Los 7 arquetipos del aficionado a los juegos de mesa en la red.

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Garagantua mea a los afectadisimos parisinos desde Notre Dame (grabado de Gustav Dore). Que falta nos haces, gigante.

 

Sirva esta entrada, no como ejercicio de entomólogo si no como saludable parodia de lo que nos encontramos en el día a día en la red los aficionados a los juegos de mesa. Nadie se sentirá identificado con ninguna de las propuestas de clasificación, al menos no he pensado en nadie en concreto para ningún personaje en particular, aunque es posible que si veamos parte de nuestra conducta en la red en varios de ellos. No es más que un divertimento, y una reivindicación. A esta alturas se conoce mucho más a Darth Vader, Sauron o Peter Parker que algunos de los personajes que yo propongo. Y sin embargo se les sigue tomando a los primeros como cosa de friquis. Debiera ser al revés. Lo raro, lo excepcional, lo que va contra la norma y las convenciones en internet es hablar de estos caracteres. Muchos pensaran que lo adecuado es hablar del sturmtrooper, una referencia más fácil de asimilar, pero también mucho más plana. Me niego a no poder usar lo que el entretenimiento lector me ha proporcionado.

 

Pero a lo que íbamos, como son o como se comportan los aficionados a los juegos de mesa en la red-

Los 7 arquetipos del aficionado a los juegos de mesa en la red.

 

 Hiperión (o el eremita en Grecia). Si hay un personaje afectado, amanerado, consciente y pagado de si mismo y con infulas de trascendencia  en la literatura es el hiperión de Holderlin. De acuerdo, lo he leído en castellano, quizá me pierdo lo fundamental. Pero es insufrible, dan ganas de asesinarlo. El hiperión en los juegos de mesa es fácil de identificar. Es el que busca en ellos experiencias trascendentales, el que insiste una y otra vez en que son cultura, del pasado como un edad de oro perdida. Solitario, romántico y autosuficiente. Le preocupa más relacionarse con los dioses que con los mortales, a los que ve como bárbaros que se desviaron en el camino de la pureza. Solo le gustan los juegos que existen en su imaginación.

 

 El gran inquisidor. Este es uno de los personajes más brutales de la literatura. Solo aparece unas pocas páginas en la novela Los hermanos Karamazov. Pero quita el aliento. ¿Quien si no el gran inquisidor podía juzgar, y condenar a Jesucristo? Y sin pruebas ni testimonios falsos. Un agudo y cruel juicio y una sorprendente revelación, que deja a la humanidad a la altura del betún y sin esperanza alguna. En nuestra afición no falta quien esgrime la espada de Roma, quien sería capaz de condenar al infierno a Knizia, Feld o Wallace. El gran inquisidor sabe que el mejor juego es la oca y que todos acabaremos reconociendolo.

 

 Gargantua.  Con el gigante francés todo mueve a la risa. Es el inventor del limpiaculos, el vencedor de Picrochole, el devorador de manjares, el que meó Paris y ahogó a sus habitantes. Rabelais nos describe su colección de juegos y supera los centenares ¡en el siglo XVI! En su vocabulario no existen las palabras mejor ni peor: la vida y los juegos son para disfrutarlos, o mandarlos a la mierda. Algunos nos asustamos por los martillazos, pero yo sé que si Gargantua pasara aquí no dudaría en tomar este blog por un retrete. Y si sobreviviera a la gran micción agitaría el puñito exclamando “no hay derecho”, como si para Gargantua existiera tal cosa. Gargantua es el gran jugón, sin sentido de la mesura, el que lo juega todo sin prejuicio alguno y sin mayor referencia que el placer que le otorga.

 

 Ignatius Reilly. John Kennedy Tool creo un personaje inmortal en La conjura de los necios. El lector no sabe muy bien que sentir por Ignatius, ¿lastima? ¿desprecio?. No fueron pocas veces leyendo el libro que sentía que los sentimientos que proyectaba por el héroe en realidad los dirigía a mi. Y resultaban tan negativos. Los ignatyus de los juegos de mesa no son solo aquellos que esperan algún día diseñar el juego de los juegos, también son aquellos que su vida continua los ha alejado de jugarlos y como sucedáneo sueñan partidas memorables. Se entretienen más en las redes sociales y comprando juegos que jugandolos.

 

 Babbit. Quizá el más desconocido de esta lista, y, sin que sea sorpresa alguna, el más habitual. Trevor Sinclair escribió sobre un personaje que hace lo que se espera de él. Trabaja, gana dinero y lo emplea en mejorar su nivel de vida. Lo que ocurre es que su nivel de vida no lo dicta él si no la sociedad que le rodea. Sin duda en su amplia colección tendrá los 10 mejores juegos que dice la Board game Geek. Aplaudirá y repudiara los juegos que la comunidad y los gurús dicen que hay que aplaudir y repudiar. No termina de entender muy bien el follón que montan algunos con esto de los juegos de mesa, y no sabe como decir a su grupo de juego que esta hasta las narices de jugar al Catán. Algún día el volcán estallara y nos pondrá a todos en el sitio que nos corresponde.

 

 Tom Sawyer. El menos solitario de esta lista. Y no solo por su amistad por Huck. Los juegos no se juegan solos, necesitan de más gente, y son una aventura. La red está muy bien, pero sólo si es capaz de llevarnos a una isla desierta que esconda un juego. Pero no un juego abstracto, y si es de piratas mejor. Tom es un muchacho, por lo tanto inocente, que solo busca experimentar, divertirse y soñar pero hasta eso le puede granjear enemigos mortales como “El indio”.

 

Stalker. En la novela de los hermanos Strugatski Picnic en el camino, el stalker es el guía de una misteriosa zona, la zona. No está muy claro que la zona interese a nadie más que a los stalkers, al fin y al cabo es ella la que da sentido a su existencia y no está muy claro el beneficio que obtiene el visitante ocasional. En los juegos de mesa existen, los stalkers, porque han tomado su afición por una zona que solo se puede acceder por visita guiada y también como un factor de identidad. Son aquellos que desean guiar hasta la esfera dorada, aquellos que aun creen que todos los seres humanos tienen los mismos sueños. Les veréis hablando de maravillas de juegos que solo conocen ellos, pero no os preocupéis, lo hacen con sinceridad y saben de sobra que nadie esta obligado a hacerles caso, cuentan con ello.

 

Por cierto también esta propuesta de arquetipos es una sugerencia literaria para Kabutor, que el pobre lloraba como un cocodrilo no haber leído un solo libro de una lista que pretendía recoger los 100 libros para ser una persona más interesante. Son personajes sacados de los libros y, que este tranquilo el responsable de El Tablero, no hay ningún afán snob detrás de ella. Hubo en tiempo que fui un afanoso y desesperado lector, y tragaba centenares de libros. Buscaba en ellos lo que la vida no me ofrecía. Me enganchaba a a ellos por los personajes,  se establecía una afinidad entre el héroe y yo. Vivía los libros por lo que ofrecían, así que son sangre de mis entrañas.

 

 

 

Optimismo y Pesimismo sobre la red 2.0

Es preciso sacar bueno de lo malo, pues es cuanto podemos hacer (Así comienza Picnic en el camino de los hermanos Boris y Arkadi Strutgaski)

Una lectura de verano

Supongo que a todo el mundo que tiene un blog le pasa, llega un momento que se plantea más la naturaleza del medio donde cuenta sus batallitas, que las mismas. Ya son unas cuantas las entradas que han aparecido en estos últimos meses sobre la red; como que se debe tener en cuenta a la hora de hacer un blog, la función crítica del blog, el intento de agitar la blogosfera de los juegos de mesa, etcetera, etcetera.

Pero ¿por qué? ¿de donde nace esta necesidad? ¿qué es lo que me lleva a darle tantas vueltas a la cabeza?: ¿un exceso de horas en la red? ¿un intento de enmascarar una adición? o quizá ¿es verdad que la red es algo fantástico?, ¿es verdad algo que está empezando a ser y por primera vez todos podemos poner nuestro granito de arena?. En esas dudas tan poco existenciales me muevo, es mi carácter, tal y como reza la descripción de mi cuenta twitter Ciclótimico con tendencia a la histeria.

Pero, y afortunamente, exponerse en la red te lleva a conocer gente real, personas. Y alguna incluso comparte inquietudes, aunque los puntos de vista sean diferentes. Y aparece Jonathan Delgado (conocido en algunos ambientes de los juegos de mesa como Silgaer) y abre puertas que estaban cerradas por desconocidas. Resulta que ya hay gente que está pensando y hablando sobre lo que es y lo supone la red. Y Jonathan me presta un libro y me da la referencia de otro. Libros, ahí siguen, como fuentes de conocimiento y reflexión. Parece que la red no los supera ¿será verdad que la red es mero entretenimiento?.

Así que tengo en mis manos Partes públicas de Jeff Jarvis lo que se puede llamar el canto optimista y entusiasta sobre la red. No lo he terminao aún pero me provoca sensaciones contrapuestas.  Por una lado ¿cómo no estar de acuerdo en los beneficios que supone compartir? para Jarvis es la clave de las redes sociales, por eso trata de matizar lo que debemos interpretar como intimidad, como valorarla y definirla. La idea que transmite es que al velar e invocar  la intimidad como salvaguarda actuamos un poco como los salvajes de las películas antiguas, aquellos que al verse fotografiados por vez primera sentían que habían robado parte de su alma. Para Jarvis la red es algo neutral de lo que la humanidad ha de sacar provecho (y beneficios). Aquí es donde yo disiento, es verdad que la red permite que todos portemos nuestra partícular imprenta, que tengamos la posibilidad de publicar nuestro particular manifiesto vital, y sin embargo… Sin embargo la red no es un invento neutro, nada lo es. En Jarvis encontramos un análisis acrítico, ahístorico, de nada sirve esa comparación tan interesante con la irrupción de la imprenta si no se habla de lo que realmente sucede, de lo que ha venido sucediendo en tantos siglos a la hora de opinar (o crear contenidos). El propio autor reconoce que en la red se producen conductas inadecuadas y malos usos, lo curioso es que tales actos responden a individuos, ni se le pasa por la cabeza que aún en la red se actua como masa. Le gusta tanto que lo ve como opinión pública, con su criterio independiente su capacidad por hacer valer sus intereses, pero ¿realmente esto es así? ¿qué clase de milagro se produce en las tres www para que ocurra lo que no ocurre en la vida real? si el mismo Jarvis no se cansa en señalar en los casos “malos” que como medio la red es neutral que no los genera ella ¿por qué no va suceder lo mismo en los casos “buenos”?.

Lo que me gustaría que fuese otra lectura de verano

Muy diferente parece el otro libro El desengaño de Internet de Evgeny Morozov, y digo parece por qué de este libro tan sólo tengo la referencia y un par de reseñas que hay por la red. Pero el caso es que apunta a ser un libro pesimista. Nada de lo que se suele decir a la hora de ensalzar a la red está realmente ocurriendo, viene a decir Morozov. Morozov cuestiona hasta el hito que más se recurre para hablar de la importancia de la red, las revueltas arabes.

Pero Morozov algo debe saber de todo esto, parece ser que era un “cyberactivista” bielorruso contra el régimen del dictador Lukashenko y fue fichado por el Departamento de Estado norteamericano para asesorar la pretendida, y hoy por hoy fracasada, revolución blanca. Morozov es muy joven y aún no ha llegado a los 30 años pero parece que se ha convertido en alguien muy influyente. Algunos de sus artículos se pueden encontrar traducidos en El País. Morozov parece un liberal, por eso está donde está, quizá sea el sucesor de Zbigniew Brzezinski, el que defina las futuras relaciones de los EEUU con Rusia, China y demás aberraciones antidemócraticas. Pero más allá de su analisis geopolitíco, de sus ganas de exportar al mundo las bondades democráticas de occidente, Morozov habla de temas que a mi también me preocupan.

Morozov entiende que la red está cada vez más dominada por las corporaciones que la red se está convirtiendo “en el paraiso de los consumidores, el infierno de los ciudadanos”. Como en el caso de Google,

¿Queremos mejorar el descubrimiento casual, que nos asegure la revelación de ideas nuevas y controvertidas, que maximice nuestra capacidad de pensar críticamente acerca de lo que vemos y leemos en la Red? ¿O queremos producir ordenadores que realicen búsquedas autónomas en nuestro nombre, solo para proponernos lo último que se vende, recomendarnos restaurantes cercanos y proporcionarnos una sola respuesta en lugar de varias? ¿Queremos un Internet que nos recuerde todo lo que está pasando online o preferimos introducir cierta bulliciosa caducidad en nuestros archivos digitales a medida que envejecemos, ellos y nosotros? Quienes ven la Red como un gigantesco catálogo digital de Sears no desean esa caducidad, pero para los que la vemos como parte de un diario de una civilización imperfecta seguramente será bienvenida. El País 27 de noviembre de 2011

La visión de Morozov es la antitetica de la Jarvis, que por otra parte es la más parecida a la del marketing. Y hoy por hoy la Jarvis es la triunfante, todos a mayor o menor escala la padecemos y nos entregamos a ella. Supongo que hay más elementos que influyen en ese triunfo que el buen hacer de la mercadotecnia. Para conocerlos sospecho que debo dirigirme a antropologos, sociologos y demás gente de letras. Por mi parte continuare leyendo intentando encontrar mi posición y saber lo que esta pasando ahora mismo en la red. Sacar bueno de lo malo, que no es poco.

p.s Gracias jonathan, tus lecturas y consejos son de provecho (otra cosa es si soy capaz de obtenerlo)

Historia Bélica

Vasili Grossman en su despacho

Tras el fiasco de ayer espero poder ahuyentar mi dispersión característica y lograr hoy un mínimo de concentración para llevar a buen puerto la entrada de hoy. Y que me perdonen todos los historiadores profesionales, los profesores de historia, los estudiantes de historia; pero hoy voy a volver a jugar a historiador, aún que realmente este más cerca de la perspectiva que plantea el título del poema de Brecht Preguntas de un obrero que lee, pero tengo la necesidad de interrogar a la disciplina y criticar cierta historia que tiene su espacio en las librerias y kioskos de nuestras ciudades. El caso es que ando estos días leyendo Años de Guerra de Vasili Grossman, una obra que recoge alguno de sus relatos dedicados a la Gran Guerra Patriótica, como El pueblo es inmortal y El viejo profesor. Relatos, que aunque no llegan donde lo hace Vida y Destino, aquí se nota la mano de la censura y cierto heroísmo forzado, vuelven a mostrar el pulso narrativo de Grossman y su interés capital por las vidas de las personas en la guerra, algunas de ellas son soldados, incluso soldados ejemplares, pero no dejan de actuar como seres humanos, con motivaciones, defectos y virtudes fácilmente identificables por cualquiera de nosotros.

Así con Vasili Grossman me termina sucediendo lo mismo que cuando leo a  Lev Tolstoi y me pregunto ¿acaso es mejor la novela que la historia para hablar de la guerra real? ¿Es posible que la ficción pueda llegar donde no llega la ciencia? pero sobre todo ¿por qué la guerra?

Ya he indicado en alguna ocasión anterior el gusto del público por la historia de la guerra, y en particular por la historia de la Segunda Guerra Mundial. Como ejemplo se puede poner la colección Memoria Crítica de la prestigiosa editorial Crítica, donde 41 de sus 82 títulos están basados en alguno de sus aspectos (el llamado socialismo real con  13 y el fascismo con  10 monografías cada uno son los otros grandes temas, que también suelen tocar la Segunda Guerra Mundial).

En realidad todo esto habla del retorno (aunque en realidad ya son muchos muchos años) de la historia del acontecimiento y la narración. El estructuralismo, el marxismo (entre otras corrientes) más preocupados por descubrir las estructuras internas, las causas y las consecuencias de las sociedades históricas han visto al acontecimiento con cierta indiferencia. Por ejemplo, Eric Hobsbawm en su magnifica Historia del siglo XX apenas dedica unas lineas a la Segunda Guerra Mundial. Puede resultar chocante, ¿cuantos millones de personas murieron o perdieron algún familiar directo en Europa entre 1939 y 1945? ¿cuantas vieron sus hogares destruidos? ¿cuantas se vieron desplazadas? ¿cuantas sufrieron los rigores del hambre? Es posible que para todos aquellos que vivieron esos años fueran los más significativos de su vida, pero para ciertos historiadores, aquellos más interesados en la historia total, no lo son.

Las calles de Leningrado en otoño de 1941

De todos modos la historia de la guerra, aún como tema secundario, pero tan querido por los lectores, si que es perceptible de afrontarse de nuevas maneras. Me sorprende como a día de hoy editoriales como la británica Osprey, que tiene aquí su puñado de seguidores, sigue empeñada en publicar la historia de los generales. Un ejemplo,sacado casi al azar de uno sus libros dedicados a la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética, uno de los mayores dramas de la historia de la humanidad.

La movilidad alemana dejó clavados a los soviéticos. Partiendo el 1 de octubre, el XIV Cuerpo Panzer avanzó por la derecha y el III Cuerpo Panzer varió a la izquierda, con lo cual cortaron las comunicaciones del Frente Sudoccidental. Con buen tiempo, los hombres de Von Kleist (menos el XLVIII Cuerpo deP anzer, transferido a Guderian después de Kiev) pusieron en grave peligro al 18º Ejército y, en menopr medida, al 9º. El 3 de octubre ambos se retiraban, perseguidos por el decimoprimer Ejército. Dos días después el III Cuerpo Panzer ocupó Melitopol, los grupos Panzer e Y.T. Cherevichenko se hacía cargo del Frente Meridiona. Los ejércitos 9º y 18º fieron destrozados: tuvieron 106.000 prisioneros y perdieron 212 carros y 766 cañones de toda clase. Los alemanes enterraron con honores al jefe del 18º Ejército, Smirnov, y Von manstein volvió a concentrarse en Perekop. Operación Barbarroja (2003). Robert Kirbuchel

Francamente aburrido, de escaso interés, y lo que es peor, inhumano. La guerra convertida en partida de ajedrez, donde los generales despliegan sus ejércitos como piezas. Cosa que por otra parte no tiene demasiada relación con lo que ocurre en la realidad. Los miles y miles de Frich e Ivanes que lucharon, no son más que un número para el historiador de Osprey. Al igual que para el general, el soldado es una cifra que se rinde, avanza, retrocede o simplemente muere. Nada sabemos de lo que es para el soldado “presionar un flanco”, retroceder, marchar, sobrevivir a un bombardeo, llegar y ver el río Dnieper como último lugar para la defensa, buscar en aldea de los asustados campesinos la cena de hoy, o simplemente encontrar un momento para escribir una carta, quizá la última, para sus familiares.

La primera carta venía de Ereván y estaba dirigida a Babadzhanian. Al leer el remite Bogariov vio que era de la esposa de su valiente amigo.

Los jefes de compañia Ovchínikov y Shuleikin seleccionaban con rapidez las cartas mientras decían en voz baja: “Éste está…, éste muerto…, éste está…, éste muerto”, y colocaban las cartas de los muertos en un montocito aparte.

Bogariov recogió la carta de Babadzhanian y se dirigió hacia su tumba. Colocó la carta sobre el túmulo, la cubrió con tierra y pus encima un trozo de metralla. Permaneció largo rato junto a la tumba del jefe de batallón

– ¿Cuándo me llegará a mi tu carta, Lisa?- se pregunto en voz alta. El pueblo inmortal (1942).Vasili Grossman

Es por cosas como esta por la que pienso que la novela se acerca más a la guerra que la historia. Quizá no sólo sea por desinterés del historiador, quizás no encuentre la fuentes que le permitan dar el tono adecuado a la narración. Son miserias de la profesión, supongo. De todas maneras es justo reconocer que hay inquietudes y que la historia bélica y militar se está replanteando desde hace bastante.

El 18 de junio de 1815 se libró una batalla cerca del pueblo belga de Waterloo. Como sabrá cualquiera que haya estudiado la historia británica, el resulatdo de esta batalla fue que un ejército aliado a las órdenes del duque de Wellington, con un apoyo tardío qunque decisivo de las fuerzas prusianas dirigidas por Blücher, derrotó al ejército francés mandado por Napoleón Bonaparte, decidiendo así la suerte de Europa. En los días que siguieron a la batalla, uno de quienes contribuyeron a determinar el destino del continente, el soldado raso William Wheeler, del 51 regimiento de infantería británica, escribió varias cartas a su mujer:

“La batalla de tres días ha concluido. Estoy sano y salvo, que ya es bastante. Ahora, y en cualquier oportunidad, pondré por escrito los detalles el gran acontecimiento, es decir, lo que me fue dado observar… La mañana del 18 de junio amaneció sobre nosotros y nos encontró calados de lluvia, entumecidos y tiritando de frío… El año pasado me reñiste muchas veces por fumar en casa, pero debo decirte que, si no hubiera tenido una buena provisión de tabaco esa noche, habría muerto.”

Wheeler continuaba ofreciendo a su mujer una descripción de la batalla de Waterloo desde una posición peligrosa: la experiencia de soportar el fuego de la artillería francesa, la destrucción de un cuerpo de coraceros enemigos por la descarga de su regimiento, el espectáculo de montones de cadáveres de guardias británicos quemados en las ruinas del castillo de Hougomont, el dinero saqueado al cadáver de un oficial de los húsares franceses, muerto por los disparos de un miembro del destacamento de Wheeler. Los libros de historia nos dicen que Wellington ganó la batalla de Waterloo. En cierto sentido, Wheleer y miles como él la ganaron igualmente. Historia desde Abajo. (1991) Jim Sharpe

Y así debe ser, la llamada Historia desde Abajo ofrece nuevas posibilidades para acceder a la historia de la guerra. La victoria, el heroismo, la épica conviven gracias a esta forma de historia junto a las vilezas de los ganadores y los perdedores; el saqueo, la cobardía, las ejecuciones sumarias, la tortura. Es difícil, por ejemplo, encontrar un libro que cuente el sistema de abastecimiento de un ejército. Por lo poco que sé un ejército en movimiento, tanto en retirada como en ocupación, debe ser lo más parecido a una plaga de langostas. Casí nunca se habla de las “requisas” forzadas, como casi nunca se habla de las levas de los mozos. Reclutar soldados para una guerra, el alistamiento forzoso, las familias campesinas que perdían los brazos para la faena, el marido, el padre, el hijo. Eso también es la guerra, pero no aparece en la guerra de los generales.

Niños juegan en la sitiada Leningrado 1942

Pero el problema persiste para la historia, dice Peter Burke

En el caso concreto de la historia militar, John Keegan ha señalado que la narración tradicional de las batallas es equívoca por “centrarse en los líderes” y por su “reducción de los soldados a peones” y se impone abandonarla. “la historia desde abajo” incluye actualmente la historia de la guerra. lA dificultad de hacerlo podría ilustrarse con el caso del conocido estudio de Cornelius Ryan sobre el Día D. Ryan se dispuso a escribir sobre la guerra de los soldados, más que sobre los generales. Su historia es una prolongación de su obra como corresponsal de guerra: sus fuentes principalmente orales. Su libro transmite muy bien la “sensación” de la batalla en ambos bandos. Es vívido y drámatico -de hecho, está organizado, a la manera de un dram clásico, en torno a las “tres unidades de lugar (Normandía), tiempo (6 de junio de 1944) y acción”-. Por otra parte, el libro está fragmentado en episodios separados. Las experiencias de los distintos participantes no están cohesionadas. La única manera de hacerlas coherentes parece ser la imposición de un esquema desde “arriba”, volviendo así a la guerra de los generales de la que el autor intentaba escapar. El libro de Ryan ilustra el problema más claramente que muchos otros, pero el problema no es sólo suyo. Este tipo de sesgo es quizá inherente a la organización narrativa.  Historia de los Acontecimientos y Renacimiento de la Narración. Peter Burke.

Este problema de perspectiva sí lo resuelven escritores como Tolstoi y Grossmann, pero parece que a los historiadores les cuesta más. Como dice Burke, en las obras de Ryan, Atkinson (Un ejército al manacer) hablan de los soldados pero terminan por tomar el punto de vista de los generales. Son buenas obras, bien escritas, pero terminan por fallar en lo esencial. La guerra es contemplada con cierta benevolencia maniquea. Sin embargo hay otros historiadores como Ronald Fraser que a través de la historia oral  (Recuérdalo tú y recuérdalo a otros) elude directamente la “verdad histórica” para acercarnos a las otras verdades, las subjetivas, las  de los contendientes, estuvieran o no en el frente. La historia se convierte en polifonía y ya no hay una tesis que criba los testimonios en una sola dirección, son muchas las voces las que hablan en una guerra, y muchas veces cuentan cosas que no nos gustan.

En los bosques de Lvov

Como dice Slavoj Zizek dando la vuelta a las palabras de Adorno “Solo es posible la poesía después de Auschwitz”, el filosofo esloveno dice que la representación y reconstrucción del horror a través del realismo y las pretensiones de veracidad, solo pueden desembocar en falsedad, que solo la poesía puede acercarnos a lo que allí paso. No sé si es pertinente la comparación, pero de algún modo siento como Zizek al comparar Si esto es un hombre de Primo Levi con Auschwitz de Lawrence Rees. Si bien es cierto que la obra de Levi es prosa, no puedo si no pensar que Zizek no se equivoca al hablar de sensación de falso de los pretendidos documentales y ensayos realistas.

Termino, todo esto rollo para intentar explicar mi desconfianza hacía la historia militar, un genero menor, pero muy interesante, que todavía tiene mucho que decir, pero que le hacen falta autores, no sé si imaginativos, sensibles o simplemente diferentes. De momento me quedo con los novelones de Grossman o Tolstoi, la sátira de Jaroslav Hasek, o el descarnado Erich Maria Remarque. Todos novelistas

La rebelión de los colgados

Acabo de terminar uno de esos libros que se acostumbra a calificar como “veraniegos”. Literatura distendida, de esa que se puede interrumpir y proseguir en un momento posterior,que se lee con facilidad en la playa, el metro o cualquier otro lugar tan incomodo y concurrido como estos.

El libro es El rediezcubrimiento de México de Ceferino Díaz y Marco A. Almazán (aunque no sé si este es realmente el verdadero autor), la crónica biográfica de un asturiano, Ceferino Díaz, que llegó a México para hacer las Américas. En sus mismas palabras “un labriego que se convirtió en señor”. Un libro divertido, donde se mezclan los prejuicios de españoles y mexicanos los unos respecto de los otros. Por fin he sabido lo que es un “gachupín”, pero sobre todo me ha servido para conocer un poco la idiosincrasia de los mexicanos, al menos a los ojos de un asturiano. Cosas como las credenciales, la mordida, la puntualidad, el compadreo, “el estar bruja”, la antesala, el machismo, la lotería y la ceremoniosidad parece que son ya parte del alma mexicana, o el “vuelva usted mañana” que también existe en México pero sin la carga pesimista que desde Larra imprimimos por aquí a la expresión. Pero sobre todo me llamaba la atención algo “típicamente mejicano” según Ceferino, la paradoja de su carácter, como “la creencia permanente de que se está pasando por algo transitorio” (sí, igual que pensamos aquí sobre nuestra crisis).

En libro aparecen mejicanos, y sobre todo uno, el compadre del protagonista, don Melitón, y gracias a su carácter volcánico, excesivo, arrebatador  y paradójico podemos hacernos una idea de como se las gastan en México, y aún suponiendo que se exagera un poco por dar un poco de gracia y humor al relato, me han hecho recordar a otro pueblo excesivo y paradójico donde los halla, los rusos. De muy diferente manera pero también ellos son un punto y a parte. Tal y como me contaba un viejo amigo, ¿en que otro país si no Rusia pueden pasar cosas como ver a una guapísima y finísima bailarina de ballet, descansando en la piscina, luciendo un espectacular bikini mientras bebe a morro del tetrabrik de vino peleón?

Por cierto el tal Melitón montó una pollería, uno más de los innumerables negocios y trabajos que tuvo en su azarosa existencia. La dichosa pollería tenía un  nombre de esos que impactan, “la rebelión de los colgados”. Acostumbrado a los nombres castizos y muy poco imaginativos nombres que gastan por aquí,  tales como “pollería Mari” o “Tere” o “Paco”, o “Jordi”, no puedo menos que descubrirme ante el ingenio y audacia de Melitón. Su nombre tiene algo de justicia poética, aunque sea en un lugar tan insospechado como el nombre de una pollería.

También me he acordado de Primo Levi. Si el escritor italiano hubiera tenido la suerte de emigrar a México en lugar de ser deportado a Auschwitz, hubiera escrito una verdadera fiesta de la humanidad. Como a Ceferino a Primo Levi le apasionaban los caracteres humanos, y me parece que allí hubiera encontrado el suficiente material para escribir una novela (o una trilogía) por necesidades muy diferentes a las que tuvo con la Trilogía de Auschwitz. Por supuesto que Levi es mucho más escritor y que tiene una rara (única, mejor dicho) habilidad para hablar de las personas, de todas la personas. Pero el libro de Ceferino también es cálido, amable y divertido, y le gustan las personas, para que negarlo.

Y termino con un agradecimiento muy especial. Este libro llegó a mis manos gracias a un amigo mexicano, Saúl (también conocido como Kaliman en el foro de la bsk). Y no sólo el libro, junto con el libro me llegó su “opera prima” como diseñador de juegos de mesa, Tierra y Libertad. Este blog le debe una reseña, no estoy ahora mismo con mucho tiempo, pero me imagino que en 10 días la podre escribir aquí mismo. De momento solo he podido verlo y tocarlo, curiosear pero sin profundizar. Pero me ha servido para trasladarme a los turbulentos tiempos de la revolución mexicana. Gracias Saúl.

P.S. Descubro que el libro tuvo una adaptación cinematográfica, una producción mexicana con Alfredo Landa en el papel de Ceferino. Lo que he visto no me ha gustado, una comedia más atenta al humor fácil que a lo que cuenta el libro, que se detiene en observar al mexicano. Aunque me gustaría saber lo que piensa Saúl de todo esto, si reconoce al México del libro, o no es más que literatura de ficción. La verdad es que tiene que ser curioso como somos a los ojos de los forasteros, cuando lo que es normal deja de serlo (o parecerlo).

Estrella Roja. Utopía y steampunk

Qué difícil es ser dios, pensó Rumata. Impacientemente, respondió:
– No me comprendes. He intentado veinte veces explicarte que no soy ningún dios.
Pero tú no me crees. Además, nunca podrás comprender por qué no te puedo ayudar con
armas… (Qué díficil es ser Dios. Boris y Arkadi Strugatski, 1964)

Foto tomada del blog "Nevsky Prospects" (pincha en la imagen)

Vaya por delante que no pretendo reseñar el libro de Alexander Bogdánov, ni tengo las capacidades ni los saberes necesarios para hacerlo. Siempre pienso que una reseña literaria debe ser una obrita que ponga en contacto el libro, el autor y el potencial lector de manera que este pueda percibir que tipo de libro se va a encontrar y si le resultara de interés. Y Estrella Roja, me parece un libro extremadamente difícil de reseñar, por que se puede leer de muchas maneras, unas más satisfactorias que otras. Yo solo puedo limitarme a señalar algunas de las ideas que venían a mi cabeza leyendo la obra de Bogdánov, por lo tanto no es más que un comentario personal y como tal ha de tomarse.

"Le Vingtième Siècle" Albert Robida. 1883

Es preciso que señale que lo primero que hice cuando me dió por comenzar con  la aventura de este blog fue crear el “blogroll” con un enlace llamado “El mapa de la utopía”.  Hace bastante tiempo que el pensamiento utópico, en casi todas sus manifestaciones, ejerce una poderosa fascinación sobre mi. Pensaba que, (tal y como decía  Oscar Wilde, “Un mapa donde no aparezca Utopía no debe llamarse mapa”), un blog que hiciera yo y donde no apareciera una referencia a  la utopía no podía ser tal blog. Por eso existe ese enlace, que lleva a una lista de obras utópicas seleccionadas por “New York Public Library” para su exposición Utopía. La busqueda de la sociedad perfecta en el mundo occidental”.

Villemard "A l'Ecole" (En la escuela) Visions de l'an 2000, 1910

La verdad es que pensaba que ese enlace había supuesto mi conocimiento de la existencia de Estrella Roja, pero veo que no es así, en el listado del año 1908 aparecen dos títulos, ambos franceses,  L’Ile des pingouins de Anatole france Terre libre de Jean Grave. Así que debió ser por otro lado donde tuve noticias de Bogdanov ¿Magris, Manuel, tal vez Jameson? Ya no lo puedo recordar.Pero por fin, tantos años después, he podido leer Estrella Roja. Y no sé si precisamente esa expectación es la que ha provocado que su lectura me haya dejado un  cierto sabor agridulce. En cierto modo su principal virtud es a la vez su gran problema, es una obra de su tiempo, destinada a lectores de su tiempo. Las palabras de introducción de la exposición de la utopía de la New York Public Library también valen para Estrella Roja.

Esta exposición muestra cómo las mujeres y los hombres, en el espacio de varios miles de años de cultura occidental, han imaginado, representado, descrito, y creado nuevas versiones de sociedades ideales. Se pretende demostrar así que la historia de estos lugares es inseparable de la historia de las personas, culturas y épocas que les dieron origen.  Cada sueño individual es realmente la imagen refractada de un momento específico en el tiempo, una construcción imaginaria en la que los problemas específicos del mundo concreto se resuelven y la felicidad – el más elusivo de los objetivos – se alcanza.

He de reconocer que, como novela, Estrella Roja me ha parecido discreta.  Ambientada después de la revolución de 1905, cuando el Imperio Ruso intensifica su represión sobre los disidentes, el protagonista, Leonid, un socialista revolucionario, es invitado por un marciano, Menni, a conocer la civilización de su planeta. En el etereonef, la nave marciana, partirá hacia el planeta rojo. Allí Leonid, y con él, el lector, comprobara de primera mano los logros del socialismo, que dejo tiempo atrás la etapa del capitalismo y con él buena parte del individualismo, y verá en la sociedad de Marte lo que debe llegar a ser la terrestre. Sin embargo, Leonid vivirá una fría historia de amor y cometerá un ¿absurdo? crimen que le devolverá a la Tierra, donde está a punto de triunfar la revolución.

¿es la utopía la nostalgia del paraiso?

Realmente lo más importante de la novela son las reacciones, las preguntas, las sorpresas de Leonid por todo lo que acontece en Marte. Pero a Bogdanov no le interesa contarnos que aspecto o que maravillas tiene Marte, de lo que se trata es de describir las normas de funcionamiento sociales de Marte, tan diferentes de la Tierra. A veces se detiene en cosas como una televisión tridimensional, o un transporte ultraveloz (250 kilómetros por hora), o la extraordinaria utilidad de las transfusiones de sangre (Bogdánov era médico e irónicamente murió en una fallida transfusión sanguínea en 1928) pero lo que realmente importa es la posición moral que adoptan los marcianos para afrontar los problemas a los que se enfrenta su sociedad. Y en esencia los marcianos tiene los mismos problemas que los terrestres solo que los solucionan de una manera socialista, se desprenden del individualismo y la satisfacción personal para darlo todo por el progreso de su humanidad.

A medida que leía me venía a la cabeza otro libro ruso, Qué difícil es ser Dios de los hermanos Boris y Arkady Strugatski. En él se invierte la situación propuesta por Bogdanov; en un futuro lejano será un terrestre, Antón ( alias “Rumata de Estoria”), el que viajara como observador a un mundo medieval, ni siquiera capitalista. Allí comprobara lo amargo que es tener el poder de un Dios y no conseguir acelerar el motor de la Historia, solo constatara lo que ya sabía, que la revolución solo triunfara cuando se den las condiciones objetivas y para eso a veces hacen falta siglos de Historia. A diferencia de Menni, el observador marciano en la Tierra de Estrella Roja, Rumata de Estoria, se comportara de manera humana aún sabiendo la inutilidad de sus actos.

Por así decirlo, tanto Bogdánov como los Strugatski siguen la clásica distinción marxista entre “el ser” y “el deber ser”. Mientras para Bogdanov la respuesta está en un “deber ser” constante, inflexible, como el de los marcianos,  quizás por estar escrita en un momento prerrevolucionario. Los hermanos Strugatski parecen apostar por una inevitabilidad del “ser” humano, que se situara por encima del “deber ser” incluso alcanzado el comunismo. O dicho más breve y claro, Bogdanov muestra más confianza en la Utopía transformadora y totalizadora que los Strugatski. Quizá por sufrir la enfermedad de individualismo me encuentre más cercano a las tesis de los Strugatski.Y quizás esa lectura haya afectado mi juicio sobre Estrella Roja.

Y la otra cuestión que quería comentar es que pese a lo que se dice en el epilogo, Estrella Roja, no es una obra de proto SteamPunk- El steampunk que no es más que una etiqueta literaria derivada de otra, el cyberpunk, sirve para definir aquellas obras que gustan de presentarnos un mundo alternativo basado en la estética victoriana y la revolución industrial y su máquina de vapor. Aquella máquinas de lo que Mumford llamaba era paleotécnica  tenían una poderosa estética, hierro, tubos, herrumbre, ennegrecidas por el hollín, desnudas de adornos y soluciones de diseño, agresivas y casi mortíferas. las novelas “steampunk” suelen jugar con todos esos elementos, como “Antihielo” de Stephen Baxter y aveces un sano espíritu burlón. Pero en Estrella Roja tan solo encontramos el eterograf, una magnífica nave espacial impulsada por antimateria,y su sola presencia no basta para calificar como steampunk a la novela, ni siquiera como protosteampunk. La importancia, y sobre todo la apariencia, de las soluciones técnicas en Estrella Roja no remiten nunca a los pequeños cánones del subgénero, le falta tanto el “vapor” (steam) como el punk . El eterograf no es más que la nave espacial que exigía el libro.

Estética Kin dza dza o Steampunk en la vida real. Almacén abandonado en Ucrania

El jemplo más claro dentro del subgenero, para todos aquellos que no lo conozcan, es el fim soviético Kin Dza Dza (1986),creado e ideado ajeno a la definición que acababa de nacer en occidente, pero que sin embargo es el mejor y más genial representante de lo que es el steampunk. Una película irresistible, cada vez que veo un fragmento de ella, me dan ganas de flexionar las rodillas y gritar ¡ku!

Se me ocurre que es posible que mis comentarios induzcan a formarse una idea equivocada de que lo es Estrella Roja, desde luego no es una obra cumbre de la literatura, ni tampoco es una novela steampunk, es una novela utopica, muy similar a las de Morris o Bellamy, de esas que se toman en serio a si mismas. Pero eso no quita para que su lectura sea un buen ejercicio mental, el tiempo, la historia nos ha regalado una perspectiva que nos permiten leer de muchas maneras Estrella Roja, aunque sospecho que como mero entretenimiento no funciona. Pero si se es un arqueólogo del futuro, un entusiasta de las utopías, un curioso de la ciencia ficción, o fan de la literatura rusa Estrella Roja merece la pena. De hecho se me ocurren cientos de circunstancias donde su lectura no sera considerada una perdida de tiempo.

Noticias de Niguna Parte. William Morris.

Y termino, 9 años después de su publicación, en 1917 la revolución triunfaba en Rusia. En 1919, los soviéticos convertidos en los exportadores de la revolución mundial,  crean la Komintern (la internacional comunista). En 1924 se filma un corto, donde un héroe, el bolchevique  Kominternov (sic), persigue a los capitalistas burgueses hasta Marte, el último refugio de la autocracia. Agit prop y ciencia ficción de la mano de un corto tan interesante como Estrella Roja.