Historia Bélica

Vasili Grossman en su despacho

Tras el fiasco de ayer espero poder ahuyentar mi dispersión característica y lograr hoy un mínimo de concentración para llevar a buen puerto la entrada de hoy. Y que me perdonen todos los historiadores profesionales, los profesores de historia, los estudiantes de historia; pero hoy voy a volver a jugar a historiador, aún que realmente este más cerca de la perspectiva que plantea el título del poema de Brecht Preguntas de un obrero que lee, pero tengo la necesidad de interrogar a la disciplina y criticar cierta historia que tiene su espacio en las librerias y kioskos de nuestras ciudades. El caso es que ando estos días leyendo Años de Guerra de Vasili Grossman, una obra que recoge alguno de sus relatos dedicados a la Gran Guerra Patriótica, como El pueblo es inmortal y El viejo profesor. Relatos, que aunque no llegan donde lo hace Vida y Destino, aquí se nota la mano de la censura y cierto heroísmo forzado, vuelven a mostrar el pulso narrativo de Grossman y su interés capital por las vidas de las personas en la guerra, algunas de ellas son soldados, incluso soldados ejemplares, pero no dejan de actuar como seres humanos, con motivaciones, defectos y virtudes fácilmente identificables por cualquiera de nosotros.

Así con Vasili Grossman me termina sucediendo lo mismo que cuando leo a  Lev Tolstoi y me pregunto ¿acaso es mejor la novela que la historia para hablar de la guerra real? ¿Es posible que la ficción pueda llegar donde no llega la ciencia? pero sobre todo ¿por qué la guerra?

Ya he indicado en alguna ocasión anterior el gusto del público por la historia de la guerra, y en particular por la historia de la Segunda Guerra Mundial. Como ejemplo se puede poner la colección Memoria Crítica de la prestigiosa editorial Crítica, donde 41 de sus 82 títulos están basados en alguno de sus aspectos (el llamado socialismo real con  13 y el fascismo con  10 monografías cada uno son los otros grandes temas, que también suelen tocar la Segunda Guerra Mundial).

En realidad todo esto habla del retorno (aunque en realidad ya son muchos muchos años) de la historia del acontecimiento y la narración. El estructuralismo, el marxismo (entre otras corrientes) más preocupados por descubrir las estructuras internas, las causas y las consecuencias de las sociedades históricas han visto al acontecimiento con cierta indiferencia. Por ejemplo, Eric Hobsbawm en su magnifica Historia del siglo XX apenas dedica unas lineas a la Segunda Guerra Mundial. Puede resultar chocante, ¿cuantos millones de personas murieron o perdieron algún familiar directo en Europa entre 1939 y 1945? ¿cuantas vieron sus hogares destruidos? ¿cuantas se vieron desplazadas? ¿cuantas sufrieron los rigores del hambre? Es posible que para todos aquellos que vivieron esos años fueran los más significativos de su vida, pero para ciertos historiadores, aquellos más interesados en la historia total, no lo son.

Las calles de Leningrado en otoño de 1941

De todos modos la historia de la guerra, aún como tema secundario, pero tan querido por los lectores, si que es perceptible de afrontarse de nuevas maneras. Me sorprende como a día de hoy editoriales como la británica Osprey, que tiene aquí su puñado de seguidores, sigue empeñada en publicar la historia de los generales. Un ejemplo,sacado casi al azar de uno sus libros dedicados a la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética, uno de los mayores dramas de la historia de la humanidad.

La movilidad alemana dejó clavados a los soviéticos. Partiendo el 1 de octubre, el XIV Cuerpo Panzer avanzó por la derecha y el III Cuerpo Panzer varió a la izquierda, con lo cual cortaron las comunicaciones del Frente Sudoccidental. Con buen tiempo, los hombres de Von Kleist (menos el XLVIII Cuerpo deP anzer, transferido a Guderian después de Kiev) pusieron en grave peligro al 18º Ejército y, en menopr medida, al 9º. El 3 de octubre ambos se retiraban, perseguidos por el decimoprimer Ejército. Dos días después el III Cuerpo Panzer ocupó Melitopol, los grupos Panzer e Y.T. Cherevichenko se hacía cargo del Frente Meridiona. Los ejércitos 9º y 18º fieron destrozados: tuvieron 106.000 prisioneros y perdieron 212 carros y 766 cañones de toda clase. Los alemanes enterraron con honores al jefe del 18º Ejército, Smirnov, y Von manstein volvió a concentrarse en Perekop. Operación Barbarroja (2003). Robert Kirbuchel

Francamente aburrido, de escaso interés, y lo que es peor, inhumano. La guerra convertida en partida de ajedrez, donde los generales despliegan sus ejércitos como piezas. Cosa que por otra parte no tiene demasiada relación con lo que ocurre en la realidad. Los miles y miles de Frich e Ivanes que lucharon, no son más que un número para el historiador de Osprey. Al igual que para el general, el soldado es una cifra que se rinde, avanza, retrocede o simplemente muere. Nada sabemos de lo que es para el soldado “presionar un flanco”, retroceder, marchar, sobrevivir a un bombardeo, llegar y ver el río Dnieper como último lugar para la defensa, buscar en aldea de los asustados campesinos la cena de hoy, o simplemente encontrar un momento para escribir una carta, quizá la última, para sus familiares.

La primera carta venía de Ereván y estaba dirigida a Babadzhanian. Al leer el remite Bogariov vio que era de la esposa de su valiente amigo.

Los jefes de compañia Ovchínikov y Shuleikin seleccionaban con rapidez las cartas mientras decían en voz baja: “Éste está…, éste muerto…, éste está…, éste muerto”, y colocaban las cartas de los muertos en un montocito aparte.

Bogariov recogió la carta de Babadzhanian y se dirigió hacia su tumba. Colocó la carta sobre el túmulo, la cubrió con tierra y pus encima un trozo de metralla. Permaneció largo rato junto a la tumba del jefe de batallón

- ¿Cuándo me llegará a mi tu carta, Lisa?- se pregunto en voz alta. El pueblo inmortal (1942).Vasili Grossman

Es por cosas como esta por la que pienso que la novela se acerca más a la guerra que la historia. Quizá no sólo sea por desinterés del historiador, quizás no encuentre la fuentes que le permitan dar el tono adecuado a la narración. Son miserias de la profesión, supongo. De todas maneras es justo reconocer que hay inquietudes y que la historia bélica y militar se está replanteando desde hace bastante.

El 18 de junio de 1815 se libró una batalla cerca del pueblo belga de Waterloo. Como sabrá cualquiera que haya estudiado la historia británica, el resulatdo de esta batalla fue que un ejército aliado a las órdenes del duque de Wellington, con un apoyo tardío qunque decisivo de las fuerzas prusianas dirigidas por Blücher, derrotó al ejército francés mandado por Napoleón Bonaparte, decidiendo así la suerte de Europa. En los días que siguieron a la batalla, uno de quienes contribuyeron a determinar el destino del continente, el soldado raso William Wheeler, del 51 regimiento de infantería británica, escribió varias cartas a su mujer:

“La batalla de tres días ha concluido. Estoy sano y salvo, que ya es bastante. Ahora, y en cualquier oportunidad, pondré por escrito los detalles el gran acontecimiento, es decir, lo que me fue dado observar… La mañana del 18 de junio amaneció sobre nosotros y nos encontró calados de lluvia, entumecidos y tiritando de frío… El año pasado me reñiste muchas veces por fumar en casa, pero debo decirte que, si no hubiera tenido una buena provisión de tabaco esa noche, habría muerto.”

Wheeler continuaba ofreciendo a su mujer una descripción de la batalla de Waterloo desde una posición peligrosa: la experiencia de soportar el fuego de la artillería francesa, la destrucción de un cuerpo de coraceros enemigos por la descarga de su regimiento, el espectáculo de montones de cadáveres de guardias británicos quemados en las ruinas del castillo de Hougomont, el dinero saqueado al cadáver de un oficial de los húsares franceses, muerto por los disparos de un miembro del destacamento de Wheeler. Los libros de historia nos dicen que Wellington ganó la batalla de Waterloo. En cierto sentido, Wheleer y miles como él la ganaron igualmente. Historia desde Abajo. (1991) Jim Sharpe

Y así debe ser, la llamada Historia desde Abajo ofrece nuevas posibilidades para acceder a la historia de la guerra. La victoria, el heroismo, la épica conviven gracias a esta forma de historia junto a las vilezas de los ganadores y los perdedores; el saqueo, la cobardía, las ejecuciones sumarias, la tortura. Es difícil, por ejemplo, encontrar un libro que cuente el sistema de abastecimiento de un ejército. Por lo poco que sé un ejército en movimiento, tanto en retirada como en ocupación, debe ser lo más parecido a una plaga de langostas. Casí nunca se habla de las “requisas” forzadas, como casi nunca se habla de las levas de los mozos. Reclutar soldados para una guerra, el alistamiento forzoso, las familias campesinas que perdían los brazos para la faena, el marido, el padre, el hijo. Eso también es la guerra, pero no aparece en la guerra de los generales.

Niños juegan en la sitiada Leningrado 1942

Pero el problema persiste para la historia, dice Peter Burke

En el caso concreto de la historia militar, John Keegan ha señalado que la narración tradicional de las batallas es equívoca por “centrarse en los líderes” y por su “reducción de los soldados a peones” y se impone abandonarla. “la historia desde abajo” incluye actualmente la historia de la guerra. lA dificultad de hacerlo podría ilustrarse con el caso del conocido estudio de Cornelius Ryan sobre el Día D. Ryan se dispuso a escribir sobre la guerra de los soldados, más que sobre los generales. Su historia es una prolongación de su obra como corresponsal de guerra: sus fuentes principalmente orales. Su libro transmite muy bien la “sensación” de la batalla en ambos bandos. Es vívido y drámatico -de hecho, está organizado, a la manera de un dram clásico, en torno a las “tres unidades de lugar (Normandía), tiempo (6 de junio de 1944) y acción”-. Por otra parte, el libro está fragmentado en episodios separados. Las experiencias de los distintos participantes no están cohesionadas. La única manera de hacerlas coherentes parece ser la imposición de un esquema desde “arriba”, volviendo así a la guerra de los generales de la que el autor intentaba escapar. El libro de Ryan ilustra el problema más claramente que muchos otros, pero el problema no es sólo suyo. Este tipo de sesgo es quizá inherente a la organización narrativa.  Historia de los Acontecimientos y Renacimiento de la Narración. Peter Burke.

Este problema de perspectiva sí lo resuelven escritores como Tolstoi y Grossmann, pero parece que a los historiadores les cuesta más. Como dice Burke, en las obras de Ryan, Atkinson (Un ejército al manacer) hablan de los soldados pero terminan por tomar el punto de vista de los generales. Son buenas obras, bien escritas, pero terminan por fallar en lo esencial. La guerra es contemplada con cierta benevolencia maniquea. Sin embargo hay otros historiadores como Ronald Fraser que a través de la historia oral  (Recuérdalo tú y recuérdalo a otros) elude directamente la “verdad histórica” para acercarnos a las otras verdades, las subjetivas, las  de los contendientes, estuvieran o no en el frente. La historia se convierte en polifonía y ya no hay una tesis que criba los testimonios en una sola dirección, son muchas las voces las que hablan en una guerra, y muchas veces cuentan cosas que no nos gustan.

En los bosques de Lvov

Como dice Slavoj Zizek dando la vuelta a las palabras de Adorno “Solo es posible la poesía después de Auschwitz”, el filosofo esloveno dice que la representación y reconstrucción del horror a través del realismo y las pretensiones de veracidad, solo pueden desembocar en falsedad, que solo la poesía puede acercarnos a lo que allí paso. No sé si es pertinente la comparación, pero de algún modo siento como Zizek al comparar Si esto es un hombre de Primo Levi con Auschwitz de Lawrence Rees. Si bien es cierto que la obra de Levi es prosa, no puedo si no pensar que Zizek no se equivoca al hablar de sensación de falso de los pretendidos documentales y ensayos realistas.

Termino, todo esto rollo para intentar explicar mi desconfianza hacía la historia militar, un genero menor, pero muy interesante, que todavía tiene mucho que decir, pero que le hacen falta autores, no sé si imaginativos, sensibles o simplemente diferentes. De momento me quedo con los novelones de Grossman o Tolstoi, la sátira de Jaroslav Hasek, o el descarnado Erich Maria Remarque. Todos novelistas

About these ads

6 pensamientos en “Historia Bélica

  1. Lev, ¿no has leído nada de Keegan? Por ejemplo The Face of Battle o Mask of Command? A veces Keegan puede resultar bastante conservador políticamente, pero por lo que respecta a la historia militar es uno de los grandes renovadores respecto a la historia militar tradicional de “generales y batallitas”. Hay gente que lo aborrece, a mi me gusta mucho, especialmente The Face of Battle.

    • Precisamente de “The Face of Battle” está sacada la cita de que hay que abandonar la guerra de los generales y apostar por la de los soldados. De todos modos a Keegan siempre le he leído a través de citas, nunca directamente. Con todo el hecho es que la historia militar suele estar en manos de historiadores conservadores, quizás por que estén más cómodos en la historia de los acontecimientos que los de izquierdas. No sé como hubiera sido una historia de la segunda guerra mundial en manos de E. P. Thompson pero me hubiera gustado leerla.

  2. Interesante reflexión.
    ¿Por qué Hobsbrawn apenas habla de la guerra?
    Voy a poner un símil, si se pone a hervir agua en un cazo vemos que rebosa. Esto es un hecho que nos puede llevar a afirmar que el agua tiende a subir, lo cual es cierto pero no nos cuenta nada sobre las causas del hecho. Del mismo modo se puede escribir sobre la guerra sin tratar de saber cuales fueron las causas del porque se desencadeno.
    Tal vez, en este nivel se encuentra la historia militar, pero también otras ramas de la historia, no menos interesantes, como la historia local, la oral, etc.
    Totalmente de acuerdo que la historia militar es un tostón y que, personalmente, no me interesa nada si el 18 ejército ruso tuvo que retirarse pies en polvorosa y cada vez me interesa más que me cuente como vivió la guerra un soldado cualquiera de dicho ejército. Porque paradójicamente en su relato esta condensado el horror de la guerra, su lucha por la supervivencia y su convencimiento, ¿o no?, de que su lucha era justa.
    Un abrazo.

  3. Haría una excepción con Beevor. Su narración de Stalingrado está casi contínuamente perlada con testimonios y referencias a las experiencias de las tropas y los civiles. Algo que quizás si se echa más en falta en su Battle for Spain.

    Los de Osprey, ciertamente, me resultan de un aséptico que me hace inviable cogerlos con entusiasmo. Son fuentes de referencia, si, pero el tedio y el aburrimiento que generan son producto de esa construcción tan factual y objetiva.

    Por cierto, encuentro deliciosamente irónico que un historiador llamado Sharpe haga una referencia semejante la batalla de Waterloo, habida cuenta del personaje homónimo de Bernard Cornwell.

  4. Buenas. Intento de nuevo contactar contigo por este medio. Estoy realizando un estudio del futbol en Somorrostro antes de la guerra civil, y tengo informacion de tu abuelo “antolin”, que jugó en el club de este pueblo, antes de hacerlo en el Barakaldo y el Sestao. Si quieres, puedes ponerte en contacto conmigo escribiendome a la direccion correo_56arrobahotmailpuntocom
    Salu2

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s