todos le miremos a los ojos,
veremos la luz del sol en esos ojos …

Viktor Tsoi (KINO)

Апрель

Над землей – мороз,
Что не тронь – все лед,
Лишь во сне моем поет капель.
А снег идет стеной,
А снег идет весь день,
А за той стеной стоит апрель.

А он придет и приведет за собой весну,
И рассеет серых туч войска.
А когда мы все посмотрим в глаза его,
На нас из глаз его посмотрит тоска.
И откроются двери домов,
Да ты садись, а то в ногах правды нет.
А когда мы все посмотрим в глаза его,
То увидим в тех глазах Солнца свет.

На теле ран не счесть,
Нелегки шаги,
Лишь в груди горит звезда.
И умрет апрель,
И родится вновь,
И придет уже навсегда.

А он придет и приведет за собой весну,
И рассеет серых туч войска.
А когда мы все посмотрим в глаза его,
На нас из глаз его посмотрит тоска.
И откроются двери домов,
Да ты садись, а то в ногах правды нет.
А когда мы все посмотрим в глаза его,
То увидим в тех глазах Солнца свет.

¿Soñaba Philip K. Dick con juegos de mesa?

Tal vez cada ser humano vive en un mundo único, un mundo propio diferente de los que habitan y experimentan  todos los demás seres humanos. . . Si la realidad difiere de persona a persona, ¿se puede hablar de la realidad singular?, o ¿no deberíamos realmente estar hablando de realidades plurales? Y si hay realidades plurales, ¿son algunas más ciertas (más reales) que otras? ¿Qué pasa con el mundo de un esquizofrénico? Tal vez su mundo es tan real como nuestro mundo. Tal vez no podemos decir que estamos en contacto con la realidad y él no lo esta, sino que deberíamos decir que su realidad es tan diferente a la nuestra que no nos la puede explicar  y nosotros no podemos explicar la nuestra a él. El problema, entonces, es que si los mundos subjetivos experimentados son demasiado diferentes, se produce una ruptura en la comunicación … y ahí está la enfermedad real. Philip K. Dick

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Estamos muy acostumbrados a la subjetividad en los juegos. Es habitual que en las conversaciones entre aficionados se recurra a lo subjetivo. Existen infinidad de variantes del a mi (no) me gusta y tal y como señala Dick normalmente se utilizan para romper la comunicación. Puede ocurrir en un juego denostado o alabado por una mayoría, cuando enfrentarse a gurús, expertos, tradiciones y discursos establecidos resulta tan agotador como estéril y es mejor refugiarse en la propia  subjetividad experimentada en el tan manido Para gustos los colores. Claro que aquí no es una enfermedad si no una situación de bloqueo de la comunicación.

Pero no escribo esta entrada para intentar desmenuzar o entender algo tan complicado como la subjetividad de cada jugador, si no para algo más banal, una especie de ejercicio lúdico, esto es, que juegos le habría gustado diseñar o jugar a Philip K. Dick.

Si alguien no sabe que quien es Dick, es un autor de ciencia ficción norteamericano, famoso por las adaptaciones al cine de algunas de sus novelas, Sueñan los androides con ovejas electricas (Blade Runner), El informe de la minoría (Minority Report), Podemos recordarlo por usted al por mayor (Total Recall) y también muy leído El hombre en el castillo, Ubik, etc.

Para mi Dick, como para la mayoria de sus lectores, y una parte muy importante de la crítica de un escritor que en lo formal no pasa en la mayoria de ocasiones de discreto, de esos que han convertido la ciencia ficción en un pastiche de genero, con esas pistolas de rayos, es  naves estelares, las tramas rocambolescas, con androides que se rebelan, agentes secretos y mesías que no sabe de donde han salido.

Pero a Philip K dick hay que leerlo, nadie como él ha dado esos sopapos a la realidad, como en esa comisaria  de Sueñan los androides, nadie como él se ha atrevido a utilizar la tramoya en plena representación de eso que llamamos la vida. En Ubik los decorados literalmente se destruyen ante los desconcertados ojos de los protagonistas.

En los relatos y novelas de Dick, la naturaleza humana parece cualquier cosa menos consciente y provista de voluntad propia. El ser no es más que la obra de un diseño, o la incorporación a la psique de un recuerdo ajeno, que condiciona y hace imposible reconocer lo que se conoce como realidad.

Philip K Dick es fascinante.

Y ahora fijemos la atención en dos juegos en principio diferentes y una novelita de Dick.

México, principios del siglo XX, Porfirio Diaz está a punto de abandonar el poder. La revolución, el poder, la corrupción, el progreso parecen llamar a la puerta, el destino de una nación esta pendiente. Phil Eklund diseña a partir de ahí Pax Porifiriana. Un juego que establece una narrativa extremadamente coherente. Cada jugador actuara como un hacendado que en base a sus decisiones y la que tomen sus contrincantes intentara ser el sucesor de Porfirio Diaz. En Pax Porfiriana todo encaja a la perfección, el contexto histórico y la mecánica de juego. No cuesta nada al jugador asumir el rol que le propone el juego.

Retrocedamos ahora a la edad media, a un lugar imaginario y un momento indeterminado. Cuando Bruno Faidutti creó Ciudadelas no tenía mayor interés en la edad media que evocarla vagamente, que los jugadores alcanzaran su objetivo mediante la utilización optima y ocasional de los arquetipos que nos propone. El jugador no es ni el obispo, ni el rey ni el ladrón. Quizá el jugador toma el papel de la ciudad que avanza, que intenta disfrazar su consciencia para poder progresar y así  protegerse de los ataques de los demás jugadores. En ciudadelas la realidad aparece fragmentada, el jugador no tiene un rol único y conciencia plena de quien es y cual es su misión en el mundo.

Y ahora demos un salto adelante en el tiempo, de muchos miles de años, concretamente a la época en que está ambientada la primera novela de Philip K. Dick Lotería Solar. Esta es un obra muy menor, se nos describe una especie de utopía donde la Tierra es regida por la Teoría de Juegos y los gobernantes son elegidos por una loteria.

Lo que ocurre es que en esa Tierra del futuro es que el asesinato es legal, por cierto esto es una cosa que también ocurre en Pax Porfiriana y Ciudadelas, asesinar esta perfectamente reglamentado e integrado en el juego.

La novela de Philip k Dick gira básicamente en torno al intento de asesinato del nuevo Gran Presentador por parte del defenestrado. Como esta protegido por una cohorte de telepatas (gran presentador, telepatas, si es que Dick nunca falla para parecer chusco) no se le ocurre otra cosa al instigador del asesinato que preparar un androide del que iran tomando control remoto diferentes técnicos para así evitar que los telepatas le descubran al ser imposible establecer quien es la mente que está detrás del androide.

En realidad esa es la gran virtud de Loteria Solar, el androide llamado Keith Pellig, quizá Dick se dió cuenta en ese momento que mucho más interesante que contar como lo hace novela la subjetividad del que toma el control de Pellig era la subjetividad del androide. Pongamonos en la piel de Pellig un momento, ahora siento como John, luego como Herb más tarde como Ted. Pobre diablo, nunca estaría seguro de sus percepciones y emociones y no podía saber que su existencia, su voluntad no era propia si no de unas mentes que lo controlaban a millones de quilometros de distancia.

Loteria Solar es menor, sí pero ya dibuja lo que sera la obra de Philip K. A Pellig, con otro nombre, y variantes nos los encontraremos en los escritos posteriores, pero ya será el protagonista, o todo lo protagonista que se puede ser en una obra de Dick.

Sí ya sé que es un disparate todo este ejercicio pero me gusta pensar que si Philip K Dick hubiera jugado a ese monumento al juego que es Pax Porfiriana habría sentido la tentación de darle la vuelta a la narrativa que propone, que el autor de Sivainvi está más cómodo con narrativas que dan la vuelta a las más clásicas donde la conciencia de uno mismo queda desdibujada, como ocurre en Ciudadelas, un juego más cercano a los principios Dickinianos. Pero algo me dice que no están tan lejanos no en vano el principio que rije la Tierra de Loteria Solar, el minimax parece más presente en el Pax Porfiriana que en Ciudadelas.

P.s. al tropezar con la teoría de juegos, tropiezo con minimax, muy interesante, pero también descorazonador. Siento como si detrás de los juegos solo hubiera un algoritmo (¿será la teoría de juegos el arma definitiva contra las supercherias del alma?)

P.s John von Newman se merece por lo menos un par de lineas

 

 

 

Partida para dos

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Que hermosa está cuando juega
Su sonrisa le delata, esta apunto de sacarme del tablero.
Su larga melena rubia no llega ocultar sus oscuras intenciones.
Sus ojos chispean la alegría de saberse más inteligente.

Que bonita es su figura cuando se levanta de la mesa
y agita su puño en señal de victoria.
Que danza de colores tras conseguir el ultimo punto
y regalarme la carcajada de la alegría

A veces las partidas se complican
y acierto a ofrecerle resistencia.
Que hermosa está cuando se preocupa,
cuando se le dibujan las arrugas,
cuando la concentración le frunce el ceño
y la mandíbula se estremece tan leve
como la ventaja que mantengo.

Y el tablero pasa del rojo al azul;
y las cartas en su mano se agitan,
ahora su melena es rabia
y sus ojos chispean venganza.

No jugamos a menudo, pero entonces
que hermosa está cuando juega
que ganas de abrazarla
que ganas vencerla
que ganas de perderla.